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Del caso del diputado Olivares puede salir algo útil: discutir sobre violencia en la escuela
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01:46 · Chile

Del caso del diputado Olivares puede salir algo útil: discutir sobre violencia en la escuela

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¿Se imagina que llegue una persona a su trabajo y que, sin mediar provocación alguna, se pasee por su oficina disfrazado de quien simboliza a alguien que le atacó a Ud? ¿Y que, luego, no conforme con ello, se burle de usted en redes sociales, usando apelativos clasistas? Bueno, esto pasó hace pocos días en Chile y tiene muchos más agravantes, pues ese alguien fue un dictador, cuyo régimen dejó miles de víctimas, asesinadas, desaparecidas, torturadas, exiliadas, junto a un largo etcétera.

Además, esta infame puesta en escena ocurrió nada menos que dentro del Congreso Nacional, institución que, hasta ahora, no ha tenido ningún tipo de reacción. Luego del shock que me generó esta situación, me pareció necesario analizarlo, buscando extraer -en caso de que fuera posible- algún aprendizaje que ayudara a comprender y orientar el fenómeno de la violencia. Me pareció que aplicarlo al ámbito escolar podría favorecer que quienes no tienen un vínculo directo con ese mundo puedan aproximarse a ese fenómeno con nuevos antecedentes.

Uno de los primeros proyectos de ley enviados por el gobierno del Presidente Kast al Congreso en el ámbito educativo fue “Escuelas Protegidas”, actualmente aún en tramitación. Éste, ideado en el contexto del asesinato de una inspectora en un establecimiento de la comuna de Calama, propone principalmente un abordaje referido al aumento de sanciones a los estudiantes que sea vean involucrados en situaciones de violencia. La investigación respecto de la violencia escolar y de su forma de enfrentarla ha vivido un tránsito en las últimas décadas, privilegiando miradas que recomiendan no focalizarse únicamente en el individuo agresor, sino, más bien comprender la violencia como lo que es, un fenómeno profundamente complejo, que, por cierto, involucra a quien la ejerce, pero que también considera el escenario en que ocurre y las relaciones dentro de las cuales se produce, así como también las variables socioemocionales que afectan en la percepción y las conductas que quienes se ven involucrados.

Desde esta perspectiva, proteger una escuela es un objetivo indispensable, pero es ingenuo -y, probablemente inefectivo-, definir una normativa para alcanzar ese objetivo únicamente a través de la sanción individual. Apliquemos esta reflexión al affaire Olivares. El diputado, sin ninguna historia política previa conocida, se hizo notar previamente utilizando todo tipo de apelativos despectivos orientados a la izquierda.

Postuló y ganó un escaño en la Cámara de Diputados en un partido que calza en el calificativo de “atrápalotodo”, una traducción del término catch-all-party, para dar cuenta de movimientos que se incorporan al sistema político sin tener una ideología clara, buscando captar un volumen relevante de votos y recurriendo para ello a estrategias de variado tipo, por ejemplo, contar con candidatos conocidas públicamente. Lo hizo en un escenario particularmente llamativo del funcionamiento del Congreso, marcado por una creciente incapacidad de los partidos de controlar a sus huestes, por un privilegio de la figura personal por sobre el discurso colectivo y, en general, por un empobrecimiento en el planteamiento de las ideas y un aumento de hechos de violencia (el caso de Olivares no es único, por ejemplo, hace dos meses, una diputada, vestida de carabinera, se burló de dos parlamentarios ciegos). Esta tóxica dinámica, se da a su vez, en un contexto de marcada polarización política en la sociedad chilena, lo que, a su vez, ocurre en un período en que se consolida una distancia enorme entre la ciudadanía y sus representantes y bajísimos niveles de confianza en ellos y las instituciones en las que se desempeñan.

¿Cómo enfrentar un acto de violencia grave, como el generado por el diputado Olivares? Si aplicáramos el enfoque individual, él pudiera ser sancionado en base a la normativa y código de ética de la Cámara de Diputados. ¿Pudiera esto inhibir una potencial nueva agresión de su parte?

Difícilmente. ¿Qué pasaría, entonces, si hubiese un ajuste normativo que faculte a la Cámara a expulsar a diputados que participen en este tipo de cuestionables conductas? Puede que sí o puede que no.

Imaginémonos por un momento que alguien decida no hacer una nueva performance para evitar una potencial destitución. ¿Terminaría la violencia política con ello? No, porque vemos que personajes como Olivares pueden incluso salir de escena, pero en un contexto como el descrito, muy probablemente sean reemplazados por otros o sus actos cambien de locación.

¿Cómo afrontar, entonces, un problema de esta envergadura? Es una pregunta difícil, y como tal, no tiene respuestas sencillas. Se requiere empezar, por cierto, tomar el peso de la gravedad del problema y entender que hay dinámicas y prácticas que fomentan, facilitan o promueven la violencia.

Entonces, junto con la sanción individual, es necesario preguntarse cuáles son las razones que explican estas dinámicas y prácticas, de manera de prevenirlas o intervenir sobre ellas, lo que requiere de una acción decidida, de grandes niveles de consenso respecto de esa acción y de paciencia, pues cuando no se trata únicamente de inhibir la conducta individual, se requiere que todos tengamos consciencia de lo que estamos haciendo para reproducir o aumentar los niveles de violencia en nuestra sociedad. En el campo educativo, de todas maneras, necesitamos un gran acuerdo para enfrentar la violencia. Como todo gran acuerdo, se requiere del esfuerzo de quienes están o no directamente involucrados, no solo los sancionados y los sancionadores, poniendo especial énfasis en atacar causas y no únicamente síntomas del problema.

Personalmente, no soy de la opinión de que solo se requieren soluciones de largo plazo. Se necesita abordar este problema ahora, con medidas de diferente tipo, pero no se puede esperar que las medidas de corto plazo resuelvan significativamente el problema. Volviendo al caso del diputado en cuestión, se necesita que sea él sancionado hoy, pero, lamentablemente, esto no reducirá de manera relevante que mañana, o pasado mañana, lamentemos ser espectadores de actos similares.

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