De pescar blanquillo a cosechar avena, pequeños productores analizan cómo el alza del combustible cambiará sus cuentas, rutinas y vida
Siempre que el tiempo del día lo permite, la pequeña embarcación La Doña Primera zarpa por la pesca de la jornada en la caleta Maguillines, región del Maule. A cargo de la familia Parra Arellano, el bote recoge sobre todo merluza, reineta, y blanquillo, que luego comercializan localmente, en la comuna de Constitución. Su cargamento considera redes, ancla, radar, y, por supuesto, bencina.
“Si tenemos bencina, tenemos pesca”, dice Rosalía Arellano Márquez (65), una de las dueñas de La Doña Primera, que lleva alrededor de tres a seis bidones de setenta litros con combustible. Una cantidad que, por cierto, va a depender siempre de las millas requeridas por cada captura. Manejan un motor fuera de borda pequeño, sencillo.
Alfonso Parra, hijo de Rosalía y pescador desde hace más de 30 años, es el que bombea su pera de combustible y tira del arranque. El motor vibra y finalmente queda andando, dejando un zumbido constante. Ese mismo ruido, hoy se vuelve más caro de sostener.
Y es que esta semana, el Gobierno confirmó que se aplicará un ajuste al Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Mepco), lo que se tradujo en un alza histórica de las bencinas desde el jueves 26 de marzo. Así, el aumento del precio de las gasolinas quedó en cerca de $370 por litro, mientras que en el caso del diésel fue de $580. “Yo ya tengo zarpe para este fin de semana”, cuenta Arellano, quien además preside Mujeres Tejiendo Redes, una asociación gremial de pescadoras artesanales.
“Para poder salir a la zona de pesca, tengo que tener 200 mil pesos mínimos de bencina. Ahora con el alza voy a tener que tener un colchón de 300 mil”. Es decir, calcula unos 100 mil pesos de aumento en el combustible, solo considerando la pesca de merluza, calificada de zarpe corto.
En tanto, cuando se trata de la captura de reineta, con un recorrido de hasta siete millas, el costo se eleva a 180 mil pesos adicionales, según detalla Alfonso Parra. “Esto es una bofetada para la pesca artesanal”, continúa, desde cuyo gremio el combustible no vendría siendo un tema de conflicto reciente. Cuenta que con cada gobierno de turno, han peleado la devolución del impuesto específico a la compra de petróleo.
“A las grandes empresas no se lo cobran, mientras nosotros nos vemos cada vez más afectados. Somos como la familia pobre de la pesca”, agrega Rosalía. La familia Parra Arellano augura paro en la caleta Maguillines.
Ahora mismo, se preparan para reuniones con la Confederación Nacional de Pescadores Artesanales de Chile (Conapach) a inicios de abril en Valparaíso, justamente en vías de elevar las aflicciones denunciadas por estos trabajadores del mar. “¿Quién se va a preocupar por nosotros? Porque todo el mundo, las empresas, los camioneros que son una articulación tan grande, ellos ya están siendo escuchados.
Las industrias pesqueras inmensas ya están siendo escuchadas. Las salmoneras también. ¿Y quién nos invita a nosotros a una mesa de participación?
”, pregunta Alfonso. “Vamos a tener que sembrar menos hectáreas”, el problema por el combustible en el mundo de la agricultura Alfredo Martínez, agricultor de Victoria, en la Región de la Araucanía, resume el impacto del alza del combustible en una rutina que parece nunca acabar: cada jornada depende del combustible, desde los traslados a la ciudad hasta el funcionamiento de tractores y herramientas. “Todo en el campo requiere combustible”, dice.
Incluso tareas puntuales —como retirar árboles caídos en un potrero— implican sumar diésel para el tractor y bencina para la motosierra, en un escenario donde los costos se han vuelto cada vez más difíciles de sostener. Alfredo Martínez es un agricultor independiente y hace 18 años se dedica a la cosecha de cereales es decir, siembra de trigo, avena, lupino y raps. Cada mañana va a dejar a su hijo al colegio en el centro de la ciudad y luego se dirige a uno de sus campos en Selva Oscura para poder cargar los tractores –y cada instrumento necesario– con petróleo y así poder realizar las labores del día.
Al igual que a la mayoría de los chilenos, la noticia del alza de los precios del combustible lo tomó “por sorpresa”. El agricultor señala que “no lo podía creer” y que fueron unos colegas quienes confirmaron este aumento inédito, que lo deja en una situación compleja por la gran dependencia al petróleo para hacer su trabajo. Martínez menciona que los cultivos comienzan el 1 de marzo que es cuando se empieza a mover el tema de los cereales y “comienza el año”.
Dentro de sus tareas nombra: hacer los cortafuegos, terminar de trillar, empezar las quemas y preparar el suelo para volver a sembrar. Sin embargo, para realizar cada tarea necesita combustible. “Todos los días estamos cargando petróleo y se ocupa para todo: para los tractores, para los camiones, para los vehículos en los que hay que moverse porque de repente los campos no están cerca”, señala.
El impacto se siente en toda la cadena productiva. Martínez estima que utiliza entre 300 y 400 litros diarios de combustible, considerando cada proceso que involucra maquinaria, incluido el riego. En ese contexto, el experto en sistemas de bombeo Pablo Tokos, director de Agrotech Tokosova, advierte que en predios donde aún operan motobombas el efecto es directo: regar una hectárea durante ocho horas con una bomba de 5,5 HP puede consumir cerca de 30 litros de bencina, lo que hoy implica unos $11.
000 adicionales por día. Con todo, matiza que el mayor golpe no está en el riego, sino en la comercialización: el transporte hacia los centros urbanos eleva los costos y termina afectando de lleno la rentabilidad de los pequeños agricultores. Según Martínez, el alza tiene asustados a los productores de la zona.
Cree que en caso de mantenerse este aumento en los precios muchos agricultores no van a sembrar este año. Además, agrega que este aumento llega en un momento donde “el tema ya venía malo” considerando la baja de los precios de los cereales. “No sé qué vamos a hacer, yo creo que vamos a tener que sembrar menos hectáreas”, reflexiona el agricultor, quien se cuestiona la rentabilidad de la producción con el aumento del precio de combustible y la baja del precio del cereal.
Hasta ahora, Martínez ha optado por almacenar petróleo en barriles para amortiguar el impacto en los costos. Aun así, el escenario lo inquieta: carga combustible de forma gradual porque, como explica, en el rubro los ingresos llegan prácticamente una vez al año. Con ese margen, deben estirar los recursos durante meses, hasta la próxima cosecha.
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