Cuba, una de cal y tres de arena
Según el diccionario Espasa de dichos y frases hechas de Alberto Buitrago, “cuando no existía el cemento, los ladrillos o piedras se fijaban con mortero, un compuesto de cal –el material caro y noble– y otra de arena, más abundante”. La expresión se trasladó a la vida cotidiana aludiendo a una buena noticia acompañada de otra de signo contrario. Llevada al terreno de las ideas, ha sido una manera elegante de posicionarse contra una alternativa, reconociendo, a la vez, algún logro.
Una forma espuria de construir argumentarios para salvar el honor personal en nombre de la objetividad. Un sí, pero no. Si nos referimos a Cuba, la expresión “una de cal y otra de arena” se traduce en mucha arena y nada de cal.
Para sus detractores, la revolución logró avances en derechos, políticas de igualdad, justicia social, sanidad, educación, vivienda, y trabajo. Sin embargo, se han esfumado. No hay medicamentos, el hambre asedia, el transporte es una pesadilla, las universidades se han deteriorado, el turismo se desploma, los cortes de luz son continuos y el pueblo es reprimido.
La moraleja: llegó la hora de un cambio de régimen, de una transición. Fue bonito mientras duró, hoy es una pesadilla. Así se construye una mezcla entre la mentira y la desinformación.
Quienes practican esta retórica, en sentido despectivo, son personajes dizque socialdemócratas, progresistas o de izquierdas. De la derecha ni hablar. De México a Chile, se reproducen columnas de opinión de quienes hacen la vista gorda cuando sus gobiernos reprimen a los pueblos originarios, sean mayas o mapuches.
Desde hace medio siglo, retumban los mismos tópicos para descalificar la revolución cubana. Afirmaciones que enmudecen y no tienen respuesta, y no por su contundencia argumentativa, sino por ignorancia histórica. “En Cuba no hay elecciones”, “se persigue a los católicos”, “no pueden abandonar la isla”.
En esta ristra de tópicos participan académicos, artistas, periodistas, reporteros, influencers o comunicólogos. Sin ir más lejos, mientras redacto recibo un correo de . Su redactor José Manzaneda nos ejemplifica cómo los periodistas Patricia Simón y Álex Zapico se han posicionado a favor del pueblo gazatí, reconociendo la responsabilidad de Israel y Estados Unidos en el genocidio.
Pero cuando se trata de un reportaje sobre Cuba, los periodistas no utilizan el mismo baremo. En este sentido desaparecen los condicionantes, el bloqueo económico, las sanciones a terceros y el proceso desestabilizador. En Cuba, la crisis humanitaria es responsabilidad exclusiva del gobierno comunista.
Así, Patricia Simón explica las causas del desabastecimiento, la falta de medicamentos o los apagones eléctricos. No hay análisis. “La Cuba que no quiere ni a Trump ni al régimen”, reza su encabezado.
Poca cal y mucha arena. Para corroborar su titular, hace uso de entrevistas anónimas, donde se trasluce una sola idea, acabar con el régimen castrista de hambre y miseria. En Infolibre, Patricia Simón editorializa “El pueblo cubano, víctima de Estados Unidos y del régimen castrista”, para a continuación destacar la respuesta de uno de sus entrevistados: “Como si vienen los extraterrestres, pero que esto cambie ya”.
Otro ejemplo: en El País de fecha 8 de abril, edición digital, Carlos Maldonado, su redactor en México, toma como excusa para despotricar contra el gobierno cubano un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA). Se trata de un análisis sobre las misiones de médicos cubanos en el continente. El redactor, antes de dar paso a citas textuales, introduce: “Lo que surgió en la década de los pasados años 60 como una iniciativa de cooperación se ha convertido con el tiempo –y el deterioro económico en Cuba– en una importante fuente de ingresos para el régimen de La Habana”.
A continuación entresaca frases y palabras subrayando el sufrimiento de los médicos cubanos en sus misiones. Padecen “esclavitud moderna”, soportan “extensas jornadas laborales” y en Cuba, sus familias sufren “represalias” o son parte de la “trata de personas” orquestada por el régimen. Me pregunto: ¿viviendo en México, el redactor contrastó el informe con la misión de médicos cubanos?
¿Indagó sobre sus contratos, dónde ejercen? ¿O directamente dio por bueno el informe? Poca cal y mucha arena.
Ideología y manipulación. No le interesaba ver cómo sus argumentos se desmoronan. Los médicos cubanos están en pueblos donde sus habitantes no han visto uno en tiempo.
Tampoco el sentido ético, bajo el juramento hipocrático, realizado por quienes han estudiado medicina sin coste para ellos ni sus familias. Sin embargo, el artículo se publica en medio de la campaña lanzada por Estados Unidos para que los países rompan sus programas de colaboración con el gobierno cubano y sus médicos. Tampoco destaca cómo la OEA, responsable del informe, insta a sus miembros a romper relaciones diplomáticas con la isla.
Desde Cuba, hombres y mujeres realizan críticas, ponen sobre la mesa los errores y llaman a realizar trasformaciones que supongan fortalecer y mejorar el proceso revolucionario. Baste leer las entrevistas y crónicas del enviado especial de La Jornada, Luis Hernández Navarro. En este sentido, el cantautor Silvio Rodríguez ha dejado constancia de cómo se defiende la soberanía desde las trincheras de la dignidad, sin renunciar a la crítica: “El mundo está dirigido por un régimen autoritario, belicista y ladrón.
Y no es Cuba”.
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