Comunidad Palestina de Chile conmemoró la Nakba con llamado a la memoria, justicia y coherencia internacional
La Comunidad Palestina de Chile realizó en el Club Palestino una solemne y emotiva conmemoración de la Nakba, término árabe que significa “catástrofe” y con el cual el pueblo palestino recuerda el proceso de expulsión masiva, destrucción de pueblos y pérdida territorial ocurrido en torno a 1948, en el contexto del establecimiento del Estado de Israel y la guerra árabe-israelí. El acto contó con la presencia de destacadas personalidades de la colectividad palestina en Chile, entre ellas figuras políticas como Isabel Plá Jarufe, Patricio Hales y Marcela Sabat; empresarios y representantes del mundo social y comunitario como Alejandra Mustakis, Mario Dabed y Ricardo Meruane; además de miembros del cuerpo diplomático, entre ellos el embajador de Francia, la embajadora de Marruecos, el embajador de Sudáfrica y representantes de la Embajada de Italia. También asistieron los senadores Andrés Longton, Diego Ibáñez, Iván Moreira, y los diputados Cristián Araya y Diego Schalper.
La ceremonia se inició con la lectura del poema “Nosotros amamos la vida”, del poeta palestino Mahmoud Darwish, recitado por un niño llegado desde Gaza en 2025. El gesto dio un tono profundamente humano a una jornada marcada por la memoria, la identidad y el dolor de una comunidad que mantiene vivos sus vínculos con Palestina. Posteriormente, Maurice Khamis, presidente de la Comunidad Palestina de Chile, pronunció un discurso en el que recordó que la Nakba no constituye solo un hecho histórico, sino una realidad que, a su juicio, sigue vigente.
“Hace setenta y ocho años, el pueblo palestino fue arrancado de su tierra. Más de 750 mil hombres, mujeres, niños y ancianos fueron expulsados de sus hogares, mientras cientos de pueblos y aldeas palestinas eran destruidos para borrar no solo una presencia física, sino también una memoria, una identidad y una historia”, señaló. Khamis agregó que “esa catástrofe no terminó en 1948” y sostuvo que continúa “cada vez que una familia palestina es expulsada de su hogar en Jerusalén o Cisjordania, cada vez que un niño es asesinado en Gaza, con los asentamientos ilegales, con el muro, con el bloqueo, con la ocupación y con la impunidad”.
En su intervención, el presidente de la Comunidad Palestina de Chile también vinculó la historia de la diáspora palestina en el país con la memoria de la Nakba. Destacó que miles de familias llegaron a Chile “con apenas una maleta, una llave, una fotografía o una carta escrita en árabe”, y que, desde entonces, contribuyeron al desarrollo del país sin renunciar a su identidad. “El Club Palestino ha sido mucho más que un espacio social.
Ha sido un refugio de identidad, memoria y encuentro para generaciones de palestinos y chileno-palestinos”, afirmó Khamis, quien hizo además un llamado directo al Estado de Chile y a la comunidad internacional, señalando que “no basta con expresar preocupación mientras Gaza es destruida” y que “frente al sufrimiento palestino, el silencio se transforma en complicidad”. “Palestina no pide privilegios. Palestina pide justicia.
Y aunque han intentado borrar un pueblo entero de la historia, Palestina sigue viva: vive en su gente, vive en su cultura, vive en su resistencia y vive también aquí, en Chile, en cada familia que se niega a olvidar”, concluyó. Uno de los momentos más significativos de la jornada fue protagonizado por alumnos del Colegio Árabe, entre ellos dos niños llegados desde Cisjordania el año pasado, quienes recitaron en conjunto el poema “Yo soy de allí”, también de Mahmoud Darwish. La embajadora del Estado de Palestina en Chile, Vera Baboun, participó mediante un video enviado desde Palestina.
En su mensaje, llamó a Chile a mantener una posición firme frente a la situación del pueblo palestino. “Llamamos a Chile a seguir del lado correcto de la historia, en contra de la colonización, del genocidio, en contra de la injusticia”, señaló la diplomática. A continuación, se exhibió un video con imágenes históricas de la Nakba y el testimonio de Laila Beitro, sobreviviente de la catástrofe palestina que actualmente vive en Chile.
Su relato conmovió profundamente al público, compuesto en gran parte por palestinos nacidos en su tierra de origen, además de hijos, nietos y descendientes de inmigrantes. El cierre de la ceremonia estuvo a cargo del senador y vicepresidente del Senado, Iván Moreira, quien comenzó agradeciendo el aporte de la comunidad palestina al desarrollo de Chile y valoró el trabajo de la Comunidad Palestina de Chile y de su presidente por acercar a la sociedad chilena la realidad que vive el pueblo palestino. “La Nakba es una ocasión para honrar a los caídos y abrazar a los que sobrevivieron”, expresó Moreira, quien sostuvo que esta conmemoración “no busca volver a abrir heridas, porque esas heridas siguen abiertas”, y afirmó que la defensa de Palestina no debe entenderse únicamente como un acto de solidaridad, sino como una defensa de los intereses de Chile en favor de un mundo regido por normas y no por la fuerza.
“Hoy estamos frente a un genocidio que está siendo opacado por el conflicto con Irán”, señaló Moreira, agregando que “no hay peor precedente para el sistema internacional que permitir el despojo que comenzó en 1948 y que continúa hasta hoy”, y recordó que Chile ha mantenido una posición de condena a la ocupación israelí y de respaldo a la autodeterminación del pueblo palestino. “Chile tiene una obligación legal y también moral por la importante comunidad palestina que vive en nuestro país. Estoy comprometido por el resto de mi vida con la libertad de Palestina”, afirmó.
Chile es reconocido como el país fuera del mundo árabe con la mayor comunidad de origen palestino, estimada entre 500 mil y 700 mil personas, y como el principal centro de la diáspora palestina cristiana en el mundo. Esa realidad volvió a quedar de manifiesto en una conmemoración que combinó poesía, testimonio, memoria histórica y un llamado político a la justicia, en una noche marcada por la emoción y por la afirmación de una identidad que, a 78 años de la Nakba, sigue profundamente viva en Chile.
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