El adiós a “Rebequita Lira”, la voz eterna e inolvidable de Coquimbo
Con 93 años, una sonrisa imborrable y un profundo cariño por su puerto, Rebeca Gómez Rojas, conocida por generaciones enteras como “Rebequita Lira”, cerró los ojos el pasado domingo rodeada del cariño de sus seres queridos. Ayer, familiares, amigos y una multitud de seguidores le brindaron una emotiva despedida en sus funerales, confirmando que su legado trasciende las ondas radiales. “Rebequita” no solo fue una locutora; su voz se convirtió en un símbolo de la cultura porteña, acompañando a sus auditores en Radio Riquelme y, más tarde, en Radio Carnaval.
Su apellido artístico tampoco fue casualidad. Fue el cantautor Hernán Gallardo Pávez quien le sugirió modificarlo para que sonara “más sinfónico”. Así nació el nombre que la acompañaría durante toda su trayectoria.
En su juventud, su talento la llevó incluso a cantar frente a los presidentes Gabriel González Videla y Eduardo Frei Montalva. Sin embargo, lejos de dejarse tentar por la fama en Santiago —tras recibir una invitación del mítico Raúl Matas—, Rebeca siempre optó por regresar a su querido Coquimbo. “Soy 100% coquimbana”, solía decir.
Con más de siete décadas de trayectoria, su programa “Tangos y Boleros” se transformó en su gran pasión, espacio que mantuvo al aire durante más de 30 años y que siguió escuchando desde su hogar hasta sus últimos días. Hoy, ese legado continúa a través de su hija Soledad. Además del micrófono, Rebeca también brilló sobre los escenarios.
Fue parte del legendario Quinteto del Mar y una de las voces femeninas que marcó la canción melódica regional junto a figuras como Lidia Miranda. Su amor por el puerto también la convirtió en la tradicional “voz de la Pampilla” durante las celebraciones de Fiestas Patrias. Paralelamente, Rebeca Gómez trabajó en el Hospital San Pablo, donde destacó por su profesionalismo, calidad humana, solidaridad, sencillez y carisma, dejando una huella imborrable en la comunidad y en quienes tuvieron la oportunidad de conocerla y escucharla.
Ayer, mientras su féretro recorría las calles que la vieron crecer, el eco de sus tangos pareció imponerse al silencio. Coquimbo quizás no vuelva a escuchar una voz como la suya, pero su recuerdo seguirá vivo en cada tango y bolero que vuelva a sonar en la radio.
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