URGENTE.CL
● EN VIVO
Desde comprar fundo de Tompkins hasta armar productora de cine: Los aterrizajes del empresario Charlie Clark en Chile
URGENTE
🏛️POLÍTICA
19:02 · Chile

Desde comprar fundo de Tompkins hasta armar productora de cine: Los aterrizajes del empresario Charlie Clark en Chile

Compartir

La primera vez que el empresario norteamericano Charlie Clark vino a Chile fue en 2016. Era una misión urgente y personal. Necesitaba hacer la postproducción de su película Green Ghost, cinta sobre superhéroes donde él es además uno de los protagonistas.

Lo habían tramitado demasiado en su natal Estados Unidos, donde además le cobraran caro por el trabajo: lo menos, US$ 2 millones; lo más, cinco veces esa cifra. Estaba complicado. Hasta que el actor chileno Marko Zaror, experto en artes marciales y quien también participaba en el filme, le dijo que por qué no lo intentaba en Santiago.

Le dijo que aquí trabajaban bien y que, además, le saldría mucho más barato. “Y así fue, pagué un quinto de lo que me cobrarían en Estados Unidos”, dice Clark, conectado por Zoom desde Texas, donde vive. La cinta, en todo caso, hubo que rehacerla prácticamente entera.

“Como estaba, era un desmadre. Tuvimos que quemar varias neuronas en eso”, reconoce. Y así, lo que debería haber tardado un par de meses se alargó al final por cuatro años.

Pero el empresario, que ha hecho su fortuna en el negocio automotriz que desarrolla en la frontera de Estados Unidos con México, dice que durante ese tiempo se le abrió un universo: empezó a viajar por Chile, desde San Pedro de Atacama hasta Torres del Paine, y se fascinó con la naturaleza diversa del país donde, además, le estaban rescatando su película. Fue tanto el encanto, que no dudó en comprar en 2017 el fundo Reñihué, que Kristine Tompkins tenía a la venta y que había sido el primero que ella y Douglas -su marido, fallecido en 2015- habían adquirido aquí. Clark no se detendría más; y aterrizaría una y otra vez en Chile, con distintos proyectos en mente.

Como el 2022, cuando creó su productora de cine Trío de la Luz, con la cual planea armar productos audiovisuales que muestren la naturaleza de este rincón del planeta. Incluido el cielo, recalca. Y eso no es un detalle: este empresario excéntrico es fanático de los ovnis.

Un texano se enamora de Chile Charlie Clark nació en McAllen, en el sur de Texas, el estado norteamericano límite con México. Ha contado que sus padres -dedicados a la venta de automóviles- viajaban con frecuencia y él se quedaba a cargo de su nana mexicana, Aurora Aguirre. Se quisieron como madre e hijo, y no era extraño que ella lo llevara a su casa y que incluso atravesara con él la frontera y se instalaran en Reynosa, en el lado mexicano.

Allí Clark aprendió de su cultura, de sus comidas, de sus fiestas; veía al Chavo del Ocho en la televisión. Y, de paso, aprendió el castellano que habla perfecto hasta hoy. Estudió Comunicaciones en la Texas Christian University, tuvo trabajos en distintas partes del país, pero decidió radicarse en su natal McAllen y emprender su propio negocio de automotoras.

“Yo no heredé nada de mis padres, yo partí lo mío desde cero”, aclara. Su primer gran acierto lo tuvo en 2001 cuando empezó a trabajar como concesionario de Nissan. Hoy tiene tres locales de esa marca en Texas: en Harlingen, Brownsville y El Paso.

Y acaba de abrir, en el mismo estado, dos concesionarias de Hyundai. Le va bien. En un muy buen mes, dice, uno de sus locales Nissan puede vender hasta 400 autos nuevos.

“El año pasado, mi tienda en El Paso llegó al número cinco en ventas entre todas las concesionarias de Nissan en Estados Unidos, que deben ser más menos 1. 200. Otra de mis tiendas, la de Harlingen, estaba siete u ocho.

En otros años, por un mes, dos de mis locales han estado en el número uno. Tiene mérito, porque competimos con grandes ciudades como Miami, Nueva York, Los Ángeles, Dallas. ¿Cómo puede ser?

Por mi gente”. “El año pasado, mi tienda en El Paso llegó al número cinco en ventas entre todas las concesionarias de Nissan en Estados Unidos, que deben ser más menos 1. 200.

Otra de mis tiendas, la de Harlingen, estaba siete u ocho". “Mi gente” es para Clark todo ese mundo que conoció en esos días alegres y mexicanos en la casa de su nana Aurora. Apenas entró al negocio de las concesionarias de Nissan, se dio cuenta de que los mejores clientes para atraer eran los latinos, segmento al que las otras automotoras de la zona pasaban por alto.

Él no, y tenía además a su favor que conocía sus costumbres, sus emociones. Con la participación de su nana -quien murió nonagenaria en 2022-, creó una novedosa publicidad dirigida a ellos. En su idioma, usando su humor.

Y es la tónica que incluso impera hasta hoy al interior de su negocio: dice que de sus actuales 700 empleados, apenas tres son norteamericanos. “El resto son latinos, ellos son mi gente”, recalca. Como siempre le había gustado lo audiovisual, para apoyar su negocio montó en la televisión local una serie de shows donde dio vida a su alter ego: un torpe superhéroe gringo -Green Ghost- que se unía a superhéroes latinos mucho más hábiles que él.

“En el fondo, me burlaba del heroísmo gringo”, señala. Hizo más de 30 capítulos, en los cuales está la idea de la cual nació su película que él produjo y financió; la misma que lo trajo a Chile y que, de alguna manera, le armó otro destino al sur del mundo. “Muchas cosas pasaron conmigo allá en Chile, místicas incluso.

Más que nada fue una gran conexión con la tierra. Viajé por el norte, por el sur. Me abrió puertas a otro universo, porque yo hasta entonces era sólo trabajo, mi negocio, la película.

Tuve experiencias con ayahuasca, con la medicina ancestral, sentí otras conexiones”, cuenta. En eso estaba, empapándose de naturaleza, cuando alguien le comentó que Kristine Tompkins quería conocerlo. “Ella había escuchado que yo, fascinado con este país, buscaba un terreno para comprar en Chile”, explica Clark.

Llanto en Reñihué Pero había un asunto, no menor, de números. “Yo buscaba un lugar que me costara alrededor de US$ 1,5 millones. Y Kristine vendía a US$ 11 millones más impuestos.

Yo le dije a la persona que me lo comentó que no había ninguna posibilidad, que yo no tenía ese dinero. Pero me dijo que ella insistía en conocerme”, recuerda. Así que fue a juntarse con Kristine al fundo Reñihué, en la Región de Los Lagos, frente al volcán Michimahuida.

“Cuando llegué allá, mis pies tocaron la tierra y empecé a llorar. Sentí tanta emoción. Pensé: ‘No sé cómo, pero tengo que comprar este lugar’.

Volví a la medicina ancestral en busca de mensajes de la tierra. Y los tuve: me dijo que comprara, pero sin despreocuparme de todas las familias de latinos que trabajan conmigo en Texas y dependen de mí. Que no lo hiciera de una forma estúpida.

Pero fue clara: ‘Suelta, sacrifica todas tus riquezas personales’, me dijo”. Las partes acordaron que el precio de compra sería US$ 9 millones. Clark cuenta que entonces en el banco tenía US$ 3 millones.

Y se comprometió a que pagaría el resto dividido en dos partes iguales, en los dos años siguientes. “Tuve que trabajar duro para eso, fue un riesgo, pero lo logré”, dice. “Cuando llegué allá, mis pies tocaron la tierra y empecé a llorar.

Sentí tanta emoción. Pensé: ‘No sé cómo, pero tengo que comprar este lugar’". Reñihué fue el primer fundo que los Tompkins compraron en Chile, en 1991.

Es un valle de 708 hectáreas, rodeado por dos ríos. Al lado del famoso parque Pumalín. Cuenta Clark que cuando se encontró por primera vez con Kristine Tompkins, “ella comenzó a llorar, porque me dijo que no podía estar en este lugar sin su esposo, y que para ella era importante quién lo compraría.

Le dije: ‘Prometo con toda mi alma que voy a proteger este lugar, voy a tratar de seguir en el camino de conservación que ustedes acá comenzaron’”. - Ese 2017, Kristine Tompkins dijo a la prensa que Reñihué no podía quedar en mejores manos… - Eso fue un gran honor para mí. Reunión con Ibáñez, conversaciones con Kennedy Clark ha cumplido esa promesa que hizo hace nueve años.

A fines de 2018 creó la Fundación Reñihué, que se hizo cargo del legado de conservación que comenzaron allí los Tompkins. “Partimos con un grupo de científicos haciendo estudios del movimiento de los animales, a través de cámaras. Nos dio buena información de las güiñas, por ejemplo”, cuenta.

Ahora están en un plan de reforestación del fundo. “Antiguamente, por el 1800, se trabajó aquí con ganado, entonces quemaron los árboles y no había nada. Eso es un problema para la fauna de esta zona que quiere moverse allí, como los pumas y las güiñas.

No se sienten seguros en un espacio tan abierto”, explica. Pronto se reunirán con Alerce 3000, fundación con la que quieren trabajar en conjunto el tema. Y están buscando voluntarios que puedan instalarse en el terreno a supervisar las plantaciones.

Por esta labor, Clark ha ido conociendo gente, ampliando su red de contactos. Cuenta por ejemplo que la última vez que estuvo en Chile, de febrero a comienzos de abril, se reunió con Nicolás Ibáñez, quien tiene tierras cerca de Reñihué. “Tenemos la misma pasión”, comenta el norteamericano.

Dice que también conoció a Robert Kennedy Jr. , actual secretario de Salud de Trump y reconocido abogado ambientalista. “Cuando Kristine donó su parque al estado de Chile, él estuvo en esa ceremonia (a inicios de 2018).

Preguntó quién era el gringo que había comprado Reñihué. Luego preguntó si yo tenía helicóptero para ir a buscarlo. Y como yo tengo uno en el sur, fui por él.

Nos conectamos por dos días”, señala. Tiempo después, cuenta, Kennedy -a quien él le dice Bobby- lo llamó para comentar que uno de sus hijos, Finn, estaba en Futaleufú y quería pasar por Reñihué. “Vino y fue muy importante para él, porque era un joven que estaba deprimido por el suicidio de su madre.

Aquí se conectó con la tierra, le cambió la vida, salió como un hombre diferente. Este lugar es mágico”. “Todo es para la tierra” Clark mantuvo la casa de los Tompkins en Reñihué, y es la que él usa cuando está en el lugar.

Pero ha construido otras, donde recibe huéspedes. Tanto invitados, como aquellos que quieren pagar por una experiencia que incluye también viajes en helicóptero, sobrevolar el Michimahuida, paseos en lancha, en bicicleta o ceremonias en una ruca que construyó con comunidades huilliches de la zona. Todo ese trabajo más turístico, aunque a él no le gusta llamarlo así, lo coordina a través de una organización que creó para eso y se llama Amaru Patagonia.

No lo piensa como un negocio, porque él sigue fiel a ese mensaje de hace años que le dijo que se liberara de sus riquezas personales. Le basta, asegura, con cubrir sus costos. “Si gano algo en Reñihué, el dinero no es para mí; todo es para la tierra.

Reinvertirlo ahí. Si yo me voy de este mundo mañana, quiero que la fundación y este lugar sigan”, explica. Lo que más le importa, añade, es que la gente tenga acceso a la experiencia de estar en Reñihué.

“No quiero que por no tener dinero, alguien quede fuera”, dice. “Pero tampoco quiero que esto crezca como un proyecto grande, con un hotel como el de Portillo. Prefiero algo pequeño, donde vayan personas que se vean impactadas con estar ahí”.

Desde hace tres años también produce miel allí. Básicamente para comprarla él mismo y regalarla. “Cada año llevo 14.

000 frascos de miel para repartir a mis clientes en Texas y hablarles de mi experiencia en Reñihué y de la historia de los Tompkins. Es como un círculo de agradecimiento, porque yo no podría haber comprado este fundo sin las ventas a mis clientes”, explica. De hecho, planea empezar a organizar y financiar viajes de sus clientes a este rincón del sur, “para que mi gente tenga la misma oportunidad que tuve yo de conectar con esta tierra”.

“No quiero que por no tener dinero, alguien quede fuera”, dice. “Pero tampoco quiero que esto crezca como un proyecto grande, con un hotel como el de Portillo. Prefiero algo pequeño, donde vayan personas que se vean impactadas con estar ahí”.

Todos sus pasos en Reñihué han implicado, como dice él, “mucha inversión”. Y no quiere detenerse. Estuvo a punto de comprar recién un terreno en Torres del Paine, “el lugar donde hay más pumas y cóndores en Chile”, pero el negocio se cayó a última hora.

Continúa buscando. - Compraste Reñihué en US$ 9 millones. ¿La inversión posterior en estos nueve años ha sido un monto similar?

- (Se ríe). Como dirían los mexicanos, móchate. - ¿Y eso qué significa?

- Ni tú, ni yo; sino la mitad. Mirar hacia arriba Los desvelos de Charlie Clark en Chile no se agotan en la conservación de la naturaleza. La productora Trío de la Luz, que creó hace cuatro años, está abocada ahora en el reestreno de Green Ghost, ahora en una versión depurada en español y que se subirá a las distintas plataformas, como Amazon y Vix.

Será dentro de este primer semestre. Pero hay más. El proyecto 2026 de la productora es un documental sobre los ovnis.

Clark, ferviente creyente en el tema, trabaja personalmente en eso. Con la ayuda de quien llama “mi hermano”: Rodrigo Fuenzalida, sociólogo y conocido ufólogo chileno que ha colaborado en la creación de programas como la serie Ovni de TVN. Se conocieron en un congreso de esta materia en Sao Paulo, en 2016, y juntos llevan ya un par de años recorriendo, y registrando, fenómenos relacionados a objetos voladores desconocidos que cruzan los cielos chilenos.

“Los hemos visto incluso en Reñihué, con una cámara con luz infrarroja”, señala Clark, entusiasmado. En su último viaje a Chile, estuvieron grabando por casi un mes. Avistamientos propios y también entrevistas a algunos expertos.

“Yo al comienzo estaba un poco estresado por trabajo y por cambios que tenía que hacer en varios negocios. Así que fuimos a Torres del Paine, para soltarme. Y la última noche ahí, fuimos afuera y ¡pum!

”, cuenta, manteniendo el misterio de lo que vieron. “Son cosas que ni te puedes imaginar”. Dice que volverá a Chile apenas pueda, a más tardar en julio o agosto.

El nuevo aterrizaje, de seguro, será con un ojo en Reñihué y el otro clavado en el cielo.

¿Te pareció importante esta noticia?

Compártela y mantén informado a Chile