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Día del Inglés: Bilingüismo retrasaría hasta en 5 años síntomas de enfermedades neurodegenerativas
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07:03 · Chile

Día del Inglés: Bilingüismo retrasaría hasta en 5 años síntomas de enfermedades neurodegenerativas

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Este 23 de abril se celebra el Día del Inglés y, en ese contexto, hoy la neurociencia ha descubierto que el bilingüismo no solo impacta a nivel profesional, sino además en nuestro cerebro. A menudo pensamos en el bilingüismo como una llave que abre puertas laborales o facilita viajes. Sin embargo, la neurociencia moderna nos acaba de dar una noticia mucho más emocionante: hablar una segunda lengua es, en realidad, un entrenamiento de élite para el cerebro que cambia su estructura y entrega uno de los factores de protección biológica más potentes para el ser humano.

Bilingüismo v/s enfermedades neurodegenerativas Quizás el dato más impactante es este: un cerebro bilingüe tiene una capacidad asombrosa de resiliencia. Si bien el bilingüismo no evita enfermedades como el Alzheimer, la ciencia ha comprobado que un cerebro entrenado en dos idiomas puede retrasar hasta cinco años la aparición de los síntomas. ¿Cómo lo logra?

Gracias a esa "reserva cognitiva" que fortalece y escuda el cerebro. Cuando el desgaste natural del tiempo afecta las vías principales, el cerebro bilingüe sabe usar esas rutas alternativas que construyó durante años. Según estudios publicados en el National Center for Biotechnology Information (NCBI), el cerebro bilingüe opera bajo un estado de entrenamiento permanente.

Al gestionar dos sistemas lingüísticos que compiten entre sí, el órgano optimiza sus redes neuronales y fortalece las conexiones en la corteza prefrontal, el área responsable de las funciones ejecutivas de alto nivel. En palabras sencillas: el manejo de una segunda lengua nos podría entregar hasta cinco años más de autonomía, recuerdos y conexiones de alto nivel funcional. Arquitectura cerebral: Hacia un nuevo propósito educativo Este escudo protector se cimenta durante la etapa escolar, aprovechando los periodos de mayor plasticidad cerebral.

Al exponer a los estudiantes a entornos donde el inglés es el vehículo de pensamiento, se busca potenciar tres capacidades críticas que la ciencia asocia con un cerebro sano: Flexibilidad cognitiva: La habilidad de adaptarse a cambios de entorno y reglas con agilidad. Control inhibitorio: El fortalecimiento de los circuitos que permiten el foco profundo y la exclusión de distracciones. Densidad sináptica: Una red de conexiones más robusta que prepara al individuo para enfrentar el desgaste natural del ciclo vital.

"Aprender inglés bajo un modelo de inmersión no es un simple logro académico, es una intervención en la arquitectura misma del cerebro. Al fortalecer la reserva cognitiva de nuestros estudiantes, les estamos entregando un escudo biológico que no se agota con el tiempo; les damos la capacidad de mantener una mente ágil y funcional frente al desgaste natural de los años. Es, probablemente, la herramienta de prevención más valiosa que un colegio puede ofrecer hoy para el futuro", explica Tatiana Bustos, directora global del programa Bilingüe de Cognita.

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