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El interesante lado activista y de consciencia medioambiental del Festival Lollapalooza 2026
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22:14 · Chile

El interesante lado activista y de consciencia medioambiental del Festival Lollapalooza 2026

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Más allá de las potentes presentaciones musicales de Tom Morello, Los Bunkers, Deftones y Skrillex, en la última versión del Festival Lollapalooza destacaron también las muy interesantes instalaciones artísticas y los conversatorios sobre problemáticas medioambientales que se llevaron a cabo en el nutrido espacio de Aldea Verde. Aquí se destacó la presencia de las activaciones por parte de Ladera Sur, Fundación Fungi y Educamper así como los expositores Aymapu, Turismo Zero y Reforestemos. El acceso a Aldea Verde fue por un gran pórtico vestido por artistas del Colectivo CIAN con más de 1200 retazos textiles y prendas de vestuario reutilizados, los que configuraban una especie de mar en movimiento de gran tamaño.

El llamado era a concientizar sobre los efectos nocivos de la denominada ropa de moda rápida de cadenas multinacionales que privilegian el uso por una temporada más que la durabilidad y calidad de la prenda, lo que genera un perjuicio medioambiental muy grave a raíz del consumo excesivo de agua para su fabricación. Asimismo, en el corazón de Aldea Verde irrumpió una instalación muy conmovedora donde un cúmulo de basura plástica se desbordaba por la puerta de un contenedor de transporte marítimo (foto de portada). Esta instalación, realizada por el Colectivo de Arte CIAN, al igual que el pórtico, irrumpió como una imagen contundente del presente que habitamos.

Un contenedor de transporte marítimo, símbolo del comercio global y del flujo incesante de mercancías, abre sus puertas para revelar aquello que solemos ocultar: un cúmulo desbordado de residuos plásticos expulsados por nuestra forma de vida. Desde su interior emergen, sin jerarquías, plásticos de un solo uso y objetos funcionales que alguna vez prometieron utilidad y progreso. Restos de botellas, envases, juguetes, mobiliario y artefactos diseñados bajo la lógica de la vida útil limitada y la obsolescencia programada se amalgaman en una masa informe.

Lo que fue deseo y conveniencia deviene desecho; lo que circuló velozmente en la economía global queda varado como herencia tóxica para el planeta. La instalación confrontó al espectador con una temporalidad inquietante: estos materiales persistirán durante cientos de años, erosionando ecosistemas, fragmentándose en microplásticos y amenazando la supervivencia de innumerables especies animales y vegetales. El contenedor, abierto y desbordado, funciona como una herida expuesta del sistema de consumo contemporáneo, un recordatorio de que no existe un «afuera» donde arrojar lo que ya no queremos ver.

Lejos de una denuncia abstracta, la obra apela a la responsabilidad compartida. Invita a detenerse, observar y reflexionar sobre nuestros hábitos cotidianos y el impacto acumulativo de cada decisión de consumo. En el contexto festivo y efímero del festival, el «Contenedor del Exceso» propuso una pausa crítica: un llamado urgente a repensar nuestra relación con el plástico, a asumir el cuidado de los ecosistemas que habitamos y a reconocer que el futuro de las especies, incluida la nuestra, depende de las acciones que tomemos hoy.

Resulta muy destacable que este tipo de festivales releve ciertas problemáticas medioambientales y contribuya a dar espacio a activistas que propenden al cuidado y conservación de la naturaleza.

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