Crecer para recaudar, la fórmula que la política tributaria olvidó
Chile lleva más de una década atrapado en una discusión tributaria que confunde medios y fines: se anuncian alzas de impuestos para recaudar más, pero la recaudación efectiva como porcentaje del PIB sigue estancada. Mientras el debate se concentra en subir tasas, eliminar exenciones y combatir la evasión, se dejó de lado la neutralidad económica de los cambios. La ecuación es simple: si crecemos e invertimos poco, el Fisco recauda poco.
Un marco que encarece el capital, castiga la reinversión y cambia las reglas con frecuencia desalienta la inversión y, con ella, el crecimiento -la fuente más sostenible de ingresos fiscales. Los números son elocuentes. Las ocho reformas tributarias en los últimos 15 años prometieron incrementos de entre 6% y 7% del PIB, pero el rendimiento efectivo apenas rozó un punto.
La recaudación no minera -pilar de los ingresos permanentes- está estancada: en 2025 fue 16,4% del PIB, por debajo del 16,7% de 2015. Con un crecimiento promedio cercano al 2% en la última década, el país no ha generado recursos para sostener un gasto público al alza, y terminó con déficits persistentes y deuda creciente. “Las ocho reformas al sistema de impuestos en los últimos 15 años prometieron incrementos de entre 6% y 7% del PIB, pero el rendimiento efectivo apenas rozó un punto.
Entre 1990 y 2010, cerca del 81% del aumento de los ingresos fiscales provino del crecimiento, no de subir tasas”. La historia confirma la lección. Entre 1990 y 2010, cerca del 81% del aumento de los ingresos fiscales provino del crecimiento, no de subir tasas.
En ese período la deuda pública cayó a menos de 10% del PIB y el déficit llegó a 0,4% del PIB en 2010. Hoy, el crecimiento tendencial se redujo desde 5% a niveles cercanos a 2%. Lo que muestra que, sin expandir el Producto potencial, cualquier mejora recaudatoria, es solo una ilusión.
Por su parte, en 2023 la Comisión Marfán estimó que elevar el crecimiento desde 2,3% a 3,5% aportaría un salto fiscal relevante. Su proyección de ingresos cíclicamente ajustados para 2028 -US$ 93. 703 millones, un aumento de US$ 8.
050 millones respecto de 2024- pasaría a un incremento de US$ 12. 600 millones (casi 60% más), elevando los ingresos a US$ 98. 290 millones.
La OCDE coincide: un buen sistema tributario debe respaldar crecimiento, equidad y sostenibilidad. Como advirtió David Bradbury, director adjunto del Centro de Política y Administración Tributaria, “no tiene sentido tener todos los impuestos del mundo si la economía no está creciendo; los ingresos fiscales disminuirán”. Sobre esa base, el gobierno anunció un giro pro competitividad fiscal: bajar el impuesto corporativo de 27% a 23% para alinear a Chile con la OCDE; una tasa de impuesto PYME de 12,5% en forma permanente, reintegrar plenamente el sistema para eliminar distorsiones y favorecer la reinversión; y reforzar la certeza a la inversión mediante mecanismos de invariabilidad tributaria.
El financiamiento descansaría en mayor eficiencia del gasto, revisión de programas mal evaluados y un ajuste que lo lleve a niveles sostenibles. “Crecer para recaudar” no es un eslogan: es la ruta responsable para financiar el gasto social y las políticas públicas que impulsan empleos de calidad, sin hipotecar el futuro. La elección es clara: reglas estables, impuestos que premien la reinversión y un Estado que gaste bien.
Si queremos retomar la senda del desarrollo, primero es volver a crecer. Lo demás es postergar lo inevitable.
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