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“El Crimen de Ema”, novela de María Eugenia Lorenzini
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23:42 · Chile

“El Crimen de Ema”, novela de María Eugenia Lorenzini

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El paisaje es rural, el pueblo se llama Teno, que, como todo villorrio que se respeta, tiene una línea de tren, un camino de tierra con zarzas, álamos, una construcción de adobe, una cerca de alambres, matorrales, sauces, una acequia. Ema ha regresado al lugar de su infancia, con la mano herida, asustada, arrepentida, pero con una sensación de alivio. El relato parte con los hechos consumados.

Nada que hacer. Alberto ha pasado a otra vida. No se sabe si a una mejor, pero, definitivamente, no es la que llevaba hasta entonces.

Ema, la joven que no levantaba la voz, que no destacaba nunca en nada, de figura insignificante, ha asesinado a su marido a sangre fría. Y ha escapado, claro, sin demora, para iniciar un largo viaje de sobrevivencia en el que casi todo está permitido: robar dinero, cambiarse el nombre, intentar dejar atrás una vida sembrada de dolores e intentar para armarse otra donde haya espacio para el placer, la dignidad y la autonomía. Esta novela de María Eugenia Lorenzini es, antes que nada, un homenaje a la mujer, cualquiera sea su origen.

Tiene su rostro y su impronta. Está escrito para mujeres, sobre mujeres, sin disculpas ni remilgos. La voz de la protagonista –tan similar a la de la autora- se escucha con fuerza, nítida, desde la primera página.

Quisiera destacar que en el transcurso de la lectura se advierte un tono de complicidad entre las mujeres, que se acentúa en las situaciones adversas que deben enfrentar. Más aún, la solidaridad aflora en todo su esplendor cuando la amiga o la desconocida brindan oreja, pan, techo y abrigo. Va con el género, qué duda cabe.

El hombre, en segunda fila, es un macho abusador, violento, de pocas luces, que trata a la mujer como un objeto de su propiedad. Su voz tiene el tono de la amenaza y la agresión brutal. Bien merecida la estocada que recibe con un cuchillo de cocina, y no voy a contarles más porque los spoilers no son bienvenidos.

Lo cierto es que Alberto es un tema despachado a poco andar. La decisión de matarlo se aplaude también sin disimulo porque, en breve, se trata de una pareja que hoy ninguna mujer quiere ni merece, ya sea del campo o de la ciudad. El romance ni se vislumbra.

Ema confiesa que “nada resultó como lo esperaba. De la primera noche solo recuerda a Alberto sobre ella, el dolor entre las piernas y de nuevo a Alberto que, sin un abrazo, se quedó dormido dándole la espalda. No hubo besos, no hubo un te quiero.

” Se empieza con los gritos por una comida mal hecha, por un botón de la camisa o por una compra que había olvidado. Y luego sigue el empujón y otro más, el golpe que la lanzó al suelo y las bofetadas seguidas por un puntapié. Como en tantos casos, el hombre se vuelve cada vez más posesivo y, poco a poco, va aislando a Ema de su familia y amigas.

Está Cristina, su confidente, que fue la primera en darse cuenta de que la relación entre Ema y Alberto no andaba bien. La violencia –física y sicológica- contra la mujer y la familia es un tema de tratamiento complejo en la literatura. Un problema de larga data y muchas capas, que no tiene solución fácil, pero que representa una herida abierta en nuestra sociedad y en tantas otras.

Y que debe ser abordado y apoyado con una política de Estado coherente, moderna, persistente en el tiempo. Sin interrupciones de acuerdo a los gobiernos de turno. Ya que estamos en el tema, comparto con ustedes algunas cifras nacionales reveladoras.

En 2024, se registraron 50 femicidios consumados en Chile, según cifras del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género. La Subsecretaría de Prevención del Delito reportó más de 134. 000 denuncias por violencia intrafamiliar en el mismo periodo.

La IV Encuesta Nacional de Violencia contra la Mujer de 2024 indicó que una de cada tres mujeres ha experimentado algún tipo de violencia en su vida. Las tres regiones con mayores tasas de femicidios en los últimos cinco años son Tarapacá, Maule, y Arica y Parinacota. Pero volvamos al libro.

El crimen de Eva es una novela policial con latido fuerte y sin intermitencias. Tiene un pulso firme, un hilo conductor que no se rompe en el transcurso de las 232 páginas. Se lee bien y se lee rápido, fluye como los esteros en el campo.

La autora demuestra rigor en los detalles, crea ambientaciones creíbles, reales. Los diálogos van fijando el ritmo y aportan a la semblanza de los personajes. El juego de los tiempos entre el presente y pasado está bien manejado.

No siempre resulta y el fracaso suele traducirse en confusión e, incluso, en contradicción en el relato. Me gratificó leer un texto limpio, simple, y no hay nada que supere a la simpleza bien entendida. Nada de cursilerías con descripciones alambicadas que van alejando al lector hasta que sucede lo inevitable: el libro se deja en algún rincón de la casa para caer en el olvido del polvo y del sueño.

El crimen de Ema, ciertamente, no correrá ese destino.

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