El nacimiento como asunto público
Apoyar públicamente la maternidad no se hace por medio de un bono. Durante su campaña el presidente Kast propuso un bono de un millón de pesos por nacimiento para la madre. La cifra suena significativa hasta que se traduce a la vida cotidiana: alcanza, más o menos, para un año y medio de pañales.
Eso es todo. Ahora, la nueva ministra de la mujer Judith Marín ha tomado un camino distinto en apoyo de la maternidad. Sus primeras señas van por el lado de reducir la brecha salarial y el apoyo a las salas cuna que contribuyen directamente a madres y niños.
Apoyar la maternidad es una obligación para un país que enfrenta una de las caídas de natalidad más pronunciadas de su historia. Estas iniciativas van en la dirección correcta. Sin embargo, no hay que olvidar que la maternidad comienza a vivirse en el periodo prenatal.
Allí se construyen expectativas y experiencias que marcan profundamente la relación de las mujeres con su propia maternidad y con la posibilidad de volver a atravesarla, o no. El nacimiento es una experiencia íntima. Es uno de los momentos más vulnerables de la biografía femenina, y también uno muy potente.
Pero las condiciones en que ocurren la mayoría de los partos —las prácticas médicas, los estándares de trato, las reglas del sistema de salud— pertenecen al ámbito público. Por eso, el nacimiento no es solo una experiencia privada; es también un asunto público. Abordar públicamente la maternidad es entender que, en Chile, miles de mujeres han relatado experiencias de parto marcadas por intervenciones innecesarias, decisiones tomadas sin consentimiento o trato deshumanizado.
A estas prácticas se les ha llamado violencia obstétrica. El término incomoda a algunos sectores, pero lo que describe es una realidad: situaciones en las que la autonomía y emocionalidad de las mujeres fueron reprimidas por procedimientos muchas veces arbitrarios o carentes de vínculo humano. En este contexto, el proyecto de Ley Adriana, destinado a prevenir y erradicar la violencia gineco-obstétrica, lleva años estancado en el Congreso.
Esa es otra forma de apoyar públicamente la maternidad. En OVO Chile hemos trabajado por visibilizar estas experiencias y concientizar sobre sus consecuencias. El parto, que puede ser un evento clínico, es sobre todo uno que deja memoria.
Y cuando esa memoria es negativa, sus efectos pueden ser duraderos: miedo a un nuevo embarazo, desconfianza hacia el sistema de salud, dificultades en la salud mental posparto o incluso la imposibilidad de repetirlo. Por supuesto, estas experiencias no explican por sí solas la caída de la natalidad en Chile. Las decisiones reproductivas dependen de múltiples factores, entre ellos de infraestructuras apoyo como salas cuna o salarios igualitarios que permitan mayor holguras a mujeres y familias.
Pero mejorar las condiciones del embarazo, el parto y el período perinatal es una tarea que no puede quedar fuera de una agenda que busca apoyar la maternidad. Entre las tareas más relevantes está asegurar condiciones de respeto, dignidad y cuidado. Porque las condiciones en que ocurren los nacimientos son, inevitablemente, un asunto público.
Por Nicole Gardella, OVO Chile, Directora de Incidencia Pública, Escuela de Gobierno UAI, Investigadora SODAS.
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