El choyke vuelve a correr libre: 39 ñandúes regresan a la estepa para recuperar su población en la Patagonia chilena
En las estepas del Parque Nacional Patagonia, en la región de Aysén, el choyke volvió a correr libre. Choyke es la voz mapuche para nombrar al ñandú, esa gran ave corredora que habita la estepa y cuya presencia forma parte tanto de la historia natural del territorio como de la memoria cultural de los pueblos que lo han habitado. Durante marzo y abril, 39 ejemplares de ñandú fueron liberados como parte del Programa de Conservación y Recuperación del Ñandú de Fundación Rewilding Chile, una iniciativa desarrollada junto a CONAF, SAG y con apoyo de Carabineros y el Ejército de Chile.
La noticia importa porque el ñandú, cuyo nombre científico es Rhea pennata, está en peligro de extinción en Aysén. Por eso, cada liberación no es solo una imagen bonita de aves volviendo a la estepa: es parte de un trabajo largo para reconstruir una población que fue disminuyendo por distintas amenazas y que necesita tiempo, monitoreo y protección para volver a afirmarse en el territorio. “A la fecha llevamos más de 230 indivuduos liberados.
Llevamos más de 10 años trabajando para restablecer una población, para fortalecer una población de ñandú en esta zona que por diversas razones y amenazas se fue diezmando su población”, explicó Alejandra Saavedra, coordinadora del Programa Ñandú de Rewilding Chile. Conservación del ñandú en la Patagonia chilena: una década de trabajo El programa comenzó en 2014, cuando el Valle Chacabuco transitaba desde su pasado como estancia ganadera hacia su presente como parque nacional. Desde entonces, la conservación del ñandú en la Patagonia chilena se transformó en una tarea de largo aliento: criar, liberar, monitorear y volver a entender cómo se mueve esta especie en la estepa.
Los resultados comienzan a verse. Emiliana Retamal, guardafauna del Programa Ñandú de Rewilding Chile, recordó que al inicio había muy pocos individuos en el área. “Al comienzo del programa habían 20, 14 animales dando vueltas en el parque.
Y hoy en día, en un recuento que hicimos al día día, logramos contar unos 70 animales. Eso para nosotros es un muy buen número”, indicó. Dicho con peras y manzanas: si antes apenas se veían algunos ñandúes aislados, hoy ya existe una población más visible y con mejores posibilidades de sostenerse.
Todavía queda mucho camino, pero el avance muestra que la conservación, cuando se hace con paciencia y trabajo territorial, puede cambiar una historia que parecía cuesta arriba. Una liberación que emocionó a las comunidades La jornada también tuvo un componente profundamente humano. Vecinas y vecinos de Chile Chico, Puerto Ingeniero Ibáñez, Villa Cerro Castillo y Cochrane participaron en las liberaciones.
Algunas personas recorrieron hasta 340 kilómetros para ser parte del momento, según reportó Austerra Society. “Tuve la gran oportunidad de estar en el instante mismo, de abrir el cajón de traslado”, contó Vinskovita Jorquera, una de las 15 personas que llegó desde Chile Chico. “Afortunadamente estaba lloviznando y eso disimulaba las pequeñas lagrimitas que me salían”.
Esa escena resume algo clave: la conservación no ocurre solo en informes técnicos o en planes institucionales. También se vive en comunidad. Cuando una especie vuelve a ocupar su lugar, también se repara una relación entre las personas, el territorio y la vida silvestre.
A continuación puedes revisar el registro audiovisual de Fundación Rewilding Chile, con testimonios del equipo y momentos de la liberación de los ñandúes en el Parque Nacional Patagonia. Ver esta publicación en Instagram Un aprendizaje que cruza fronteras Este año, además, el programa sumó un hito internacional. Por primera vez participaron expertos del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre de Perú, Serfor, quienes trabajan en la protección del suri, subespecie del ñandú en estado crítico de extinción en ese país.
Martín Zambrano, jefe de la sede Mariscal Nieto de Serfor, resumió a Auterra Society el sentido del intercambio: “No queremos redescubrir la pólvora. Acá hay un trabajo muy avanzado en la liberación y la reproducción, y creemos que es la forma ideal para aumentar las poblaciones de suri en el sur del Perú”. La experiencia chilena, entonces, no solo ayuda a recuperar al ñandú en Aysén.
También puede servir como aprendizaje para otros territorios donde especies emparentadas enfrentan amenazas parecidas. “La argentina”: el ñandú que está mostrando nuevos caminos Tras las liberaciones, el trabajo no termina. El equipo de Rewilding Chile realiza monitoreos en terreno para conocer cómo se adaptan los ejemplares, qué rutas utilizan y qué necesita la especie para vivir mejor en la estepa.
Uno de los casos más llamativos es el de “La argentina”, una hembra liberada el año pasado con collar GPS. Según informa Austerra Society, ha recorrido más de 100. 000 hectáreas, conectando el Valle Chacabuco con el Paso Zeballos en Argentina y el sector Jeinimeni.
Ese movimiento abre nuevas preguntas: por dónde se desplazan los ñandúes, qué ambientes prefieren, cómo cruzan entre Chile y Argentina y qué nos dice todo eso sobre la salud de la estepa patagónica. El choyke y la memoria mapuche El ñandú también es choyke. En la cultura mapuche, su presencia tiene una dimensión que va más allá de la fauna: aparece vinculada a expresiones como el choyke purrún, danza que evoca los movimientos del ave y expresa una relación profunda entre cuerpo, territorio y naturaleza.
Por eso, recuperar al choyke no es solo recuperar una especie. También es permitir que vuelva una presencia que forma parte del paisaje, de la memoria y de la vida cultural del sur. En tiempos de crisis climática y pérdida de biodiversidad, estas historias importan porque recuerdan algo simple y urgente: la conservación no es un lujo ni una postal bonita, es una forma concreta de cuidar el futuro.
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