Detectan asbesto en demolición del exhospital y obras excederán presupuesto en $500 millones
A pesar de ser una construcción anterior a 2001, año en que se prohibió el uso de asbesto en Chile, la licitación para la demolición del exhopsital de Punta Arenas no consideró inicialmente el manejo de este material. Incluso, en agosto de 2024, durante una visita a las obras, el gobernador regional, Jorge Flies, aseguró que, pese a tratarse de una infraestructura antigua, el recinto no contenía elementos contaminantes. “Aquí los techos son de zinc y las paredes de hormigón armado”, enfatizó en aquella oportunidad.
Sin embargo, con el avance de las inspecciones se confirmó la presencia de asbesto en distintas estructuras del inmueble, entre ellas techumbres, pisos de flexit y otros componentes utilizados en la construcción del edificio. La mayor concentración del material fue detectada en el sector del consultorio externo y en la torre del excentro asistencial de Punta Arenas. El hallazgo fue determinado a partir de una consultoría encargada por el Gobierno Regional mediante licitación pública.
La detección de asbesto implicará un aumento cercano a los $500 millones en el costo de las obras, recursos adicionales que actualmente están siendo evaluados por el Consejo Regional. Será este organismo el encargado de definir si aprueba o no la entrega de los fondos necesarios para ejecutar el retiro y manejo especializado del material. La demolición se encuentra a cargo de la constructora Flesan y costará más de $5 mil millones.
Según explicó Hina Carabantes, jefa de la División de Infraestructura y Transportes del Gobierno Regional de Magallanes, la presencia de asbesto no fue considerada dentro de los antecedentes iniciales de la licitación. “No estaba prevista en los antecedentes de la licitación, no estaba prevista como itemizado nada que se refiriera al asbesto en el formato de presentación de la oferta”, señaló. Consultada respecto de por qué no se incorporó este factor, considerando que el edificio fue construido en una época en que este material era ampliamente utilizado, la autoridad indicó que este tipo de evaluaciones suele aplicarse principalmente a edificaciones posteriores.
“Los edificios como del 70-80 más adelante es que se evalúa”, sostuvo. Carabantes agregó que la consultoría especializada para detectar la presencia de asbesto no pudo gestionarse con anterioridad debido a restricciones presupuestarias existentes en ese momento. “No se gestionó previamente, tiene que ver con la glosa en ese momento, porque las demoliciones estuvieron permitidas exclusivamente el año 2023 en el Presupuesto de la Nación”, argumentó.
El asbesto fue ampliamente utilizado durante décadas en la industria de la construcción por su resistencia al fuego, durabilidad y capacidad de aislamiento. En Chile era común encontrarlo en planchas de pizarreño, flexit, cielos falsos y revestimientos. Su uso comenzó a restringirse a nivel internacional luego de comprobarse que sus fibras son altamente cancerígenas y pueden provocar graves enfermedades respiratorias, como asbestosis y mesotelioma, al ser inhaladas.
Retirar el asbesto El manejo de los escombros con presencia de asbesto requiere un tratamiento especializado y no pueden ser desechados en un relleno sanitario común. Debido a que se trata de un material peligroso, los residuos deberán ser trasladados hasta Talcahuano para su disposición final. Según explicó Hina Carabantes, el proceso contempla una serie de medidas de seguridad destinadas a evitar la dispersión de partículas contaminantes al medio ambiente.
En primer lugar, los elementos constructivos con presencia de asbesto deben ser sellados con una pintura especial que impida el desprendimiento de fibras. Posteriormente, los residuos son embalados en bolsas de poliestireno, sellados con cinta de alta resistencia y recubiertos para su traslado seguro. Una vez completado este procedimiento, el material es transportado en camión o barco hasta el puerto de Talcahuano.
La autoridad agregó que los trabajadores encargados del retiro deben cumplir estrictos protocolos de seguridad. Entre ellos, someterse a exámenes médicos antes y después de ejecutar las labores, además de utilizar equipamiento especializado para evitar la inhalación de polvo con partículas de asbesto. Carabantes reconoció que se trata de un proceso de alto costo, debido a las exigencias técnicas y sanitarias que implica el manejo de este tipo de residuos peligrosos.
Entre los factores que encarecen la operación se encuentra el traslado del material fuera de la región y el pago por su disposición final en un relleno autorizado de la Región del Biobío.
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