Crisis de la bencina: “Siempre pasa algo Matías”
Siempre pasa algo. Pasó cuando Izkia Siches partió cándidamente al Wallmapu. También pasó cuando Caval dilapidó tempranamente el apoyo a Bachelet.
Pasó en 2011 con los universitarios alzados contra Piñera. Pasó con Monsalve y el inexplicable manejo del gobierno de Boric. Son las crisis.
(El estallido y la pandemia no clasifican como crisis: la superan. Como los terremotos). El Plan B de la bencina Hasta el viernes 13 -cuando en el primer consejo del gabinete el ministro Jorge Quiroz alertó sobre la crisis del petróleo y sus implicancias en Chile- el gobierno caminaba en ruta segura y pavimentada.
Fotos con Lula, Bukele, Milei, Meloni y Trump. Zanja mediante: esa escenografía y coreografía del presidente en la frontera fue envidia de no pocos funcionarios en retirada. Confesión que escuche en off: en comunicación nos mataron.
“Envidio lo que hicieron”, me dijo un funcionario del gobierno de Boric. El camino pavimentado prosiguió con la posesión de la presidencia de las dos cámaras. Obra y gracia del ministro del Interior, Claudio Alvarado.
Además, la oposición en el suelo. Irrelevante. Ese viernes 13, la vocera Mara Sedini y el ministro Jorge Quiroz dieron un punto de prensa, el primero de la ministra.
Quiroz, me dicen en La Moneda, advirtió apenas comenzó la guerra -28 de febrero- que existía un riesgo en ciernes. Ese viernes, Quiroz expuso ante el gabinete lo que hasta ese momento no era un tema relevante en la agenda. En el punto de prensa dijo: “En la última semana el precio del petróleo subió 34% en los mercados internacionales: Esta situación no se veía desde 1985”.
Quiroz ponía así el título de la canción. “Chile dispone de mecanismos para amortiguar estas alzas. Nos referimos en particular al Mepco… Pero quiero señalar que consiste en mecanismos que amortiguan las alzas… El Mepco genera efectos en recaudación fiscal y eventualmente en desembolso” “Somos un gobierno que ha tenido que heredar del anterior un fisco sin caja.
La caja con que cerró la administración anterior fue de 40 millones de dólares al 31 de diciembre del 2025… Es con esta situación con la que estamos abordando la coyuntura a la que he hecho referencia”. Quiroz instalaba en agenda un ejemplo comunicacionalmente efectivo -la caja de 40 millones se tomó la agenda- de la situación precaria de la billetera fiscal que los republicanos han denunciado. “Vamos a analizar los números y vamos a llegar con una solución.
Un diseño oportuno y eficaz, con la mayor prontitud, porque este tipo de cosas hay que moverse rápido. Hay que actuar rápido, con decisión, y llegar prontamente a la solución”. El ministro ya tenía el plan en su cabeza.
“Con decisión” permitía augurar una medida dura e impopular. “El plan estuvo, bemoles más o menos, siempre claro. No hubo dudas, no hubo titubeos, sólo matices”, me dicen desde La Moneda.
La pregunta del periodismo y la política era si se atreverían a tanto -sincerar el precio y privilegiar lo técnico- o si decidían evitarse el repudio ciudadano mediante subsidios y gradualidad. Cálculo Excel vs Cálculo Político El domingo 15, Quiroz llegó al programa Mesa Central de Canal 13 para ahondar lo esbozado –“no quedó del todo claro la comunicación del viernes 13”, me dicen en Teatinos 120- y comenzar a preparar el terreno para la comunicación del plan. Lo mismo hizo el Presidente entrevistado en La Tercera: “Cuando uno se ve sometido a una situación que no depende de uno y que lleva el valor, en este caso del petróleo, al doble de su precio por algún hecho inesperado, claro que uno tiene que tomar medidas de ajuste.
Pero no, hay que hablar con la verdad. Una salida populista podría ser que vamos a mantener las cosas como están. Es evidente que no se pueden mantener las cosas como están si el precio del petróleo se duplica”.
Lo dice por los cambios al Mepco… “… Aquí lo único que uno no puede hacer es tratar de engañar a las personas, tiene que hablar con la verdad. Eso, claro, puede generar un impacto en la ciudadanía y en algún momento alguien se puede molestar, sí, pero uno no puede dejar de decir las cosas que tiene que hacer. Y en su momento vamos a ir señalando en cada área lo que tenemos que hacer para enfrentar una crisis mundial…” Comenzaba a escribirse el guion de La Moneda: Guerra en Irán, puertas afuera; caja fiscal vacía -no hay plata y por culpa del gobierno anterior-, puertas adentro.
Ergo, hacerse cargo del precio de las bencinas es insostenible. Esa semana, con la crisis ya activada, los equipos del gobierno jugaron de abogado del diablo frente a Quiroz, decidido a dar la pelea de ponerse rojo de una vez. Le hicieron ver los riesgos: baja en las encuestas; malestar ciudadano, un preludio de rabia.
“Pero nunca hubo dudas del camino elegido”, me dicen en La Moneda. “Para un gobierno de derecha proponer el congelamiento de precios del transporte público es un tema muy difícil”, argumentan en Palacio. Eso fue tema.
Quiroz, apoyado por el Presidente, se lanzó. Ahora o nunca: la base de apoyo hasta ese día era maciza. Además, la sangre tira en el gobierno de Kast: le gustan las batallas.
Con todo lo que ello implica. El lunes 23, Quiroz dio cinco entrevistas a los canales televisivos. Los periodistas llegaron en ciego: no se filtró nada, un milagro a estas alturas.
Diez minutos después del anuncio las bombas de bencina estaban repletas de autos. Pero la procesión no terminaría ahí. La quiebra de Chile Esa misma noche de las vocerías de Quiroz se conoció una minuta confidencial de la Secom -el brazo comunicacional del gobierno- que indicaba qué decir y qué no decir, cómo comunicar y dónde poner los énfasis.
“Siempre supimos que se iba a filtrar”, me dicen en La Moneda. Es como de sentido común. No hay ningún secreto que resista la confidencialidad de una minuta que corre por WhatsApp.
Pensar lo contrario es amateurismo. Una frase de la minuta era tan llamativa como osada: Chile es un país en quiebra. “Es una metáfora.
Nada más que eso. No creo que las clasificadoras de riesgo están cambiando sus evaluaciones por la frase”, me dice un funcionario de La Moneda. Ni a Quiroz, ni a Alvarado, ni a la presidenta del Banco Central les cayó bien la frase.
“No, jamás ocuparía una palabra como esa. Lo que ocurre es que el Estado está en una situación fiscal deteriorada”, dijo Quiroz “Fue un error grande. Es como auto atribuirse un cáncer terminal, sin tenerlo”, me dice un parlamentario del oficialismo.
El gobierno decidió cortar por lo sano y rápido: Cristián Valenzuela, el asesor más conocido del presidente, asumió el error. Es el pararrayos. Control de daños El núcleo duro del Presidente dice que es de una candidez extrema pensar que el gobierno no anticipó las repercusiones que tendría la medida.
“Los que dicen que no evaluamos políticamente la decisión, entienden nada. ¡Subirles 370 pesos la bencina a la gente obviamente que conlleva una gran pérdida de popularidad¡ Eso es de sentido común”, enfatizan en La Moneda. En el gobierno dicen que todos los cálculos apuntaban a molestia mucho mayor.
La encuesta Cadem mostró una desaprobación de 49% -15% más que el 11 de marzo- y una aprobación de 47%. En Panel Ciudadano-UDD el apoyo pasó de 59% al 42% y el rechazo aumentó del 18% al 48%. “Yo pensé que caeríamos al 30% de aprobación”, dice un republicano.
La esperanza del gobierno es que la guerra termine luego, que el precio del petróleo vaya a la baja y que lo mismo que se ejecutó con el alza se replique cuando los precios disminuyan. “Para recuperar el crecimiento y bajar el déficit público, que son los grandes legados que queremos dejar, esto es indispensable y por lo tanto puede que con el tiempo esta decisión envejezca muy bien”, me dicen desde el núcleo kastiano. Habrá que ver.
Por ahora, viene otra coyuntura a corto plazo por superar: la maldita inflación.
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