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Denuncian violento ataque en funeral del esposo de la machi Millaray Huichalaf: heridos y amenazas de muerte
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14:50 · Chile

Denuncian violento ataque en funeral del esposo de la machi Millaray Huichalaf: heridos y amenazas de muerte

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Lo que debía ser una despedida íntima y cargada de significado terminó en un episodio de violencia que, según denuncian comunidades mapuche williche, expone un conflicto mucho más profundo que una disputa puntual. Este 15 de abril, la familia de Jaime Javier Uribe Montiel, esposo de la machi Millaray Huichalaf, llegó hasta el cementerio ancestral de Maihue, en la comuna de Río Bueno, con la intención de realizar su funeral. Sin embargo, de acuerdo a una declaración pública, la comitiva fue interceptada y atacada, dejando personas heridas y generando un escenario de amenazas en pleno contexto de duelo.

Desde ese momento, el conflicto dejó de ser solo por el derecho a sepultar y pasó a evidenciar tensiones territoriales, políticas y culturales que venían acumulándose desde antes. Ataque funeral machi Millaray Huichalaf: bloqueo, agresiones y heridos Registro difundido por comunidades mapuche williche muestra parte del momento en que, según denuncian, la comitiva fúnebre fue enfrentada al intentar ingresar al cementerio ancestral de Maihue. En el video se observan forcejeos, discusiones y el momento en que el celular de quien grababa es golpeado.

De funeral a violencia en Maihue. Comunidades mapuche williche denunciaron que la comitiva fúnebre del esposo de la machi Millaray Huichalaf fue atacada mientras intentaba ingresar al cementerio ancestral. Según acusan, hubo personas heridas, amenazas de muerte y un bloqueo del… pic.

twitter. com/03XnKgHr8S— El Ciudadano (@El_Ciudadano) April 16, 2026 Las imágenes refuerzan lo que luego describen las comunidades en su declaración pública. Según relatan las comunidades, el acceso al cementerio fue bloqueado antes de que pudiera realizarse la ceremonia: “la comitiva fúnebre fue bloqueada por un grupo de aproximadamente 20 personas que impedían el acceso al cementerio con vehículos”.

Ese bloqueo, aseguran, rápidamente derivó en violencia. Según la denuncia, parte del grupo estaba encapuchado, en aparente estado de ebriedad y armado con palos, fierros, hachas y hasta una motosierra: “Varios de estos individuos se encontraban encapuchados, en evidente estado de ebriedad, y armados con palos, fierros, motosierras y hachas”. Las consecuencias, de acuerdo al comunicado, fueron graves.

Se reportaron varias personas lesionadas, algunas de ellas con heridas de consideración: “dejando como resultado varias personas heridas, incluyendo lesiones graves con traumatismos encefalocraneanos abiertos en tres familiares del difunto” En paralelo, las comunidades denuncian que se produjeron amenazas directas en medio del ataque: “los agresores profirieron amenazas de muerte directas contra integrantes de la familia, autoridades ancestrales y personas presentes, intensificando el clima de terror y vulnerabilidad». Todo esto, remarcan, ocurrió frente a niños, niñas y personas mayores que acompañaban el funeral. Las comunidades difundieron registros de lo ocurrido, incluidos en la declaración pública disponible al final de esta nota.

La sepultura se concretó, pero el conflicto sigue abierto A pesar de lo ocurrido, la familia logró finalmente dar sepultura a Jaime Javier Uribe Montiel en el cementerio ancestral de Maihue. Sin embargo, lejos de cerrar el episodio, la situación abrió un nuevo foco de tensión. Esto, porque, según la denuncia, las amenazas no se detuvieron con el entierro: «amenazaron con profanar la tumba de Jaime Uribe en caso de que sus restos fueran sepultados en el cementerio, poniendo en riesgo no solo la integridad de los vivos, sino también el respeto y la protección debida a sus restos y al espacio sagrado”.

En términos simples, el conflicto ya no es solo por el acceso al espacio, sino también por lo que podría ocurrir después. Para las comunidades, esto implica un riesgo directo sobre un lugar que consideran sagrado. Advertencias previas y cuestionamientos a las autoridades Otro de los elementos que destacan las comunidades es que lo ocurrido, a su juicio, no fue un hecho aislado ni inesperado: “Estos actos de violencia no son espontáneos”, indicaron.

De acuerdo al comunicado, en los días previos ya existían señales de que el entierro sería impedido. Frente a eso, la familia indicó que había realizado gestiones con autoridades regionales, buscando evitar una escalada del conflicto. Sin embargo, sostienen que no hubo respuesta oportuna: “no hubo respuesta alguna de parte de las autoridades”.

Para las organizaciones, esa falta de acción institucional contribuyó a que la situación derivara en los hechos denunciados. Un conflicto más amplio: territorio, proyectos y divisiones internas Más allá del episodio puntual, el documento sitúa lo ocurrido dentro de un conflicto territorial de mayor alcance en la zona de Maihue-Carimallin. Las comunidades plantean que las tensiones no solo responden a diferencias internas, sino también a procesos de intervención externa vinculados a proyectos hidroeléctricos en el río Pilmaiquén.

En ese contexto, también acusan que existe una narrativa que busca desacreditar a quienes se oponen a estas iniciativas, incluyendo a la machi Millaray Huichalaf: «la violencia es ejercida por los grupos financiados por Statkraft. Fueron ellos quienes, encapuchados y armados, agredieron a una familia en duelo y a autoridades ancestrales que solo buscaban ejercer su derecho a enterrar a un ser querido en paz». Señalamientos de coordinación y presencia de actores externos El comunicado también apunta a posibles niveles de coordinación en los hechos.

Entre los elementos que mencionan, se encuentra la presencia de un abogado en el lugar: «Resulta especialmente revelador que al lugar de los hechos se haya presentado el abogado Branislav Marelic, quien representa a este grupo de personas y cuya labor es financiada por Statkraft. Su presencia en el cementerio no fue casual: Marelic llegó claramente informado de lo que ocurriría y preparado para actuar en defensa de los agresores. Este hecho demuestra que la agresión fue planificada y que contó con respaldo jurídico y logístico coordinado de antemano».

Para las comunidades, este tipo de situaciones refuerza la idea de que el conflicto no responde únicamente a una reacción espontánea, sino a dinámicas más estructuradas dentro del territorio. Más que un conflicto puntual: impactos culturales y sociales Junto con la violencia física, las organizaciones advierten un deterioro del tejido social en la zona. En particular, señalan la presencia de discursos que, según indican, han contribuido a aumentar la confrontación: “discursos de odio y racismo dirigidos contra las formas de ejercer y vivir la cultura mapuche williche, y particularmente orientados a estigmatizar y desacreditar a la machi Millaray Huichalaf en su condición de autoridad ancestral.

Estos discursos, fomentados al amparo del financiamiento de Statkraft, han creado el clima de hostilidad que hoy se traduce en agresiones físicas abiertas contra ella, su familia y las comunidades que la acompañan”. Este punto, explican, afecta directamente a las comunidades y a sus autoridades, como la machi Millaray Huichalaf, en tanto figura relevante dentro del territorio. Exigencias y un escenario que sigue en desarrollo Frente a lo ocurrido, las comunidades plantearon una serie de exigencias, entre ellas la investigación de los hechos, sanciones a los responsables y medidas de protección para la familia y el cementerio.

También solicitaron la intervención de organismos de derechos humanos, en un contexto que, aseguran, sigue siendo incierto. Porque, aunque el entierro finalmente se concretó, el conflicto no terminó ahí. Las amenazas, las tensiones territoriales y las acusaciones cruzadas mantienen abierto un escenario que, lejos de cerrarse, podría seguir escalando.

En ese contexto, lo ocurrido en Maihue deja una imagen difícil de ignorar: incluso en un momento como un funeral, donde lo esperable es el respeto y la contención, el conflicto logró imponerse. Y con eso, volvió a poner en evidencia que en este territorio las disputas no solo se viven en lo político, sino también en lo más íntimo de la vida comunitaria.

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