Consorcio Lechero proyecta que Chile dejaría de ser un importador neto de lácteos en una década
Chile produce apenas 0,3% de la leche mundial, pero los productores nacionales están apostando a jugar en las ligas mayores. No a través del volumen —donde dominan gigantes globales como India, Estados Unidos o Alemania— sino mediante el valor. Desde la sede de la corporación en Osorno, el presidente del Consorcio Lechero Sergio Niklitschek, explica a DF Regiones que “la estrategia no es competir en commodities como la leche en polvo, sino en categorías de mayor valor agregado”, apuntando a segmentos como la leche condensada, la nutrición infantil y los quesos premium.
No es una apuesta casual, porque cerca de 50% del consumo de lácteos en Chile corresponde precisamente a quesos, una clara señal de hacia dónde se desplazan las inversiones de procesamiento. Este giro ocurre en medio de una recuperación productiva poco habitual. En 2024 la producción creció cerca de 3%, mientras que en 2025 el salto fue de 6,2%, muy por sobre el promedio histórico de 1% anual.
Este “no es un crecimiento sostenible, porque estuvo favorecido por condiciones climáticas excepcionales, pero marca una tendencia de recuperación”, reconoce Niklitschek. El desafío ahora es estabilizar ese avance en un rango de entre 2,5% y 3%, explica, en línea con la demanda. El repunte del año pasado vino acompañado de un salto de más de 23% en el valor de las exportaciones, que alcanzaron US$ 323,7 millones, uno de los mejores resultados de los últimos períodos.
Sergio Niklitschek, presidente del Consorcio Lechero. Importador neto La paradoja es que, pese a su actual dinamismo, Chile sigue siendo un importador neto de lácteos. En 2025, las compras externas alcanzaron los US$ 468,1 millones, muy por sobre los US$ 323,7 millones exportados, configurando un déficit cercano a US$ 144 millones.
Para la industria local, los números confirman una oportunidad. “Si la producción de leche crece a tasas de 2,5% anual, Chile dejaría de ser importador neto en aproximadamente 10 años”, proyecta el líder del Consorcio, delineando un horizonte donde la industria local finalmente logre equilibrar la balanza con el mercado externo. Por otra parte, el consumo de lácteos en Chile alcanza actualmente los 140 litros per cápita, lejos de los entre 180 y 200 litros que recomiendan internacionalmente los programas de nutrición.
De este modo, el potencial de expansión del consumo interno es de 30%, unos 40 litros adicionales por persona. Sin embargo, al ritmo actual de crecimiento se prevé que esa meta solo se alcanzaría en 25 años. Eficiencia y nudos Detrás del nuevo enfoque estratégico de importar commodities y exportar productos de alto valor existe además un cambio más profundo: en la última década ha disminuido el número de productores chilenos, pero los que permanecen han elevado significativamente sus niveles de eficiencia, incorporando más tecnología y mejores prácticas.
“Hoy los productores son comparables a estándares de Europa o Estados Unidos”, explica el ejecutivo. Ese giro también se explica por un cambio en la percepción internacional. Tras la cumbre mundial del sector realizada en Santiago en octubre, la industria local pasó de ser prácticamente invisible a posicionarse como un proveedor potencial de productos de alta calidad.
“Antes, Chile no existía en el mapa lácteo global. Hoy somos una alternativa”, sostiene Niklitschek. El objetivo es claro: construir una “marca Chile” en lácteos que permita capturar valor en mercados exigentes, más que competir en economía de escala.
Sello de origen Ante la imposibilidad de competir en volumen, la sostenibilidad pasó de ser un atributo diferenciador a una condición de acceso. A través del sello “Chile Origen Consciente”, el sector ya cuenta con más de 260 predios certificados, cubriendo 30% de la producción nacional. “La presión no viene tanto del consumidor final, sino del retail, que exige estos estándares para mantener los productos en góndola”, revela el ejecutivo, añadiendo que ya existe una industria que bonifica este cumplimiento.
A los desafíos de mercado se suman factores que trascienden lo productivo. Desde la corporación plantean que la seguridad rural es hoy una preocupación crítica ante el robo de infraestructura tecnológica en predios, fenómeno que se suma a la necesidad de adaptar la legislación laboral a faenas que operan los 365 días del año. “Las regulaciones están hechas para los malls, pero no para el campo”, advierte Niklitschek, señalando que la falta de adaptabilidad legal y la inseguridad son hoy los principales frenos para la llegada de nuevos capitales.
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