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El estallido Rojas Vade: todas las pruebas que apuntan a un eventual auotatentado y su vida en Melipilla tras la mentira que quebró a la Convención
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08:00 · Chile

El estallido Rojas Vade: todas las pruebas que apuntan a un eventual auotatentado y su vida en Melipilla tras la mentira que quebró a la Convención

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Aún es un misterio lo que ocurrió la noche del 11 de marzo en la caletera de la Ruta 78 que da acceso al pequeño pueblo de Pomaire, en Melipilla. Múltiples teorías que la PDI ya tendría aclarada, pero aún no ha querido comunicarlas oficialmente. De todos los escenarios posibles sobre qué pasó con el exconvencional Rodrigo Rojas Vade hace 10 días exactos, la tesis de la PDI que está más dibujada tendría relación con un autoataque tras realizar una pericia clave: analizar los rayados que se encontraron en sus brazos–”Viva Kast” y “No + Zurdos”–con los escritos que el exfundador de la Lista del Pueblo realizó para el Estallido Social.

Según conocedores de esas diligencias, la caligrafía es prácticamente la misma. No es coincidencia que esas marcas hayan aparecido el mismo día que el líder del Partido Repuplicano juró como Presidente de la República. Rojas Vade tuvo varios conflictos con José Antonio Kast durante el desarrollo de la Convención Constitucional, en especial cuando tuvo que renunciar al confesar que no padecía un cáncer.

“El regreso de Rojas Vade es una verguenza. Que renuncie y devuelva los millones que ha recibido en el último año. Fraude y Abuso”, posteó Kast en febrero de 2022 cuando aún no se lograba destrabar la salida del entonces vicepresidente de la convención.

Y fue ese ese ambiente de guerrilla, precisamente, que empezó a fraguar el destino y propio estallido de Rodrigo Rojas. Todo partió el jueves 2 de septiembre de 2021. Ese día estaban reunidos los siete vicepresidentes con la presidenta de la Convención Constitucional, Elisa Loncon.

La cita se había agendado para discutir el despliegue de la mesa en torno a las cuentas públicas que darían durante el fin de semana sobre las acciones realizadas en la discusión de la nueva carta política. En medio de ese diálogo, Rodrigo Rojas Vade–uno de los vicepresidentes–se acerca a Loncon para decirle que necesitaba conversar “un tema particular”. Ante esa solicitud, la presidenta le dice a un asesor que le agende una hora para reunirse.

Al día siguiente, el 3 de septiembre, Lorena Céspedes, también vicepresidenta de la asamblea, fue advertida por uno de sus ayudantes que Rodrigo Rojas no participaría de las cuentas públicas. Ante eso y con extrañeza, la convencional decidió llamarlo para preguntarle qué estaba pasando. El despliegue de la mesa por el país era muy relevante a dos meses de iniciado el proceso.

Céspedes tomó su teléfono y la respuesta fue un mazazo que no imaginó. Una bomba de racimo que nadie anticipó y nunca logró comprender: Rodrigo Rojas le reconoció que “había mentido” sobre su enfermedad, que “venía mintiendo hace bastante años” y que su “enfermedad no era cáncer”. La información generó tal nivel de impacto que la convencional realizó dos llamadas de inmediato: Primero a Elisa Loncon y luego a Jaime Bassa, quienes en ese momento eran los dos rostros más reconocibles del proceso constituyente que se discutía en el exCongreso.

“Es necesario que usted lo sepa presidenta, porque el diario La Tercera lo puede hacer público. Rodrigo me dijo que no tiene cáncer, sino que otra enfermedad”, fueron las palabras textuales que usó la vicepresidenta Céspedes, quien posteriormente dio el mismo relato a Jaime Bassa. El recién asumido diputado, impactado con la información, no aguantó y decidió telefonear a las 17 horas a Rojas para confirmar el escándalo que venía.

Para su pesar, los antecedentes eran verdaderos. El “Pelado” Vade le confesó que nunca tuvo leucemia. Ese viernes de septiembre, que recordaba un año más la tragedia aérea de Juan Fernández, paralizó por completo el funcionamiento de la mesa.

Por la noche, el turno fue de Elisa Loncon. Tomó el celular y contactó a Rodrigo. Lo primero que le dice a la presidenta es que “este era el tema que necesitaba conversar”, pero que no tuvo la fuerza para insistir, porque “se sentía muy mal”.

A pesar del “shock”, la mesa igualmente se desplegó: Lorena Céspedes partió a Temuco y Elisa Loncon a Talca. Habían decidido continuar con el plan de las cuentas públicas. La información que había entregado Rojas no había sido tan clara.

Pero, el sábado 4 de septiembre, todo se vino abajo. La publicación de La Tercera se hizo real y comunicó lo que nadie quería leer: El “pelao” Vade no tenía cáncer y la había mentido a todo Chile. Mientras le llegaban los links de la noticia a su teléfono, Loncon optó por abrir primero un video que le había enviado personalmente Rodrigo en el que reconocía la mentira y que había decidido renunciar como convencional.

El caos que generó esta situación sólo amainó, en algo, el domingo 5 bien entrada la noche. Al entrar a su casa de regreso de Talca, Loncon decidió llamar a Rojas, a quien le señaló si podían conversar de manera más profunda. La petición generó un rechazo por parte del fundador de La Lista del Pueblo, argumentando que estaba muy cansado.

Nunca más volvieron a conversar. El lunes 6, el caos se desató nuevamente. Las paredes históricas del ex Congreso no pudieron contener la presión mediática y política de la confesión.

Por eso, tras una reunión de emergencia de la mesa, se determinó poner todos los antecedentes a disposición del Ministerio Público, lo que derivó en que la Fiscalía Centro Norte iniciara una investigación penal. Las diligencias quedaron a cargo del fiscal Patricio Cooper, quien tomó declaración a Loncon, Bassa y Céspedes, además del propio “Pelao” Vade. El protagonista del escándalo entregó una versión detalladamente para explicar la mentira, además de describir los problemas médicos que tuvo con su verdadera enfermedad asociada a una de transmisión sexual.

El proceso penal duró un año y medio luego de que el imputado Rodrigo Rojas aceptara someterse a un juicio simplificado que lo condenó a 61 días por el delito de estafa. La Fiscalía acreditó que engañó a varios amigos y ciudadanos por la suma total de $13. 366.

646, quienes donaron dinero para el supuesto tratamiento de la leucemia. Como no tenía antecedentes, la pena fue cambiada por una firma mensual durante un año en Gendarmería, lo que cumplió sin problemas. Pero su vida no mejoró ni se liberó del infierno al que estuvo sometido.

Fue lo contrario. El impacto de la mentira penetró tan fuerte en su interior, que todo ese ciclo desencadenó una profunda depresión. En su entorno comentan que ensuciar el proceso constituyente no fue lo único que lo afectó.

Engañar a sus excompañeros de Latam que creyeron en su enfermedad y donaron dinero, según se lee en la condena de febrero de 2023, también lo resintió. La funa por ser conductor de “Cabify”: el otro golpe que descompensó a Rojas Vade Durante el proceso de firma ante Gendarmería como parte de su condena por estafa, Rodrigo Rojas informó que no tenía un trabajo estable, pero que intentaba vender productos y plantas en viveros en el sector de El Tránsito, en las cercanías de Pomaire, en la comuna de Melipilla. Ese oficio al parecer no le funcionó como esperaba.

El exconvencional se tituló de técnico en prevención aeronáutica, pero no pudo encontrar un puesto laboral por lo expuesto que quedó tras el escándalo que protagonizó en su corta vida política. Por ello, para generar recursos más estables, se inscribió como conductor de la plataforma Cabify en diciembre de 2023. Todo iba tranquilo hasta que un pasajero–periodista influencer– lo reconoció y publicó un video en sus redes sociales.

“Me moría de ganas de preguntarle mil hue.. , pero tenía sueño y no sabía cómo iba a reaccionar. Igual debo decir que me dio pena.

Su vida se redujo a ser un conductor nocturno, porque es el único momento donde puede tener cierta tranquilidad de que no lo reconozcan”, evidenció Nicolás Montenegro en un video de TikTok, en enero de 2025. Hasta ese momento, según el perfil de la empresa en el que se identificaba como “Rodrigo Ernesto”, tenía 604 viajes con una evaluación del 98%. Sin embargo, la funa mediática provocó que nadie más quisiera subirse a su automóvil o que cancelaran el viaje a penas se percataban de su presencia.

Este rechazo y pérdida de oportunidad laboral pegó fuerte en Rojas Vade. Si bien ya venía con problemas psiquiátricos por su bullada salida de la Convención Constitucional, este golpe quebró la poca estabilidad que le quedaba en su fuero interno, provocando una mezcla autodestructiva: una fuerte depresión y consumo excesivo de drogas. Sus padres, Gabriel y Sylvia, entraron en pánico.

Preveían un escenario catastrófico, por lo que acordaron aumentar la cobertura emocional de su hijo en su casa de Pomaire. En ese sentido, la instrucción fue que Rodrigo debía avisar cada vez que salía de la parcela, ubicada en el exclusivo condominio San José. Así ocurrió hasta el miércoles 11 de marzo pasado.

El exconvencional le dijo a sus padres que iría por cigarros. Quizá no había sido un día fácil: José Antonio Kast había asumido como Presidente de la República, una imagen que nunca imaginó como exmiembro de la Lista del Pueblo, cuya orgánica forjó una oposición dura contra los sectores políticos de derecha. Eran las 22.

30 horas y lo que esa compra demoraba 10 a 15 minutos, esa noche duró varias horas. Prueba caligráfica, amarras en su pieza y llaves del auto en su mano: las pruebas claves que hacen pensar a la PDI en un autoatentado La ruta 78 que une Santiago con San Antonio tiene un flujo alto de vehículos durante el día. Antes de llegar a la zona costera, aparecen varias comunas capitalinas que albergan parcelas como Peñaflor, Talagante y Melipilla.

Por eso, en la noche las caleteras de la Autopista del Sol son las que presentan una mayor presencia de tránsito, pues son usadas por sus vecinos. En eso estaba una mujer cuando al pasar por el kilómetro 59 de la ruta–en la intersección de la entrada hacia Pomaire–vio un vehículo detenido con los intermitentes prendidos y el maletero abierto. Según recuerda ella, eran las 23.

50 del pasado miércoles 11. Sintió que algo extraño ocurría, pero continuó con su viaje. Treinta minutos después, al regresar a su hogar, vio la misma escena, pero con una persona tirada atrás con los brazos amarrados.

La impresión hizo que llamara de inmediato a Carabineros. La policía llegó a los pocos minutos. También quedaron impactados con la escena: un hombre amarrado de manos y con una herida en la cabeza que parecía de gravedad por la gran cantidad de sangre a su alrededor.

Y lo que los alarmó más fue un fuerte olor a bencina que provenía de la víctima. Eso los hizo pensar que hubo un intento de prenderle fuego. Y como si fuera poco, en sus brazos tenía unos rayados de carácter político: “Viva Kast” y “No + Zurdos”.

Cuando se percataron que el hombre aún respiraba, no dudaron en trasladarlo rápidamente al Hospital de Melipilla en la patrulla policial. No pudieron despertarlo, por lo que lo cargaron en posición carretilla. A las 00.

50, de acuerdo a la carpeta investigativa, fue ingresado al centro asistencial en condición grave. Fue en ese trajín que se dieron cuenta que se trataba de Rodrigo Rojas Vade. El Ministerio Público, en paralelo, debatía si la investigación quedaba en manos de la fiscalía local o del equipo ECOH.

La duda que existía era si el caso correspondía a un hecho de crimen organizado, dado que no se logró consumar el crimen. Finalmente, se optó por la segunda opción. La fiscal Patricia Suazo se trasladó al lugar e instruyó orden de investigar a la BIPE de la PDI, unidad especializada en este tipo de casos.

La víctima no reaccionaba a los estímulos médicos. Todo indicaba que la agresión en la cabeza era bastante compleja. Incluso, a los pocos minutos, Rojas Vade comenzó un ciclo de convulsiones, de acuerdo a un testigo que estuvo presente esa noche.

El médico tratante dispuso inducirlo en coma y declarar un estado de riesgo vital. Reporte que recibió de inmediato la fiscal Suazo. En medio de eso, un equipo de la BIPE se trasladó a la zona del supuesto atentado.

El objetivo era buscar cualquier pista que llevara a los delincuentes. Pero la revisión del sitio del suceso levantó más dudas que certezas. Si bien el caso comenzó como un secuestro frustrado con lesiones, vinculado a un posible atentado político–por los rayados en sus brazos–, esa misma noche los detectives olfatearon que esto podría tratarse de un autoataque del exconvencional.

Su historial aumentaba la tesis, pero lo que definió las sospechas fueron tres hallazgos: El plumón negro fue encontrado en el auto, al igual que sus cosas personales como el celular y la billetera. Además, Rojas Vade fue encontrado con las llaves del vehículo en sus manos. “Si te están dando una golpiza muy dura, nadie se aferra a las llaves”, comentó un policía esa noche en medio de las diligencias.

La fiscal Suazo y los detectives de la BIPE se reunieron nuevamente en el Hospital de Melipilla. Ahí pudieron tomarle una breve declaración al padre de la supuesta víctima: Gabriel Rojas Sandoval. Impactado por la situación, entregó nuevas pistas.

Les dijo de inmediato que Rodrigo estaba pasando un muy mal momento anímico y que estaba afectado por una profunda depresión. Todo acompañado de un problemático consumo de drogas, por lo que creía que “por ahí podría haber pasado” el ataque. También informó las dinámicas familiares.

Dado su estado de vulnerabilidad mental, habían acordado que siempre tenía que avisar sus movimientos. Además, comentó que su mundo se vino abajo al confesar que no tenía cáncer. Nunca pudo encontrar trabajo.

Y cuando estaba saliendo a flote, vino la polémica en redes sociales al ser “descubierto” como conductor de plataforma. La información sobre la presencia de droga, abrió una nueva arista policial. El viernes 13, Rodrigo Rojas fue trasladado al Hospital San Juan de Dios, debido a que su herida en la cabeza necesitaba un mejor diagnóstico.

Sin embargo, al recibirlo en el centro médico de calle Huérfanos, el médico a cargo lanzó un análisis que no pasó desapercibido para los detectives: el especialista manifestó que le parecía muy extraña la gravedad que presentaba el paciente cuando el golpe cerebral era casi superficial. Así, la opción de una sobredosis de droga tomaba mayor fuerza para explicar el riesgo vital. Sumado a que sus brazos presentaban pinchazos similares a los consumidores de heroína o un estupefaciente inyectable.

Estos nuevos antecedentes provocaron que la fiscal Patricia Suazo solicitara una orden al tribunal para allanar la pieza de Rojas Vade en busca de más evidencias. El juzgado de garantía accedió rápido y los equipos de la BIPE concurrieron a la parcela de Pomaire. Sorpresa e impacto es poco para describir lo que sintieron los detectives al revisar el dormitorio.

En una zona encontraron las mismas amarras con las que fue encontrado inconsciente el exfundador de la Lista del Pueblo. Este acierto, a esa altura de las pesquisas, provocó que se pidiera un nuevo examen forense: examinar la redacción de Rojas Vade. Para ello, los peritos empalmaron los rayados de sus brazos con los carteles que usó durante su presencia en Plaza Italia para el Estallido Social.

Y el resultado fue más esclarecedor. Prácticamente las letras eran similares, de acuerdo reveló The Clinic la noche del miércoles pasado. Pericia que fue ratificada por la abogada Camila Filidei, experta calígrafa del Poder Judicial.

“Tanto la escritura que Rojas Vade presenta en su brazo, como la escritura que se expone en las pancartas se manifiestan como trazos de terminaciones angulosas. Además, la tipografía es de letra imprenta y de carácter muy simétrico, lo que hace que existan los factores para determinar la presunción técnica fundada de la misma mano autora. Es decir, habría sido escrito por la misma persona”, sostuvo a este medio.

En esa línea, con todos los antecedentes recopilados en los últimos días, el rebaraje de tesis policiales se iba estrechando hacia el propio “Pelao” Vade como principal sospechoso. “Es muy probable que se haya cometido un autoataque”, asegura una persona que integra el equipo de investigación. Pero, de todas maneras, advierte que mantendrán el secuestro con lesiones como arista principal hasta obtener nuevos antecedentes.

Su vida en Pomaire: nadie lo conoce mucho y tampoco nadie cree en un “atentado” No hay una estimación oficial, pero se cree que unas ocho mil personas viven en Pomaire, el conocido pueblo de artesanos de greda, que está a 62 kilómetros de Santiago hacia la costa. Este lugar es parada obligada de turistas y cada fin de semana aparece en algún reportaje cultural de los canales de televisión. Es difícil que haga noticia por situaciones negativas.

Pero ese escenario imposible ocurrió hace 10 días cuando uno de sus vecinos, apareció amarrado, con golpes y con señales de un intento de secuestro. The Clinic recorrió Pomaire en busca de algunas pistas de esta extraño caso policial, además de reconstruir la vida de Rodrigo Rojas tras el escándalo en que se vio envuelto en septiembre de 2021 durante el proceso constituyente. Pero el puerta a puerta no fue positivo.

No mucha gente interactuó con él los últimos años. Sólo conocían a sus padres. Es el caso de la dueña de un minimarket que está a un costado del condominio en que se encuentra la parcela de los Rojas Vade en la ruta G-624, conocida como El Tránsito.

“Vino una vez a comprar cigarros, pero nunca más. Casi no sabíamos que estaba acá tras su salida de la Convención”, asegura la vendedora, quien agrega que conoce a Gabriel, su padre, que siempre compra pan el fin de semana. “Lamento todo lo que están pasando.

Más por sus papás. Lamentablemente nadie le cree nada a ese chiquillo. Se dice que no hubo secuestro”, refuta al responder si estaba enterada de los últimos acontecimientos.

Incluso, recuerda que el año pasado ya había tenido prensa en su negocio cuando tuvo el problema con su rol como conductor de Cabify. Ya más adentro del pueblo por Roberto Bravo, la tradicional calle principal de Pomaire, Rojas Vade es reconocido como “el loco” por todos los antecedentes que han ido apareciendo en las últimas horas. “Se veía más cuando salía en la tele, pero ahora casi nunca recorrió el pueblo”, dicen algunos locatarios.

En el almacén San Francisco comentan que los que viven en el condominio de Rodrigo no salen mucho. Hacen su vida sin interactuar con los pomairinos. Mientras que la encargada de Cerámicas Valentina no duda en criticar a su vecino.

“Nunca se ha visto acá. El auto (azul con blanco) es lo único que veíamos pasar siempre. Creo que vienen siempre a la feria de los viernes.

Pero nada más”, afirma la vendedora, que ha vivido casi toda su vida en Pomaire. Y sin preguntarle entrega una pista, que de seguro, la PDI ya maneja en su carpeta policial. “Eso de ir a comprar cigarros a las 22.

30 de la noche aquí es indicativo de una sóla cosa: comprar papelillos. El pueblo cierra completo a las 19. 30.

Andaba en malos pasos”, señala la mujer, que sugiere que Rodrigo debe internarse en un instituto de salud mental. Definiciones que pronto comenzarán a tomarse. El Ministerio Público si acredita el autoatentado sólo podrá archivar la causa, pues–al parecer–el exconvencional no habría cometido un delito o no existiría un cargo penal que imputarle por este supuesto montaje.

En esa línea, la BIPE–al cierre de este reportaje– trabajaba intensamente para determinar si Rojas Vade habría actuado solo o con la ayuda de un tercero. Lo que sí es claro que el exconvencional deberá esforzarse en cambiar el “no me acuerdo” que le dijo a la policía al despertar del coma inducido por una versión más sincera y transparente si es que pretende volver a mirar a los ojos a la sociedad.

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