El costo de gobernar con metáforas
El eslogan es un formato eficaz para conquistar el poder, pero un pésimo mapa para ejercerlo. Durante la campaña, la promesa de un “Plan Implacable” se instaló en el debate como una certeza matemática de seguridad y orden. Hoy, tras la aparatosa caída de la exministra Steinert, la realidad ha descorrido el telón: no había plan, y la prometida mano dura resultó ser otra metáfora diseñada para capturar votos en un escenario de altísima incertidumbre.
La salida de Steinert del gabinete no resiste un análisis meramente técnico; es una claudicación política. Quienes hoy intentan maquillar el naufragio esbozando un “extraordinario desempeño” de los ministros salientes caen en una contradicción insostenible. Lee también...
El gobierno de los eslóganes chocó con la realidad Miércoles 20 Mayo, 2026 | 15:10 No se puede insistir en que el país vive un estado de emergencia y, al mismo tiempo, aplaudir la gestión de quienes profundizan esa misma crisis. Los tropiezos discursivos de la vocería oficial ya ni siquiera califican como errores de libreto, son chascarros que delatan una profunda desconexión. El problema de fondo, sin embargo, no radica únicamente en las piezas que entran o salen del tablero, sino en la conducción del equipo.
El Ejecutivo actual parece atrapado en un laberinto de improvisación, contumacia y una preocupante falta de “calle política” para interpretar a esa amplia mayoría que los depositó en La Moneda. Vivimos la peligrosa disonancia de un gobierno de emergencia que, en la práctica, actúa con el ritmo pausado de la complacencia. Esta alarmante desconexión entre la retórica y la técnica se proyecta con fuerza sobre la discusión de la Ley de Reconstrucción Nacional.
Con una aprobación casi inercial en la Cámara de Diputados, todas las miradas se vuelcan hoy hacia la racionalidad del Senado. Las advertencias del Consejo Fiscal Autónomo (CFA) y del Fondo Monetario Internacional (FMI) han sido de una contundencia implacable: bajo la promesa de mayor inversión y empleo, el Estado chileno se encamina hacia el empobrecimiento. Fiar el gasto público a meras expectativas de crecimiento no es economía, es voluntarismo.
Y el costo de ese error no lo pagarán las planillas macroeconómicas, sino los beneficios sociales que el país tardó décadas en construir. Pero si en el nivel central el panorama es nublado, en las comunas es de tormenta abierta. El ámbito municipal hoy experimenta la mayor de las decepciones.
Existe una alarma transversal entre alcaldes y alcaldesas de todos los sectores políticos ante los recortes en el sector salud y el impacto que tendrá la exención de contribuciones a los sectores más ricos. La respuesta oficial de que “toda rebaja del Fondo Común Municipal será compensada” carece de lo más importante: el cómo. Sin mecanismos claros de transferencia, el riesgo de que el municipalismo caiga en un default financiero es real y latente.
Lee también... Gobernar no es para alumnos en práctica Miércoles 20 Mayo, 2026 | 10:40 Pretender que con menos recursos se puede hacer un sistema más eficiente es un argumento simplón, especialmente cuando proviene de una gestión central que, en apenas dos meses, ha demostrado un caos operativo evidente. Gobernar es el arte de la viabilidad, no de la poesía electoral.
Si el nuevo gabinete de “emergencia” no traduce sus promesas en acciones concretas de seguridad y certezas fiscales para los territorios, las metáforas de campaña terminarán pavimentando el camino hacia una crisis de gobernabilidad irreversible. El tiempo de la pirotecnia verbal ya se agotó; ahora queda ver si queda algo de la racionalidad de Estado.
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