Democracia, producción y bienestar: el legado del presidente Ríos
La vida del presidente Juan Antonio Ríos Morales presenta varias particularidades para nuestra historia. Comenzando porque debió asumir un día de abril de 1942, luego de una elección anticipada producto del fallecimiento en el cargo de su antecesor, el también radical Pedro Aguirre Cerda. Ríos, a diferencia de la mayoría de los mandatarios, nació lejos de Santiago, en Cañete.
Fue criado por su madre tras el fallecimiento de su padre, cuando tenía sólo cinco meses. Debió salir de su hogar, primero para estudiar en la Escuela de Lebu y luego en el Liceo de Hombres de Concepción. Estudió derecho en el Curso Fiscal de Leyes de Concepción, lo que lo convierte en el único presidente, a la fecha, que ha cursado sus estudios superiores fuera de Santiago.
Ya como abogado, desarrollaría una carrera profesional y política profundamente vinculada a la zona de Concepción y Arauco, desempeñándose como parlamentario en diversos períodos. Su elección como presidente sería apoyada no sólo por su partido, el Radical, sino por un amplísimo arco de fuerzas políticas, unidas por la amenaza autoritaria que veían en su contendor, el expresidente Carlos Ibáñez. El gobierno de Juan Antonio Ríos dejaría como legado importantes medidas productivas, sociales y políticas.
Bajo el lema de “Gobernar es producir”, se sintetizan entre otros hitos, la proyección del trabajo de la CORFO y la fundación de sus primeras empresas, la creación del Ministerio de Economía y Comercio, y el impulso a la industria petrolera, siderúrgica y eléctrica nacionales, sentando las bases para la creación de ENAP, CAP y ENDESA. En el orden social, continuaría con buena parte de las políticas sociales de Aguirre Cerda y daría un giro en las políticas de infancia, representado en la inauguración del complejo Ciudad del Niño en San Miguel. En el ámbito político tendría que hacer frente a un complejo escenario internacional, rompiendo relaciones diplomáticas con los países del Eje (Alemania, Italia y Japón), haciendo eco de su posicionamiento como oposición al fascismo y al autoritarismo que había respaldado su ascenso a la presidencia.
Pese a su trágico fallecimiento por cáncer antes de terminar su mandato en junio de 1946, sus acciones dan cuenta de que incluso en circunstancias convulsas es posible impulsar un horizonte de desarrollo y bienestar social para Chile. En tiempos de conflictos internacionales, de industrias abandonadas como pueblos fantasmas, y potenciales retrocesos de políticas sociales, la obra política del niño cañetino, del abogado de Concepción, y del presidente de unidad de las fuerzas democráticas, es un ejemplo que no merece ser olvidado. Rodrigo Castillo Jofré Abogado.
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