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DF Lab Opinión/ El componente humano de la innovación con IA
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08:59 · Chile

DF Lab Opinión/ El componente humano de la innovación con IA

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El recién publicado informe del Centro de Excelencia en IA del Foro Económico Mundial (marzo 2026) revela que la inteligencia artificial (IA) se utiliza ampliamente en las industrias y organizaciones, y que se han superado las etapas experimentales o iniciales de su incorporación a los procesos productivos. En este contexto de una revolución de la IA, están surgiendo nuevos modelos operacionales, formas de liderazgo, espacios de cooperación humana-IA y dimensiones que traslucen necesidades de gobernanza y de colaboración local y global. Y aunque todavía plantea múltiples desafíos, también se perciben numerosos ámbitos en los que la IA está contribuyendo a generar valor para la sociedad.

La IA nos ha regalado un recurso escaso: tiempo. Automatiza procesos, los ejecuta con mayor velocidad y articula soluciones complejas de manera más eficaz y eficiente. Pero ¿estamos innovando o solo acelerando?

Para innovar no basta con hacer lo mismo más rápido. La IA puede darnos tiempo, pero no puede decirnos qué hacer con él. Para innovar, necesitamos ese tiempo para pensar, pues hay dos elementos insustituibles: crear valor para la sociedad mediante soluciones nuevas y lograr que estas puedan utilizarse ampliamente en las organizaciones, comunidades y territorios.

Estos dos componentes esenciales necesitan de intencionalidad humana basada en propósitos y valores (¿qué queremos lograr y por qué? ), y requiere estar enraizada en su contexto. Por tanto, no debemos distraernos pensando en lo que la IA puede hacer, sino enfocarnos en lo que podemos hacer con la IA, potenciando nuestro quehacer.

La innovación con IA puede estar efectivamente al servicio de nuestra capacidad para actuar ante los problemas y las necesidades de nuestra sociedad si mantenemos como prioritarios los componentes propiamente humanos de las organizaciones y las comunidades; en especial, las redes relacionales que sostienen nuestras interacciones y culturas. Factores como la confianza interpersonal y el sentido de pertenencia y de propósito colectivo son catalizadores de una innovación verdaderamente transformadora. Este tejido relacional permite que las organizaciones se movilicen de maneras nuevas hacia la creación de valor para sus comunidades y territorios, generando resiliencia organizacional en medio de la incertidumbre.

Dichas redes están construidas por numerosos agentes de nuestra sociedad y todos ellos, y en conjunto, están convocados a dar sentido a dicha transformación; es decir, a ejercer el discernimiento ético. La responsabilidad de enfocar la mayor eficiencia y eficacia que nos ofrece la IA sigue recayendo en nosotros. La colaboración entre las universidades, las empresas y el Estado es fundamental para asegurar que la IA no solo nos permita acelerar, sino que también constituya una oportunidad para abordar las necesidades de las personas de maneras más creativas y conectadas con los territorios y las comunidades, y podamos generar un progreso inclusivo y sustentable.

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