Columna de J.J.Jinks: Plateada con puré
En un memorable chascarro televisivo de las teleseries de los noventa (ay, esos años), un lozano y buenmozo Jaime Vadell almorzaba en un estupendo club de golf con Álvaro Escobar. El mozo les decía que el chef estaba en huelga y que la colación (sic) era carne mechada con puré. Lo que desataba las carcajadas de Escobar, y con ello, de Vadell y de todos los extras.
La escena se repitió una y otra vez e impajaritablemente Escobar explotaba de la risa. Un menú fuera de lugar del pomposo club gatillaba la reacción, pero es la risa incontenible de Escobar lo que le dio un lugar en el panteón de los chascarros. La famosa invitación del Presidente Kast a sus compañeros de generación de Derecho en la PUC constaba de un almuerzo austero para ser en el Palacio de La Moneda: tartar de tomate (o sea tomate) y plateada con puré.
Pero esta vez no causó risas, ninguna. Entre la pareja Manouchehri-Cicardini siempre preocupada de lo trascendente para la civilización humana, una opinión pública que desconfía terriblemente del poder y una vocería siempre excesivamente enfática y atolondrada del gobierno, terminaron por incomodar al Presidente que terminó enredado en un problema tan previsible como absurdo. Chile siempre ha sido un lugar especial en el trato a sus autoridades.
Esta semana se conoció que las municipalidades a nivel agregado gastan más en fiestas y celebraciones que en ayuda social. Un escándalo por donde se le mire que involucra miles de millones de pesos, pero ya a esta altura salió de los titulares, nadie hará nada y así seguirá la historia hasta probablemente un año más donde lo volvamos a leer y nos volveremos a “escandalizar” durante un par de días. Esto es un botón más del despilfarro del Estado que se da donde uno rasca un poco.
Pero vaya un Ministro querer ir a dejar a sus hijos en la mañana al colegio en el auto fiscal. Imposible, totalmente prohibido. Tiene que ir en Uber hasta el colegio y ahí ser recogido por el chofer rumbo al trabajo.
Eso nos encanta, schadenfreude frente a las penurias de nuestras autoridades, pero con un requisito básico: siempre enfocado en lo pequeño. El autor inglés Robert Burton que acuñó a comienzos del siglo XVII la expresión “penny wise and pound foolish” realmente se habría solazado de conocer el Estado chileno. Por eso en el plateada-gate el Presidente Kast tuvo que salir al rescate diciendo que el convite lo pagaba él para intentar aminorar los costos de una mala decisión.
Por supuesto los que nunca se cansan de reclamar empezaron a decir que los mozos y cocineros eran de La Moneda y suma y sigue. Se ha sostenido que todas las críticas en este caso son una muestra de provincianismo e incluso el Presidente ha conseguido apoyo en este tema desde la oposición. Pero siempre de gente cercana al poder, al ciudadano de a pie, que es el que importa, le pareció pésimo el almuerzo.
Poco importa si los chilenos somos provincianos en nuestra aproximación a estos temas, lo verdaderamente preocupante es el desconocimiento mostrado por parte del Presidente y de sus asesores de cómo reaccionan frente a las prebendas del poder. En medio de decisiones trascendentales para el país este chascarro pudo y debió ser evitado.
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