Cuando nadie les explica
En los tribunales de familia se adoptan decisiones que redefinen vínculos, identidades y pertenencias. Sin embargo, quienes viven con mayor intensidad sus efectos suelen quedar al margen de su comprensión. Niños y niñas participan en procesos judiciales complejos sin que exista una preocupación sistemática por hacerlos inteligibles, aun cuando son precisamente ellos quienes deben integrar esas decisiones en su propia historia.
La escena se repite con variaciones previsibles. Tras largos periodos de ausencia, la interposición de una demanda de alimentos activa respuestas inmediatas que buscan instalar regímenes de relación directa y regular. En procedimientos de impugnación de filiación, la inexistencia de un vínculo previo no impide la aparición posterior de acciones de cuidado personal o comunicación.
Para los adultos, se trata de decisiones estratégicas dentro de un proceso. Para los NNA, en cambio, estos movimientos se traducen en cambios abruptos en su historia personal, sin contexto ni explicación suficiente que les permita comprender lo que ocurre. En materia de filiación, la distancia entre lo que se resuelve y lo que se comprende se vuelve especialmente crítica.
Determinar quién es padre o madre no constituye únicamente una cuestión jurídica. Incide en la construcción de identidad, en la estabilidad emocional y en la forma en que los NNA organizan sus relaciones afectivas. Pese a ello, los procedimientos suelen desarrollarse en un lenguaje técnico, distante, que excluye precisamente a quien debe asumir sus consecuencias, consolidando una experiencia de ajenidad frente a decisiones que resultan profundamente determinantes.
Una experiencia reciente permite observar un camino distinto. En un caso de impugnación, el juez no sólo dictó la sentencia dirigida a las partes adultas, sino que elaboró un texto destinado a la niña involucrada. A través de un lenguaje claro, explicó el sentido de la decisión y sus efectos, reconociendo su derecho a entender.
La resolución no se limitó a ordenar una situación jurídica, sino que incorporó una dimensión comprensible para quien debía integrarla a su propia historia, evitando que el proceso quedara reducido a una lógica exclusivamente adulta. Este tipo de prácticas no responde a un gesto accesorio. Se vincula con el derecho de los NNA a comprender los procesos en los que participan.
No basta con asegurar representación ni con garantizar que sean oídos. Resulta igualmente relevante que puedan entender qué se decide, por qué se decide y de qué manera ello incide en sus vidas, especialmente cuando lo que está en juego es su identidad y sus vínculos más significativos. Cuando esta dimensión se omite, el sistema pierde coherencia.
Las decisiones pueden ser jurídicamente correctas, pero permanecen ajenas para quienes las experimentan. Esta desconexión se intensifica en contextos de litigación reactiva, no por la improcedencia de las acciones en sí mismas, sino por el uso que de ellas se hace dentro del proceso, donde el proceso no siempre refleja un vínculo real, sino una estrategia que tensiona el interés superior del NNA y lo desplaza del centro de la discusión. Avanzar hacia un estándar que incorpore la inteligibilidad no debilita la función jurisdiccional.
La fortalece. Permite que las resoluciones no sólo sean válidas desde el punto de vista normativo, sino también significativas para quienes deben vivirlas. En el ámbito de la familia, esa diferencia resulta sustantiva.
Allí, comprender también forma parte de la protección y constituye una condición para que las decisiones judiciales tengan un sentido real en la vida de los NNA.
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