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“De regreso a las estrellas”: libro de médica local naturaliza la muerte para la vida y duelo sano
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02:30 · Chile

“De regreso a las estrellas”: libro de médica local naturaliza la muerte para la vida y duelo sano

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“A mis pacientes que han partido y me han enseñado a vivir”. Con esa dedicatoria cierra el cuento “De regreso a las estrellas”, escrito e ilustrado por la doctora Claudia Riffo, médica de familia del Cesfam Víctor Manuel Fernández de Concepción, inspirado en su experiencia en cuidados paliativos que le demostró lo necesario de conversar sobre la vida, la muerte y las emociones para la elaboración sana de duelos, y comprender los ciclos naturales para disfrutar la vida y aceptar la muerte en paz. “Hablar sobre la muerte para vivir mejor, porque si se habla se incorpora como parte de la vida”, manifiesta como su intención con esta obra que se lanzó en el Congreso Nacional de Cuidados Paliativos 2025 y recientemente en una ceremonia en el Cesfam donde nació, cuando también presentó la “Bitácora de Acompañamiento”, otra herramienta que creó para ayudar a transitar estas vivencias.

Algo que, desde su experiencia profesional y humana, reconoce como una necesidad en una sociedad que no habla y desnaturaliza la muerte, si bien es parte del ciclo natural. “A veces nos entrampamos en cosas que no permiten ser felices y dolores que hacen sufrir. generan sufrimiento.

Pero, si somos conscientes de que nuestra vida como la conocemos tiene un fin y que la muerte es parte de la vida, trataremos de vivir el momento presente, conectarnos con los seres queridos y ser felices. Además, estaremos más preparados para la muerte y es más plausible incorporar a todos en el proceso para generar el cierre del ciclo vital de manera más sana y calma, en paz”, manifiesta. Hablar sobre la muerte El cuento que busca cambiar la conversación sobre la muerte se basa en lo que ve hace años en sus visitas a pacientes en cuidados paliativos, donde la muerte es tema prohibido y hay silencios que alimentan preguntas, incertidumbres, miedos, tristezas y sufrimientos en distintos integrantes del núcleo.

Ante ello supo que era necesario hacer algo y que podía contribuir. Así creó un relato que se construye desde los ojos de una niña junto a sus mascotas, cuyo abuelo está en cuidados paliativos y su mamá es la cuidadora principal. A la protagonista no se le cuenta qué sucede, pero sabe que su abuelo está mal y su mamá sufre, por lo que comienza a buscar respuestas y elaborar la situación.

Y, entre metáforas y evidencias del ciclo de la naturaleza, comprende y afronta la muerte de su ser querido como parte de la vida. “La historia del cuento es lo que usualmente veo en las visitas domiciliarias. Es una mujer sin mucha red de apoyo cuidando a un ser querido en cuidados paliativos, su padre, madre, hermano, esposo; a los niños sin ser incorporados al proceso de duelo; a las mascotas como seres relevantes que son acompañantes silenciosos e incluso perciben antes cuando el paciente va a morir; y al paciente al que muchas veces no se dice que es terminal.

Y nada debería ser así”, expone. Hay que ser transparente sobre las situaciones e incorporar a cada persona para elaborar sanamente los duelos y recibir la muerte en paz. Hay que hablar y naturalizar la muerte para tener una vida más plena hasta el final e incluso en los momentos más complejos, plantea Y considera crucial que la conversación se abra en general en la sociedad que usualmente rehúye de ello y la tiene como un fin terrible de todo, cuando cree que debería asumirse como un cierre de ciclo que puede dar paso a otro que conecte energéticamente con los seres amados y la naturaleza.

“Desde la física teórica y cuántica somos energía colapsada, y la energía no se crea ni se pierde, sólo se transforma. Entonces, el cuerpo físico no es eterno, pero la energía no tiene fin”, sostiene. En esta línea destaca que estamos constituidos de materia generada por la muerte de estrellas antiguas, tema que abordan los libros “Hijos de las estrellas” y “Somos polvo de estrellas” de los astrónomos chilenos María Teresa Ruiz y José Maza respectivamente, y tal vez hacia allá podríamos ir, idea que da título a su obra “De regreso a las estrellas”.

Así como su experiencia en el programa de cuidados paliativos generó la necesidad de la médica Claudia Riffo de hacer algo para ayudar a experimentar más sanamente la muerte y el duelo, primero cambió sus paradigmas. “Trabajar en cuidados paliativos me hizo acercar a la muerte. He visto pacientes cuando están muriendo, cuando mueren o han muerto recién, y es súper intensa la sensación, porque te das cuenta que ahí ya no está esa energía.

Acercarte a la muerte, y verla una y otra vez, hace mirar la propia y lleva a vivir la experiencia humana de la mejor manera posible”, manifiesta. En 2017 empezó a trabajar en el programa de cuidados paliativos del Cesfam penquista. No era algo que hubiera pensado ni menos buscado decididamente, tras especializarse en Medicina Familiar en la Universidad de Concepción y trabajar varios años en psiquiatría en atención secundaria.

Pero, llegó a su vida la oportunidad y, partiendo por hacer un trabajo personal para afrontar situaciones complejas, se encantó del área en la que sabe que muchos profesionales no quieren estar y hay mucho que hacer, incluso cuando hay mucho dolor y la muerte está cerca. Al respecto, afirma que “muchos médicos rehúyen de trabajar en cuidados paliativos. Y lo entiendo porque es mirar la muerte y conectar con mucho sufrimiento”.

Parece opuesto a la formación en medicina para curar o tratar enfermedades y dolencias y salvar vidas, pero no lo es y la considera tremendamente transformadora, como persona y para las personas a las que atiende. “Me enamoré de esta disciplina porque es súper humanizante el trabajo y la cercanía que tienes con el paciente y la familia. Una lleva una mochila de conocimientos, pero la diferencia la hace cómo te acercas a las personas.

Y siento que me he podido expresar como ser humano más que como médica”. También tiene que ver con comprender qué son los cuidados paliativos. Aunque cada vez menos, dice que en la sociedad ha existido la creencia de cuando alguien es derivado a este ámbito ya no hay más que hacer que esperar la muerte, y no es así.

“En cuidados paliativos hay mucho que hacer”, afirma. Es brindar las mejores atenciones para aliviar dolores físicos y emocionales para transitar fases terminales con menos dolencias y con más calidad de vida, también en ciertos casos en que se maneja el dolor sin que sea una fase terminal. En su caso, con el background como profesional y persona, busca brindar un acompañamiento holístico más allá de lo médico y farmacológico, y siempre generar nuevas herramientas que mejoren la atención y sobre todo la experiencia de pacientes y familias que viven las enfermedades terminales, como ha sido su libro o la bitácora, entre muchas otras ideas en las que trabaja para sacar pronto a la luz o que prontamente nacerán.

Cuidados paliativos: necesidad creciente Los cuidados paliativos son una necesidad creciente, como las personas que transitan enfermedades terminales y duelos. Y es que sólo en el Cesfam Victor Manuel Fernández hay más de un centenar de pacientes hoy, y cuando la doctora Claudia Riffo partió era una veintena. Algo que relaciona con avances legales y fenómenos sociosanitarios.

En Chile hace décadas partieron los cuidados paliativos oncológicos con el programa del cáncer de 1987, y desde 2005 se garantizan por el GES. Y en 2022 entró en vigor la Ley de Cuidados Paliativos Universales para abarcar pacientes con otras patologías como neurodegenerativas o enfermedad renal crónica terminal que antes morían sin atenciones y con mucho dolor. También advierte que “la pandemia, lamentablemente, retrasó diagnósticos y causó estragos en la salud mental.

Nuestra mente y sistema nervioso están interactuando todo el tiempo con todas las células de nuestro organismo, y generó un estado de inflamación crónica que condicionó a muchas patologías y la gente está mucho más enferma después de la pandemia”. En efecto, afirma que el universo de pacientes en cuidados paliativos es grande y creciente, dos tercios no son oncológicos y hay de diversas edades, si bien un porcentaje importante son personas mayores. Entones, crece el desafío de que se sumen profesionales de distintas áreas y se generen acciones que permitan dar las mejores atenciones y acompañamientos a quienes sufren, para que el dolor disminuya y aumente la plenitud.

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