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Dato vs. relato
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00:48 · Chile

Dato vs. relato

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Desde un tiempo a esta parte la afirmación “relato mata dato” se ha ido instalando como un dominio propio del sentido común y, por lo mismo, esta afirmación se repite en discursos políticos, en redes sociales y en conversaciones diarias. Al tomar el carácter de “sentido común” deviene en la forma correcta en que interpretamos y conocemos la realidad. Sin embargo, el sentido común como base del conocimiento es una materia controversial en el campo de la filosofía.

Así, mientras Aristóteles hablaba del “sensus communis” como una facultad que integra las percepciones en una experiencia coherente, Kant aun cuando reconocía el valor del sentido común, sostenía que el conocimiento requiere estructuras mentales más profundas (categorías de entendimiento). A su vez, Hume sostuvo que muchas creencias del sentido común (como la causalidad) no tienen una base racional sólida, sino que provienen de la costumbre. Hecha esta consideración, interesa ahora entender cómo se da la relación dato vs.

relato. ¿Existe o debe existir una contradicción entre ambas opciones? Aquí se dan dos posibilidades.

Una, siguiendo la lógica de Aristóteles, existe contradicción cuando dos proposiciones son tan opuestas que no pueden ser ambas ciertas a la vez y la otra es la concepción dialéctica de la contradicción. Para efectos de esta columna me atendré a la concepción dialéctica para desentrañar la contradicción que subyace en la estrategia comunicacional y política que ha instalado el actual gobierno entre la realidad en que se encuentra el país y las distorsiones y apariencias de lo que sucede realmente, es decir, la contradicción entre relato vs. dato.

¿Qué nos dice el relato? Estamos frente a un país prácticamente en quiebra, que se encuentra en un estado generalizado de emergencia, que heredó una gestión de gobierno catastrófica y que la única salida a la crisis integral es revertir en 180 grados las políticas económicas y públicas que se venían aplicando, inclusive desde antes de este gobierno. En definitiva, no queda otra opción que instalar un proyecto país refundacional (¿no le recuerda a una parte de nuestra historia reciente?

). Detengámonos aquí un momento para entender cómo se fue construyendo este relato. Sus orígenes más recientes se remiten a la forma y fondo en que los sectores mayoritarios de la derecha ejercieron el rol de oposición al gobierno saliente como consecuencia de la emergencia de una derecha extrema de vocación autoritaria que lucha además por la hegemonía de ese sector, lo que en lugar de incentivar una estrategia de diferenciación en la derecha tradicional (UDI y RN), ha generado una involución y endurecimiento de sus posturas ideológicas, incluido y hasta aumentado en sus generaciones más jóvenes.

Por cierto, esta lógica se empalmó perfectamente con el estilo de liderazgo y estrategia desplegada por José Antonio Kast en su calidad de candidato presidencial, más aún teniendo a la vista que sus referentes internacionales habían obtenido buenos resultados electorales aplicando esta fórmula. Es más, en su camino a la presidencia mostró muy poco apego a los datos de la realidad y mucho aprecio a las consignas y frases altisonantes que ayudaran a construir e instalar la percepción de crisis. Hasta aquí podemos entender que, a fin de cuentas, se trataba de un ensayo político.

Entonces, el verdadero problema surge una vez que se es gobierno, toda vez, que su ejercicio exige un alto estándar ético en lo que se refiere a un estricto apego a la verdad y asumir que para actuar coherentemente se necesita dejar atrás las apariencias superficiales instaladas, ya que estas suelen inducir a una actuación con resultados desastrosos. ¿Qué nos dicen los datos? El nuevo gobierno hereda una economía que viene creciendo cerca del 3% en el PIB no minero, por lo que es perfectamente alcanzable un crecimiento económico del orden del 3% en 2026.

Las organizaciones empresariales proyectan para 2026 crecimientos entre 3 y 5% para la agricultura, construcción, industria, comercio y turismo, sectores intensivos en empleo. Algunos fundamentos para este optimismo descansan en algunos de los siguientes desempeños. Inversión externa y doméstica.

La inversión despegó hace más de un año. Los planes de inversión empezaron a cambiar en 2023, según los catastros de la Corporación de Bienes de Capital (CBC), se proyectó para el quinquenio 2025-2029 una inversión de US$83. 542 millones, en cuanto a la privada llegaría a US$66.

306 millones. La cartera de proyectos de inversión extranjera cerró 2025 al alza, superando los US$65. 000 millones, con un incremento de 24% respecto de 2024.

Se trata de un incremento de 132% respecto del cierre de 2022, encabezado por los rubros de energía, minería, infraestructura y servicios globales y tecnológicos. A lo anterior, debemos sumar que la Ley Marco sobre Permisos Sectoriales facilitará la ejecución de esta cartera de proyectos. Comercio Exterior.

En 2025 se logró mantener su dinamismo pese al contexto de incertidumbre arancelaria y tensiones geopolíticas. Las exportaciones totales anuales en 2025 crecieron 7,9% respecto al año 2024, alcanzando un nivel record desde que existen registros con una cifra algo superior a los US$ 107. 000 millones, exhibiendo valores records tanto para las exportaciones tradicionales como no tradicionales.

Asimismo, se debe consignar que el número de firmas exportadoras creció en casi un 3% en 2025, sobretodo, en el segmento de MIPYMES. Productividad. En el bienio 2024-2025 la productividad vuelve a realizar una contribución positiva al crecimiento económico con un incremento de 0,4% y 0,6%, respectivamente.

Este resultado es particularmente relevante considerando que, excluyendo los años afectados por la pandemia, desde comienzos de la década de 2010, no se observaban dos años consecutivos de expansión de la PTF agregada. A esto debemos sumar que, en 2025 la productividad laboral se expandió en un 1,6%, cifra superior al promedio de la última década. Otros logros económicos y sociales.

Las cuentas externas están ordenadas; el país mantiene la mejor calificación crediticia en la región, el riesgo país está en su menor nivel de los últimos 18 años y se detuvo la tendencia de crecimiento de la deuda pública como porcentaje del PIB. En el periodo 2022-2025 se generaron 706. 000 empleos y aumentó la tasa de participación y ocupación laboral, los salarios reales cumplen 34 meses consecutivos de incremento y disminuyó, aunque moderadamente, la tasa de informalidad del empleo; 600 mil personas salieron de la pobreza entre 2022-2024; se implementó el copago cero en Fonasa; el royalty minero; la reforma de pensiones; la jornada de 40 horas y un alza significativa en el salario mínimo; en materia de seguridad destacan la baja de la tasa de homicidios de 6,8 en 2022 a 5,4 en 2025, la reducción en los últimos tres años de un 38% de los robos de vehículos con violencia, la disminución de la violencia en la macrozona sur en un 80% y en los ingresos irregulares por la frontera en un 54%; entre otros.

El reconocimiento de estos logros económicos y sociales en absoluto supone desconocer ciertas falencias y ausencias en materias importantes en que el país requería avanzar a mayor velocidad. Entre estas, destaco: profundizar y modernizar el sistema de capacitación laboral; diseñar e implementar una política nacional de fortalecimiento de la MIPYMES; mejorar el rendimiento de la red de salud para disminuir las listas de espera; concretar una mayor diversificación y competitividad de nuestra actual matriz productiva; imprimirle mayor velocidad en los primeros años de gobierno a la concreción de los proyectos de inversión pública y privada, en tanto dispositivo contracíclico para contribuir a un mayor crecimiento; entre otros. Dicho todo lo anterior, me atrevo a sugerir al nuevo gobierno dos principios básicos en el ejercicio del poder.

Uno, adherir irrestrictamente a la idea de que en economía lo serio es dejar que los números hablen y, dos, asumir que en democracia el poder se debe ejercer con el más estricto apego a la verdad y a la transparencia.

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