El Divisadero - Un nuevo 1° de mayo
¡Trabajadores (proletarios) de todos los países, uníos! La famosa consigna de Karl Marx aparecida en el Manifiesto Comunista (1848) no fue producto de un estado anímico eufórico o romántico de Marx, sino el resultado de un estudio profundo de las relaciones entre los trabajadores y el capital. Resumida al máximo, la idea central del Manifiesto indica que el trabajador vende su fuerza de trabajo por una paga, siendo este salario muy inferior al valor total que produce.
Así, el capitalista se apropia de esta diferencia, llamada "plusvalía" y se beneficia del trabajo realizado por otros. De allí la ganancia, muchas veces exorbitante, que ganan los empresarios capitalistas. Sueldos bajos: ganancias enormes.
La forma que propone Marx para evitar la explotación, los bajos salarios, la enajenación del trabajador, es mediante la unión de los trabajadores para colectivizar los medios de producción. La claridad de las ideas de Marx y Engels, corroboradas una y otra vez en el mundo capitalista, confirman la teoría del valor-trabajo y la explotación a la que es sometida la clase trabajadora. A casi 200 años de la publicación del Manifiesto cabe preguntarse si las condiciones laborales y de vida de los trabajadores han mejorado o se mantienen como antes.
La respuesta es indirecta, no tiene sentido contestar por la condición de los trabajadores si no se aclara primero que el sistema capitalista se mantiene, incluso buscando alternativas para no desaparecer. También lo dijo Marx: los capitalistas introducirán máquinas para producir más con menos trabajadores. El ejemplo local es el de las pesqueras, que han automatizado los procesos productivos y todo se maneja a distancia y no se requieren trabajadores, excepto para la "vigilancia".
Así se han perdido muchos puestos de trabajo. Ahora las "máquinas" han derivado a la IA (Inteligencia Artificial). Es posible distinguir los beneficios de la IA, sobre todo en salud; pero por otro lado quita trabajo a miles de personas.
En esta fase del capitalismo hay acumulación inconmensurable de riqueza en las manos de unos pocos y una gran masa explotada. El problema (además de la explotación) es que el trabajador agacha la cabeza y sigue adelante, porque asume que lo poco que gana y las malas condiciones de vida, son mejores que no tener nada. El programa de Kast favorece estas condiciones y ayuda al gran capital mediante la reducción de los impuestos a las empresas.
No asegura la reutilización de estos recursos en más o mejores puestos de trabajo (ingenuo es el que lo cree), sólo garantiza más poder concentrado en unos pocos. ¡Más que nunca tiene sentido la proclama de Marx! Es necesario fortalecer los sindicatos, gremios, colegios profesionales y en esos espacios analizar los mecanismos que desafían las relaciones laborales, para actuar en consonancia con nuestra clase, la clase trabajadora, conscientes que nuestra unión es necesaria para la liberación del trabajador.
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