Crítica de discos y singles: Paul McCartney reflexivo, Flea telúrico y la cumbia cruza de México a Colombia
A fines de los años 40, cuando Paul McCartney necesitaba ir al Mersey, el río que baña Liverpool, recurría a un atajo: Dungeon Lane. Esa era la ruta que utilizaba para llegar a la costa en Speke, el barrio obrero donde transcurrió su primera infancia. Mucho antes de mudarse a Forthlin Road, su última casa en Liverpool, “Macca” pasó un tiempo considerable en el número 72 de Western Avenue en Speke.
Ese lugar lo ha descrito como “la primera casa que recuerdo”. Sobre esa rememoranza, McCartney ha construido un álbum que verá la luz el 29 de mayo y que lleva por título The boys of Dungeon Lane. El primer single de ese trabajo lo lanzó el jueves y su nombre no deja espacio a dudas: Days we left behind.
Esta bella melodía en piano y guitarra posee, evidentemente, un aire nostálgico y reflexivo, con un sonido a lo Chaos and Creation in the Backyard (2005). “Mira a los chicos de Dungeon Lane/ A lo largo de la costa del Mersey/ Algunos sentirán el dolor/ Pero algunos estaban destinados a algo más/”, dice la letra. También habla de John Lennon, su gran amigo: (“Nos encontramos en Forthlin Road/ La promesa que hice/ Jamás se romperá”).
“¿Cómo se puede escribir sobre otra cosa que no sea el pasado? ”, ha dicho el exBeatle. Paul está de vuelta (Alejandro Tapia).
En su primer largaduración en solitario, Flea actúa como el centro de gravedad de un ensamble de lujo del jazz contemporáneo, cediendo espacio a músicos como Jeff Parker de Tortoise, la contrabajista Anna Butterss y el ex-Mars Volta, Deantoni Parks. Cualquiera que haya escarbado en Acid for the children, las memorias del australiano-estadounidense que paga sus cuentas como Michael Peter Balzary, sabe que antes del bajo eléctrico su primer instrumento fue la trompeta. Criado escuchando a leyendas del bebop gracias a su padrastro, Flea no busca la nitidez del conservatorio en el instrumento: lo suyo es la textura y expresión cruda, como ya mostró en el experimental EP Helen Burns de 2012.
El sonido de la trompeta en Honora se vuelve todavía más áspero, íntimo y soplado para añadir capas de psicodelia. Su estilo aquí se aleja del virtuosismo agresivo del bajo, el instrumento que lo volvió un nombre capital al alero de Red Hot Chili Peppers, donde comenzó con la urgencia cruda del punk rock californiano (influenciado por Black Flag) y el groove sincopado del funk de Bootsy Collins y Larry Graham. Flea es, si me lo permiten, uno de los grandes responsables de popularizar la técnica del slap y el pop en el rock de estadios.
Pero su verdadero genio radica en cómo hace hablar al bajo como instrumento líder, con un fraseo mucho más melódico y espacioso, que rara vez se limita a seguir el bombo de la batería. En Honora teje contra-melodías con las cuatro cuerdas y se adentra en un territorio mucho más libre y enraizado en el jazz. Muy en su estilo, establece jams hipnóticos y elásticos, como se oye en el sencillo A Plea, mientras que su trompeta guía las texturas y la improvisación.
Si pones atención a las letras, es la búsqueda de empatía y conexión real en un mundo que parece estar perdiendo la cabeza. Aunque Flea se aleja deliberadamente de la contingencia política para apelar a algo más profundo: la idea de que, por encima de nuestras diferencias, “hay un lugar donde nos encontramos, y es el amor” (Alejandro Jofré). El abrazo del Instituto Mexicano del Sonido (IMS) con el grupo colombiano Meridian Brothers parece tan lógico como fructífero.
Era sólo cuestión de tiempo. El primero es un proyecto nacido en Ciudad de México en 2006, a cargo del DJ y productor Camilo Lara, una suerte de alquimista que ha cogido el catálogo popular de su país como una masa elástica capaz de fusionarse con rock, cumbia y electrónica, en una experiencia única en la región, admirado por miembros de Blur o Beastie Boys. Meridian Brothers habla el mismo léxico, con el músico Eblis Álvarez como su cerebro, otro hechicero de los géneros bailables que ha empujado la canción propia de su tierra hacia la psicodelia y la vanguardia.
Cumbia de los estudiantes -que antecede un álbum que saldrá en mayo- los congrega en esos paralelos, con electrónica de baja fidelidad, ritmos sinuosos, teclados que parecen extraídos de un antiguo videojuego y la voz de Lara que repite como mantra “de pronto tanta educación es un desastre”, esa máxima con cierto señuelo social que subraya que el colegio no es el único eje de la vida temprana. Más allá de los resultados, IMS y Meridian Brothers unen a México y Colombia en una sola dirección: dos gigantes de la cultura del continente que aquí suenan inquietos, estimulantes y llenos de colores (Claudio Vergara).
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