Cuando Chile decidió emprender
Cada 29 de abril celebramos el Día Nacional del Emprendimiento. La fecha es completamente nuestra, con raíces propias y un origen que vale la pena recordar. El 29 de abril de 1939, en pleno gobierno de Pedro Aguirre Cerda, nació la Corfo, con el objetivo de colaborar en el desarrollo y el fomento del emprendimiento en nuestro país.
El Presidente entendió en ese entonces que el crecimiento de un país no puede depender solo de sus recursos naturales, sino también de su capacidad de producir, innovar y generar valor desde adentro. Ochenta y siete años después, los propósitos de Corfo han cambiado, pero mantienen su esencia. Las grandes compañías pasaron a compartir espacio con las medianas, pequeñas y micro empresas, y son estas tres últimas las que hoy reflejan el valor del emprendimiento como herramienta de transformación social y económica.
“Lo que más me entusiasma es que estamos en un momento en que las condiciones para emprender son mejores que nunca. La IA está democratizando el acceso a herramientas antes exclusivas de unos pocos”. En las últimas décadas, el camino ha sido largo y con muchos aprendizajes.
Se lanzaron programas como Start-Up Chile, que en su momento fue pionero en atraer talento internacional y posicionar al país en el emprendimiento global. Surgieron aceleradoras privadas, fondos de capital de riesgo y ecosistemas universitarios que comenzaron a articular a emprendedores con corporaciones. Las PYME, que actualmente representan más del 98% de las empresas del país, fueron ganando protagonismo.
Y sin embargo, los desafíos siguen siendo enormes. Contamos con talento, instituciones y una historia de innovación aún en desarrollo, pero aún hay brechas profundas en acceso a financiamiento, especialmente para mujeres emprendedoras y para quienes están fuera de las grandes ciudades. Todavía existe distancia entre el mundo corporativo y el ecosistema de startups, cuando ambos tienen mucho que ganar de una colaboración más estrecha.
Lo que más me entusiasma es que estamos en un momento en que las condiciones para emprender son mejores que nunca. La IA está democratizando el acceso a herramientas antes exclusivas de unos pocos. La digitalización permite que una PYME de Temuco pueda competir con una de Santiago, y que una startup chilena pueda ofrecer sus servicios a cualquier parte del mundo.
El conocimiento está más disponible, las redes son más amplias y la conversación sobre innovación llega a sectores antes impermeables al cambio. Pero las herramientas no bastan si no hay un ecosistema que las sostenga. Necesitamos políticas públicas que reduzcan las trabas burocráticas; capitales de distintos orígenes dispuestos a acompañar proyectos en etapas tempranas y grandes empresas que dejen de ver a las startups como proveedores menores y empiecen a tratarlas como aliadas estratégicas.
El Día Nacional del Emprendimiento es una buena excusa para hacer ese balance y reconocer que Aguirre Cerda tenía razón cuando apostó por institucionalizar el fomento productivo, y que esa visión sigue siendo válida. Celebremos a los miles de chilenos que se levantan cada día a construir algo desde cero y preguntémonos, con honestidad, qué más podemos hacer para que ese talento no se pierda en el camino.
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