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Cuando la sangre no alcanza y el derecho tampoco
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12:55 · Chile

Cuando la sangre no alcanza y el derecho tampoco

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En la vida de muchas familias chilenas conviven distintos tipos de filiación: la legal, que queda inscrita en un registro; la biológica, que define el origen de cada niño; y la social, construida día a día por quienes cuidan, aman y acompañan sin que la sangre los vincule. A veces coinciden, a veces entran en tensión, y en medio de esa coexistencia está el derecho del niño a conocer su verdad biológica sin que ello desvalorice los lazos afectivos que ya existen. La filiación no es un dato frío, es un entramado de vínculos, responsabilidades y afectos que la justicia empieza a mirar con más humanidad.

El conflicto social es evidente. Cuando el sistema privilegia la apariencia legal sobre los vínculos reales de cuidado y la verdad biológica, surgen tensiones profundas. Padres biológicos que no cumplen con su rol permanecen inscritos como responsables, mientras otros adultos asumen la crianza completa y construyen vínculos afectivos sólidos.

Más tarde, la verdad biológica puede emerger, y los niños tienen derecho a conocerla. Obligar a sostener una paternidad solo por formalidad legal genera conflictos familiares que afectan a todos: niños, padres sociales y biológicos, y la organización cotidiana del hogar. Algunas decisiones recientes muestran un cambio de mirada.

La Corte Suprema anuló un fallo de filiación porque el tribunal de primera instancia no había escuchado al niño involucrado. Reconocer su voz no es un formalismo: implica considerar su experiencia, sus derechos y cómo los vínculos sociales influyen en su vida. La Corte de Apelaciones de San Miguel ha flexibilizado los plazos para impugnar la filiación, entendiendo que la necesidad de conocer la verdad biológica puede surgir años después y que los tribunales deben adaptarse a cada situación familiar.

Esto permite que los padres sociales que han asumido responsabilidades puedan regularizar la filiación y que los niños accedan a información sobre su origen sin que los lazos de cuidado pierdan valor. Estos fallos muestran que la justicia puede equilibrar estabilidad legal, vínculos afectivos y derecho a la verdad biológica. La filiación deja de ser un dato administrativo y se convierte en un asunto de vidas, afectos y derechos.

Escuchar a los niños, reconocer los lazos de cuidado y permitir la impugnación cuando corresponde fortalece los vínculos y protege la identidad de quienes más importan. El desafío sigue siendo consolidar esta mirada. Se necesitan criterios homogéneos, protocolos que garanticen la voz de los niños y políticas que reconozcan la diversidad de situaciones familiares.

Mientras tanto, muchas familias siguen atrapadas entre registros, afectos y verdades pendientes. La ventana que abren la Corte Suprema y la Corte de San Miguel muestra que es posible mirar la filiación con humanidad, reconociendo que los vínculos sociales, la verdad biológica y la filiación legal pueden coexistir y ser respetados sin que ninguno de ellos quede subordinado a los otros.

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