¿Cuál fue el estado del bosque nativo en el 2025?
Este mes de marzo se publicó el Informe País 2025, que busca dar a conocer el estado del medio ambiente de Chile. En este documento se abordan temas como la “contaminación, las aguas, la biodiversidad, el ordenamiento territorial, la energía y la minería”, entre otros. Dentro de las temáticas del informe se encuentran los bosques nativos, ecosistemas de suma importancia para la vida en la Tierra, proveyendo regulación hídrica, recursos forestales no madereros y conservación de la biodiversidad.
Además, son un fuerte aliado contra el cambio climático debido a su capacidad de captura y almacenamiento de carbono. Según la Corporación Nacional Forestal (Conaf), Chile cuenta con un total de 14. 728.
482 hectáreas de bosque nativo, concentrándose un 81 % entre las regiones de La Araucanía y Magallanes. Sin embargo, entre los años 2001 y 2023, el país ha perdido cerca de 400. 000 hectáreas por cambios en la cubierta vegetacional y uso del suelo.
El documento señala que, a nivel histórico, en el periodo prehispánico el centro y sur de Chile estaban principalmente cubiertos de bosques naturales y matorrales, pero, desde entonces, se han reducido en más de un 50 % debido a su conversión a praderas, áreas agrícolas, matorrales y plantaciones forestales. Muchos de los bosques se quemaron en grandes incendios provocados para habilitar suelos para la agricultura y la ganadería en el proceso de colonización euro-chilena. Además, el incentivo para el establecimiento de plantaciones forestales promovido por el Decreto Ley 701 de 1974 tuvo gran incidencia en la pérdida de bosque nativo desde ese año hasta el presente.
Cambio climático, megasequía y megaincendios Otros impactos sobre el bosque nativo son los incendios forestales. Para los últimos 50 años, el promedio anual de incendios en el país tiende a ser cercano a los 5. 600 eventos, afectando a más de 74.
500 hectáreas. Sin embargo, la megasequía de más de diez años que afectó a Chile, sumado a las olas de calor, ocasionó que este promedio aumentara. Los incendios de 2017 y 2023 causaron una pérdida de más de 570.
000 y 430. 000 hectáreas, respectivamente, afectando en su mayoría a plantaciones forestales. Cabe señalar que esta cobertura es la más afectada por los incendios, representando cerca del 50 % del área quemada total.
Ante esto, el informe señala que especies exóticas como pino (Pinus radiata) y eucaliptos (Eucalyptus globulus), principalmente, generan un aumento en el riesgo de grandes incendios. “De acuerdo con los datos oficiales, las plantaciones forestales son la cobertura del suelo que más se quema en Chile”, comentó Alejandro Miranda, investigador del Departamento de Ciencias Forestales de la Universidad de La Frontera. La generación de grandes incendios depende de múltiples factores como la vegetación, en cuanto a su composición y estructura, heterogeneidad y continuidad, y de variables topográficas, como la pendiente del terreno y la complejidad de la topografía.
En los últimos grandes incendios se ha observado, además, una fuerte influencia de la meteorología en un contexto de sequía de mayor duración, planteó Miranda, quien también es investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2. “Variables ampliamente conocidas como las altas temperaturas, la alta velocidad del viento y la baja humedad atmosférica contribuyen a la propagación del fuego. Sin embargo, estas condiciones meteorológicas, cada vez más frecuentes, al encontrarse con plantaciones forestales de grandes extensiones, continuas y con altas cargas de combustible, favorecen la aparición de incendios de gran magnitud”, comentó Miranda, y añadió que “la zona centro-sur de Chile, donde se encuentran mayoritariamente las plantaciones, es, a su vez, donde se concentra la mayor densidad poblacional, lo que aumenta la probabilidad de que los incendios se inicien.
Esta combinación ha determinado que los grandes incendios registrados en la última década han sido dominados mayormente por plantaciones forestales“. Respecto al cambio climático indica que las condiciones meteorológicas de los últimos años, con más olas de calor y sequías más prolongadas, estarían provocando escenarios favorables para incendios más destructivos. “En este contexto climático la temporada de incendios no solo se ha extendido, sino que ha aumentado la simultaneidad y duración de los incendios, lo que ha dado por resultado un incremento sustantivo de la ocurrencia de megaincendios y consecuentemente del área total quemada en la zona centro-sur de Chile”, explicó Mauro González, investigador del CR2 y Académico de la Universidad Austral de Chile.
Junto con los incendios, el informe señala que el cambio climático también está generando impactos directos sobre la vegetación, principalmente, a través de la disminución del crecimiento anual de los árboles nativos, lo cual puede deberse a las condiciones más secas y calurosas de las últimas décadas. Además, se logró identificar la causa del decaimiento en el follaje de araucaria, la cual corresponde al ataque de un hongo nativo, el que puede haberse convertido en un agente negativo debido al aumento de las temperaturas invernales, a los años consecutivos de sequías y a la reducción en la cobertura de nieve. Al mismo tiempo, la capacidad de captura de carbono de los bosques nativos también se ve mermada por el cambio climático.
En el caso de los bosques de alerce, la “capacidad de estos bosques de comportarse como sumideros disminuye fuertemente frente a las condiciones cálidas y secas de verano, especialmente cuando las temperaturas máximas superan los 19 °C, pues esto causa que disminuya la fotosíntesis y aumente la pérdida de carbono por la respiración del ecosistema”, indica el Informe. Dentro de los impactos importantes del cambio climático, también se encuentra el empardecimiento de un 90 % del bosque esclerófilo de la zona central en un periodo de tan solo cien días. “Se determinó que el verdor del bosque se perdió rápidamente debido a la hipersequía ocurrida en 2019, la cual ocurrió dentro de un período de megasequía vigente desde 2010.
Este período de sequía fue de los más secos ocurridos en los bosques mediterráneos del mundo desde que hay registros”, comentó Rocío Urrutia, investigadora del Departamento de Ciencias Forestales de la Universidad de La Frontera y del CR2. La mayor parte del bosque se vio afectado en su funcionalidad y, de acuerdo a estudios en curso, se estima que en las regiones de Valparaíso y Metropolitana el 11 % de la superficie de bosques esclerófilos logró resistir al evento, un 83 % recuperó sus niveles de verdor histórico y un 17% no logró recuperarse. “Estamos avanzando además en la comprensión de los mecanismos asociados al decaimiento de este bosque y a la tolerancia de sus especies a la sequía”, indicó Urrutia.
Políticas en favor del bosque nativo Con todo lo anterior, se están realizando diversos esfuerzos que ayudarían a la recuperación del bosque nativo. Entre ellos se encuentra la última Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC), que tiene por objetivo reforestar el país con 200. 000 hectáreas.
Sin embargo, esta política es criticada. “La actualización de la NDC de 2025 mantuvo la forestación de 100. 000 hectáreas sin limitación de especies y, probablemente, estas corresponderán a plantaciones industriales de pino y eucaliptus sometidas a cortas a tala rasa reiteradas cada doce a veinte años”, explicó Antonio Lara, profesor emérito de la Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales de la Universidad Austral de Chile, e investigador del CR2.
El académico añadió que “la renovación de la NDC no consideró la recomendación basada en evidencia científica presentada por el CR2, de que la forestación fuera únicamente con especies nativas, por traer todos los beneficios que las plantaciones quitan”. Junto con lo anterior, comentó que “según la investigación del CR2, esta NDC promoverá el riesgo de incendios, la reducción de los caudales y de la captura de carbono en el largo plazo”. Las autoras y los autores del capítulo sobre bosque nativo, proponen distintas iniciativas para proteger y recuperar estos ecosistemas, entre ellas, incrementar las bonificaciones de la Ley de Bosque Nativo, fortalecer la capacitación de pequeños y medianos propietarios, crear el Fondo Bosques Resilientes que aumente e integre los recursos de los distintos instrumentos existentes destinados a la recuperación de bosques degradados y orientar los recursos a restaurar áreas prioritarias.
Con esto, el informe plantea que una “combinación de incentivos, capacitación, organización de pequeños propietarios y fiscalización inteligente permitiría no solo acelerar la recuperación de bosques degradados, sino también disminuir la tasa de degradación y transitar hacia un manejo forestal más sustentable”.
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