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Crónicas de Medianoche: La inocencia del amor en una caja de fósforos gigante
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21:00 · Chile

Crónicas de Medianoche: La inocencia del amor en una caja de fósforos gigante

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¿Quién podrá pensar que una escultura de una caja de fósforos gigantes está dedicada al amor y específicamente a los deseos de que ese amor sea correspondido? Eso fue lo que pensó la artista Isabel Gajardo Moreno, quien actualmente está participando en la Exposición El estado de las cosas, que está instalada en el Parque Cultural de Valparaíso y que reúne obras de estudiantes y ex estudiantes de los distintos programas formativos de la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar. Isabel es alumna del programa de extensión del ramo de Escultura.

A ella la conocí hace 30 años, en Quillota. En esos tiempos estaba casada con Enrique “Lucifer”. Imagínense, era la esposa del mismísimo Lucifer, apodo que con mucho cariño le puse a mi amigo periodista y escritor, en esa agitada década del 90.

Conviví mucho con esa maravillosa familia, que tenía dos encantadores hijos, a quienes llamábamos “los guatones”, a pesar de que eran flacos como palillos de fósforos. Y escribiendo sobre fósforos, tengo que señalar que todavía estoy impactado con la obra que está exponiendo mi amiga en la expo de la ex cárcel, ya que es una ampliación de la tradicional caja, pero que tiene un mensaje lleno de optimismo, amor y esperanza, tan necesarios en estos duros y solitarios tiempos que estamos experimentando. La obra, llamada “Inocencia”, fue construida con maderas, ramas y lijas.

La artista mandó a ampliar la etiqueta de los tradicionales fósforos Copihue en un plotter y retocó la imagen con pintura. Y, un dato muy importante, fue que cambió la tradicional advertencia que viene en esos envases y escribió: “Gozarás, reirás, sufrirás, dolerá y llorarás calentándote hasta morir. Todo lo que le pase a los fósforos te pasará a ti”.

Cuático. Isabel me explicó que su caja de fósforos gigante está asociada a un inocente juego infantil, donde las niñas y niños enamorados enterraban dos palitos y los encendían. El fuego cambiaba la forma y dirección de los fósforos.

Si se juntaban, el amor fluiría. Si se alejaban, no había ninguna onda. Recuerdo haberlo hecho y siempre mis fósforos se separaban pronosticando que el amor no sería correspondido.

Como hasta el día de hoy, pero eso es carne para otras diez crónicas más. Me gustó mucho la escultura titulada Inocencia y, en general, toda la muestra que estará instalada hasta mayo en el tercer piso del Parque Cultural de Valparaíso. Hay muchas obras, con múltiples lenguajes artísticos y que actúan como una poderosa herramienta crítica para los terribles tiempos que estamos viviendo en Chile y en muchas partes del mundo.

Es importante que vayan a ver esta exposición. Que levanten sus nalgas del sillón o la cama, apaguen la tele y desconéctense del celular y sus embrutecedores videos cortos. Conozcan como está el estado del arte por la zona y además, en el mismo lugar, pueden visitar la exposición “Escoria: topografías del descarte”, de Victoria Jolly, sobre la materia desechada en la minería chilena.

Muchas veces me he sentido, como ser humano, descartado y he tenido que empezar nuevos ciclos constructivos. La obra de Jolly es metalhardcorepunk. Unas tremendas felicitaciones a todos los artistas que tienen sus obras en la exposición El Estado de las cosas y a la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar.

Y también extender mi admiración y reconocimiento a todos los artistas, de cualquier clase, que están exponiendo hoy en Valparaíso, Chile y el mundo. Hay que tener coraje, mucha fuerza y amor para seguir creyendo que el arte puede ser una herramienta que logra modificar nuestra percepción de la realidad y nos haga más humanos y amables. ¡A seguir exponiendo hasta que el mundo se acabe!

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