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El nuevo mapa de poder de la Iglesia católica en Chile
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06:10 · Chile

El nuevo mapa de poder de la Iglesia católica en Chile

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Institución fundante de Chile, la Iglesia católica vivió sus años más complejos a partir de 2010, luego del destape de cientos de casos de abusos sexuales de gran repercusión pública, que no solo tuvieron como imputados o condenados a curas de la élite, como Fernando Karadima, John O’Reilly o Renato Poblete, sino que hicieron desfilar por tribunales a congregaciones casi completas: jesuitas, legionarios, salesianos, sodálites, etc. El problema no fueron solo los abusos, sino también el encubrimiento de estos, lo que llevó en 2018 al entonces Fiscal Regional de Rancagua, Emiliano Arias, a estudiar la posibilidad de formalizar a los cardenales Francisco Javier Errázuriz Ossa (perteneciente al movimiento de Schoenstatt, el mismo al cual adscribe el Presidente José Antonio Kast) y Ricardo Ezzati (salesiano), pero su pretensión se vio frustrada porque a poco de anunciar la decisión fue acusado de una serie de abusos por parte de quien era por aquel entonces su segundo, el fiscal Sergio Moya, muy cercano al Fiscal Nacional de la epóca, Jorge Abbott. Luego de varios años de una dura lucha judicial, Arias fue reintegrado a su trabajo como fiscal, pero la causa ya no estaba en sus manos, sino que había sido entregada al ahora ex Fiscal regional Xavier Armendáriz, quien a inicios del año pasado decretó una decisión de “no perseverar” y enterró definitivamente la investigación, sepultando de ese modo la intención de Arias de hacer comparecer ante la justicia a los dos hombres más poderosos de la Iglesia católica de entonces, la que –a partir de 2018– comenzó a encerrarse en un mutismo cada vez más evidente, y solo ha vuelto a recuperar la voz y espacios públicos relevantes a partir del nombramiento de Fernando Chomali Garib como arzobispo de Santiago.

Hombre educado en la Pontificia Universidad Católica, activo usuario de redes sociales y conservador en lo valórico, para varias fuentes consultadas en off el cardenal Chomali es el hombre más poderoso de la Iglesia católica chilena, al menos visto desde afuera, dada la posición que ocupa (el arzobispado más grande y central del país), sus conexiones políticas (incluyendo el hecho de que su hermana May es la actual ministra de Salud) y sus notables dotes de comunicador. Los tres efectos Sin embargo, como explica una fuente muy allegada a la interna de la Iglesia católica chilena, dentro de esta se ha producido una fuerte reconfiguración de los poderes luego de la crisis que se inició en 2010, con las primeras denuncias contra Karadima, y 2018, con la visita del papa Francisco a Chile, en medio de la crisis que se había generado con los laicos de Osorno, quienes se resistían al nombramiento de Juan Barros –uno de los sacerdotes más cercanos a Karadima– como obispo de esa ciudad. El actual arzobispo de Santiago, Fernando Chomali, tiene a su favor el haber sido –cuando se desempeñaba como arzobispo de Concepción y administrador apostólico de la diócesis de Osorno– uno de los primeros en advertir al papa Francisco sobre el problema que había con Barros y recomendarle que lo redestinara, algo a lo cual Bergoglio se negó.

Producto de todos los escándalos públicos, destaca esta fuente, se produjeron tres efectos muy visibles. El primero de ellos es que al menos dos de las congregaciones y órdenes religiosas más cercanas a las élites están más retraídas en sí mismas: los Legionarios de Cristo y la Compañía de Jesús, a las que otra fuente describe como “atrincheradas en sus colegios y universidades”. Schoenstatt goza de una especie de segundo aire, debido al impulso que les da tener un Presidente de la República que es de sus filas, lo que se tradujo –entre otras cosas– en que el nuevo capellán de La Moneda, Mariano Irureta, provenga de allí, mientras que el Opus Dei, la prelatura favorita de la UDI, acaba de hacer una reorganización, creándose una nueva circunscripción, que abarca a Chile y Perú, pero que tiene su sede en Lima, lo que no fue visto con buenos ojos en Santiago.

El segundo efecto es la pérdida de vocaciones, es decir, de jóvenes que quieran ingresar al sacerdocio. No hay cifras oficiales al respecto, pero distintas fuentes de la Iglesia católica confirman que la captación de postulantes se hace cada día más difícil y ello ha tenido un efecto visible, pues no es extraño ver en parroquias rurales o de comunas pequeñas a sacerdotes de origen africano o indio. El tercer efecto es que, si bien Chomali es reconocido como la voz pública más potente de la iglesia católica chilena, hay otros poderes en la interna, pues cada diócesis es independiente, “un pequeño feudo”, como las describe uno de los entrevistados, y entre ellos se produjo una suerte de escisión entre quienes tienen –hoy en día– una actitud más enérgica en lo relativo a los abusos sexuales y entre quienes no.

Entre los primeros –según las mismas personas– destaca el arzobispo de La Serena, René Rebolledo. La pugna con Chomali René Rebolledo es el actual presidente de la Conferencia Episcopal, lo que revela su ascendiente al interior de sus pares (en Chile hay 36 obispos) y lo describen como un hombre de bajo perfil, que “es poco de figurar, es poco de participar”, según dice una persona allegada al clero. “Rebolledo es un hombre que se puede llamar diplomático.

Cuando tú hablas de un diplomático, es alguien que está con el poder establecido. Siempre va a estar con el Papa de turno”, comenta Marcial Sánchez, doctor en Historia de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y la única fuente que, consultada para este reportaje, aceptó hablar “en on”. Designado obispo de Osorno en 2004 por el papa Juan Pablo II y después de La Serena en 2014 por el papa Francisco, Rebolledo recibió severas críticas por su manejo del caso de Juan Barros, a quien defendió férreamente cuando este llegó a Osorno, pero sus cercanos aseveran que a partir de 2018 cambió completamente su actitud al respecto.

Rebolledo fue elegido por sus pares presidente de la Conferencia Episcopal hace dos años, en abril de 2024. Eso sí, su aterrizaje en el cargo –dicen quienes conocieron los entretelones de esa elección– estuvo marcado por la disputa con Chomali, que también pretendía la presidencia de la Conferencia y que representaba al sector más conservador, mientras Rebolledo era la voz de los más progresistas. La definición a favor de este último fue por solo un par de votos.

Sánchez indica que “la pugna existe, y esas situaciones son modos distintos de ver cómo se tiene que conducir la Iglesia”. Junto con Chomali y Rebolledo –apuntan todas las fuentes–, hay un tercer obispo que también tiene mucho poder al interior de la iglesia católica chilena y que representa al mundo más conservador, en una versión más extrema. Se trata del obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González Errázuriz, quien –a diferencia de los dos anteriores, que son diocesanos– es miembro del Opus Dei.

También fue un enconado defensor de Barros y una fuente lo define como “el Kast del equipo desde el punto de vista ideológico” y, además, lo caracteriza “como directo, político y de carácter muy fuerte”. Agrega que “es de los pocos hombres dentro de la Iglesia católica y en la Conferencia Episcopal que va a decir y hacer, no andar con cosas escondidas”, comenta la misma persona, quien agrega que “tiene una mirada muy tradicional. Es un hombre preparado en el derecho canónico”.

Otra persona cercana a la Conferencia Episcopal precisa que “en los últimos 10 o 12 años los obispos delegaron toda la agenda de lobby, directamente algo político, en Chomali y en González Errázuriz”. En 2021, por ejemplo, González se desplegó en diarios y lideró un grupo de distintos colectivos religiosos –católicos, evangélicos, judíos, musulmanes y mapuches– para entregar una carta que solicitaba consagrar la libertad religiosa en el borrador de la Convención Constitucional. “González siempre va con el respaldo de la Conferencia Episcopal, nunca tiene agendas propias.

Él no tiene ningún problema en sentarse con todas las demás iglesias, en sentarse a una mesa en el Gobierno de Piñera, en sentarse a una mesa en el Gobierno de Boric”, dice alguien que lo conoce. Eso sí –agrega esa persona–, González tiene sus ambiciones: “Él juega la carta de ser el próximo arzobispo de Santiago”. ¿Una facción reformista?

“Cuando hay poder, siempre hay facciones”, dice Sánchez, quien explica que “Benedicto XVI nombró a una generación intermedia de obispos, que posee una formación más de tradición, dura. Los designados anteriormente por Juan Pablo II tienen una formación doctrinal dura y también moralista. Los últimos fueron nombrados por Francisco y esos son los reformadores.

Es la nueva generación postcrisis del 2018”, agrega el académico. Dentro de la camada de los obispos designados por Bergoglio destacan Sergio Pérez de Arce, de los Sagrados Corazones y arzobispo de Concepción, y Ricardo Morales, de la Orden de los Mercedarios y obispo de Copiapó. Ambos –dicen los allegados al clero–, además de tener posiciones claras respecto de los abusos cometidos por miembros de la Iglesia, son obispos que “creen que hay que estar con la gente, que hay que tener los ojos abiertos.

Van a meterse a las tomas de los haitianos, a buscar a la gente en la noche, trabajan con jóvenes”. La visión de los sobrevivientes Para Eneas Espinoza, vocero de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico, sin embargo, no existen diferencias en cuanto a los balances de poder al interior de la Iglesia católica respecto de los abusos, ya que afirma que cuando varios obispos chilenos aseguraron –después de 2018– haber cambiado de opinión acerca de Barros, a su juicio “eso no es cierto, pues solo cambiaron la forma, pero siguen operando de la misma manera”. En ese sentido, tampoco alberga muchas esperanzas en la gestión de León XIV (la continuidad de Francisco) y argumenta que los delitos cometidos por curas en Chile deben ser investigados por la justicia civil, afirmando que el único que entendió que el dejar la denuncia enclaustrada en el ámbito eclesiástico podía ser un hecho incluso constitutivo de delito fue el exfiscal Arias.

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