URGENTE.CL
● EN VIVO
Cuando los que eran vecinos dejaron de serlo
URGENTE
🏛️POLÍTICA
01:46 · Chile

Cuando los que eran vecinos dejaron de serlo

Compartir

En distintos medios ha aparecido recientemente una historia que me parece importante traer a nuestra discusión pública. Se trata de un bosque en el oeste de Uganda donde, durante más de cuarenta años, dos comunidades de chimpancés compartieron territorio sin destruirse. Los etólogos del Parque Nacional de Kibale registraron con paciencia sus interacciones: roces, tensiones, pequeños conflictos que se resolvían sin sangre.

Luego, en algún momento que los investigadores aún debaten, algo cambió. Comenzaron las incursiones organizadas. Machos adultos penetraban el territorio vecino en grupos, en silencio, con una coordinación que no tiene nada de azarosa.

Los encuentros dejaron de terminar en retirada. Empezaron a terminar en muerte. Los científicos identificaron varias causas: la expansión demográfica de uno de los grupos, la reducción de zonas frutales por deforestación periférica, y un factor que resulta el más revelador de todos: la pérdida de individuos que ambas comunidades reconocían.

Con el recambio generacional, los jóvenes de un bando ya no habían crecido junto a los del otro. El vínculo personal que amortiguaba la hostilidad simplemente no existía. Sin ese tejido de reconocimiento mutuo, el extraño dejó de ser alguien y pasó a ser algo.

Traigo este episodio no como metáfora fácil sino como dato. Porque lo que ocurre en Kibale ilumina una pregunta que atraviesa nuestra vida pública con una urgencia que preferiríamos no ver: ¿cuánto de nuestra cohesión social descansa sobre vínculos reales, y cuánto sobre la inercia de un orden que dábamos por sentado? Chile ha vivido en la última década una aceleración de las diferencias percibidas —políticas, económicas, culturales— que no ha ido acompañada de una construcción equivalente de espacios de encuentro.

Nos hemos vuelto más hábiles para nombrar lo que nos separa que para sostener lo que nos une. La psicología social ofrece aquí una advertencia que merece ser escuchada con seriedad: los grupos no derivan naturalmente hacia la cooperación bajo condiciones de presión. La tendencia documentada es la contraria.

Pero —y esto es lo que convierte este conocimiento en algo más que un diagnóstico sombrío— esa tendencia puede ser interrumpida. Puede ser interrumpida si se crean condiciones de contacto entre grupos antes de que la lógica del conflicto se instale como norma, si se diseñan instituciones que obliguen a la deliberación conjunta, si quienes ejercen liderazgo eligen explícitamente valorar el acuerdo por sobre el rédito de la confrontación. La cooperación no es el punto de llegada espontáneo de una sociedad madura, es una decisión que debe tomarse cuando todavía no es urgente tomarla, precisamente porque cuando se vuelve urgente, ya es muy difícil.

En las universidades tenemos la obligación de pensar esto en voz alta. Formamos a quienes van a gestionar hospitales, diseñar políticas y atender comunidades. Si esos profesionales egresan sin haber aprendido a trabajar con quienes piensan distinto, sin haber experimentado que los problemas complejos no tienen dueño ni partido, habremos fallado en algo más profundo que cualquier malla curricular.

La excelencia académica que buscamos no puede desvincularse de la capacidad de construir con otros. Los chimpancés de Kibale no eligieron la guerra. Llegaron a ella porque nadie construyó nada que la evitara.

Nosotros tenemos esa posibilidad. Pero requiere que dejemos de suponer que la convivencia se sostiene sola, y que empecemos a tratarla como lo que es: una obra que se hace a diario, con decisión, antes de que el bosque quede en silencio.

¿Te pareció importante esta noticia?

Compártela y mantén informado a Chile