“El hidrógeno verde es el champán de la transición energética”
La profesional llegó al estudio del H2V desde la ciencia política, interesada en cómo las políticas de transformación socio-ecológica diseñadas en Alemania impactan en otros rincones del planeta. Lucas Ulloa Intveen [email protected] La investigadora doctoral del Instituto RIFS de Potsdam, Alemania, analiza la realidad de una industria que, tras un impulso inicial eufórico, hoy enfrenta una fase de ralentización global. Alexandra Tost, quien centra su estudio en la Región de Magallanes por su perfil exportador y la fuerte influencia de actores alemanes y europeos, advierte sobre una insuficiencia de debate respecto a los impactos locales y cómo los intereses fósiles están utilizando el “poder del imaginario” del hidrógeno para frenar transformaciones urgentes.
Alexandra Tost llegó al estudio del hidrógeno verde desde la ciencia política, interesada en cómo las políticas de transformación socio-ecológica diseñadas en Alemania impactan en otros rincones del planeta. Para ella, este vector energético es un proyecto impulsado con fuerza desde la Unión Europea como una política de energía limpia, pero que a menudo omite mirar la complejidad de los territorios donde se produce. Su investigación se ha centrado en Magallanes precisamente por ser una región identificada con un gigantesco potencial eólico y una clara orientación hacia la exportación, factores que atrajeron tempranamente el interés y los estudios de la Cooperación Alemana (Giz).
En esta entrevista, Tost desglosa por qué las metas masivas de importación para 2030 hoy parecen lejanas y cuáles son los costos que la estepa magallánica podría terminar asumiendo. – Se habla de una fase de pausa o detenimiento en la industria del hidrógeno a nivel global. ¿A qué atribuyes este estado actual?
– “Es un mercado nuevo que no se inicia por sí solo; no hay ni una demanda existente ni una oferta existente y, por eso, depende del apoyo con fondos públicos. En los últimos años, la política climática en la Unión Europea tuvo una prioridad alta bajo una visión de soluciones de mercado, pero actualmente el enfoque está cambiando hacia asuntos de seguridad y armamento. Los fondos se derivan en esa dirección y la preocupación inmediata son las energías fósiles disponibles ahora.
El hidrógeno, al ser algo a futuro, pierde relevancia central en el debate político. Además, el desarrollo tecnológico no dio el salto esperado: exportar hidrógeno por barco no es económicamente rentable, por lo que ahora se habla de amoníaco, lo que agrega pasos de conversión que aumentan el precio final”. – Has mencionado una analogía muy específica sobre el uso de este recurso.
¿Para qué sectores es realmente útil? – “Expertos en economía energética describen el hidrógeno como el “champán de la transición energética”, en el sentido de que es muy caro y escaso, y hay que usarlo solamente para los usos que no tienen otra alternativa. Por ejemplo, no tiene sentido para calefaccionar casas donde existen las bombas de calor, o para el transporte terrestre donde existe la electromovilidad.
Su gran potencial, donde no hay alternativa, puede ser en la aviación, el transporte marítimo y en el sector industrial para la producción de acero”. – ¿Cómo se está utilizando el concepto del hidrógeno verde en el debate político europeo para influir en otras políticas ambientales? – “Se ha politizado bastante.
Lo que observamos es un efecto del “poder del imaginario”. En Alemania, actores de la industria fósil usaron el argumento del hidrógeno verde futuro para frenar reformas actuales, como la prohibición de nuevas calefacciones a gas fósil. Argumentaron que no era necesario cambiar ahora esas tecnologías, porque en el futuro podrían funcionar con hidrógeno.
Así se justificó mantener infraestructuras fósiles existentes, en lugar de reemplazarlas por alternativas ya disponibles como bombas de calor. De esta manera, el hidrógeno funcionó como una promesa futura que contribuyó a retrasar decisiones urgentes de descarbonización. Hoy vemos que esas metas masivas, como la de la Unión Europea de importar 10 millones de toneladas para 2030, no se están materializando”.
– Pasando al caso de Chile, ¿cuáles son los costos locales que identificas en Magallanes y que quizás no se discuten en Europa? – “Yo analizo esto en clave de proyectos donde los centros de poder optan por importar recursos de zonas lejanas trasladando los costos ambientales. Existe la narrativa de que en Alemania no hay espacio para más aerogeneradores, lo cual es político, porque territorio hay.
En Magallanes, esto implica, entre otros, la construcción de puertos en el borde costero, la instalación de aerogeneradores con fundamentos de cemento en la estepa -que es un ecosistema sensible- y el impacto social de traer a miles de obreros para la construcción que luego no tendrán un empleo permanente. Es muy importante preguntar a quién le sirve realmente este modelo de desarrollo”. – ¿Sientes que la voz de los habitantes de la región ha sido escuchada en este proceso?
– “Mi percepción es que la discusión se ha llevado muy poco con la ciudadanía de Magallanes de parte de las autoridades. El discurso oficial se ha enfocado mucho en las oportunidades, pero han informado poco sobre los costos y conflictos de intereses. Hay actores locales, como el Panel Ciudadano sobre Hidrógeno Magallanes, que están haciendo un trabajo en base a información científica, técnica y ciudadana sobre los impactos en biodiversidad, porque para los magallánicos la pregunta de si los beneficios superan a los costos sigue siendo una pregunta abierta”.
– Ante este escenario de ralentización, ¿qué futuro proyectas para la industria? – “Estamos ante un escenario bastante oscuro por las guerras y la crisis climática. Hay una ralentización perceptible; incluso empresas alemanas han abandonado proyectos de acero verde por falta de demanda para un producto tan caro.
Para que estos proyectos sigan adelante en el futuro, será clave el desarrollo tecnológico, el apoyo desde los actores públicos, pero también si la población puede ser parte de una planificación conjunta y participativa. Si no, se seguirán generando conflictos socioambientales. Hay proyectos que se mantienen pausados, pero eso no significa que no vayan a seguir adelante en algún momento”.
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