Claudia Escobar: “A las cinco de la tarde ya están todos guardados”
Irma (81) es una mujer pobre, analfabeta, madre de cuatro hijos, uno de los cuales es soltero y adicto a la pasta base. “Sin vuelta”, como dice ella. Vive aún en la mediagua que le facilitó el Hogar de Cristo hace más de cuatro décadas.
Está sola, pese a que es abuela, bisabuela y tatarabuela, y a que vive pendiente de ese hijo “sin vuelta” y de todos quienes la necesitan. Su compañía más regular es la de las monitoras del servicio de atención domiciliaria que la fundación del padre Hurtado mantiene en San Bernardo. Ellas llegan un par de veces a la semana para saber cómo está.
“Y me ayudan a sacar hora en el consultorio, me acompañan a las consultas médicas. Una vez al mes me traen una caja con arroz, papas y fideos. Bolsas de pañales.
Esa es una gran ayuda, porque la pensión no alcanza”, repite varias veces. Irma complementa su PGU vendiendo objetos de plástico en la feria libre. Para contar con mercadería, hace ya un par de años se “encalilló” con gente del Tren de Aragua, lo que ha sido una verdadera pesadilla.
—A su hijo, el que ella dice que “no tiene vuelta”, lo acuchillaron para amedrentarla. La tienen amenazada con matarla. Nosotros hemos hecho todo para ayudarla a saldar la deuda, pero vuelve a pedir crédito.
Es difícil que entienda que con su simpatía y personalidad esos tipos la van a dejar tranquila. Quien habla es Claudia Escobar, trabajadora social del Hogar de Cristo y jefa del programa que visita y apoya a 60 adultos mayores en sus domicilios. Tiene larga experiencia atendiendo a los más pobres de la comuna.
Es, además, vecina de San Bernardo de toda la vida, por lo que conoce en profundidad la realidad local y los cambios que ha traído el crecimiento. Invitada a “Hora de Conversar”, el programa que transmite El Mostrador, ahondó en la situación de la población mayor. —Son cerca del 15% de los vecinos de San Bernardo, unas 60 mil personas.
Comparto con el alcalde, Christopher White, que están viviendo aterradas, muy atemorizadas y encerradas por el clima de inseguridad en la comuna. Esto ha alterado sus dinámicas y rutinas diarias. —Tú atiendes a 60 de esas 60 mil personas, considerando que son las más pobres y vulnerables dentro de ese universo.
Cuéntanos en qué consiste esa atención. —Sí, nosotros trabajamos con los más excluidos y, por lo mismo, con quienes están más solos. Buscamos que se conecten con los servicios sociales comunales y accedan a los beneficios a los que tienen derecho.
Los visitamos en sus domicilios y trabajamos con ellos las distintas áreas en que requieren apoyo: salud, vivienda, trabajo y vínculos. Nuestro objetivo es potenciar sus capacidades y dejarlos conectados con las ayudas del territorio, de manera que luego puedan acceder a ellas de forma independiente y autónoma. La dañada salud mental El nombre también es ficticio.
Ana (78) es una mujer mayor, sola, cuya principal motivación ha sido la crianza de un nieto que le dejó una hija de la que nunca más supo. Lo cuidó, logró que estudiara, lo mimó y le dio más de lo que podía. Hoy vive con una decepción y una pena profundas: el nieto de sus ojos integra una banda que ha hecho noticias por cometer “turbazos” contra vecinos que esperan locomoción en paraderos de San Bernardo.
—Yo soy mamá y ese caso me estremece. No hay dolor más grande que ver a un hijo —o a quien criaste como tal— desconociendo todo lo que le enseñaste. Tomando el camino incorrecto, dañando a otros, traicionando los valores que creíste haberle transmitido.
Miro a Ana y me duele su dolor, su enorme decepción. Ana también participa del servicio de apoyo domiciliario del Hogar de Cristo para personas mayores. —¿Qué hacen ustedes en casos como este?
—Apoyamos en lo concreto y cotidiano: mercadería, acompañamiento a citas médicas. Nuestro equipo no cuenta con psicólogos para situaciones complejas, pero sí entregamos contención emocional, más bien afectiva. Además, nuestras técnicas sociales exploran si la persona mayor podría estar entrando en depresión u otra condición de mayor gravedad, y le buscamos atención especializada.
Conversar, escuchar, prestar ese oído atento del que tanto carecen las personas mayores es parte central del servicio que lidera Claudia. “Vivimos tratando de convencer a los participantes de iniciar tratamientos de salud mental. También promovemos su participación en actividades recreativas y educativas, en talleres de todo tipo.
Muchas personas mayores son cristianas y el vínculo con las iglesias resulta muy útil para ellas. Lo espiritual es una tremenda ayuda”, señala. Todo cambia San Bernardo ha experimentado cambios vertiginosos.
De ser una comuna de raíz casi campesina, se ha transformado en un territorio desarrollado y autosuficiente, con múltiples ventajas, pero también con grandes dificultades. —Pasamos de lo que llamo el antiguo narcotráfico al crimen organizado en la comuna. Los delincuentes actuales se organizan de forma distinta y afectan la institucionalidad y la dinámica social.
Tal como lo señaló el alcalde, la solución para muchos, especialmente para las personas mayores, ha sido encerrarse. —A las cinco de la tarde ya están todos en sus casas. Realizan compras y trámites en la mañana, cuando todo está más tranquilo.
Las plazas han perdido vida: se han transformado en escenarios de actos delictivos o situaciones complejas. No ocurre siempre, pero el temor está instalado. Hay mucho temor.
—El alcalde de San Bernardo, Christopher White, fue categórico respecto de las personas en situación de calle. ¿Qué te parece su postura? —Yo veo esa realidad de manera muy distinta.
No creo que todas las personas en situación de calle sean delincuentes o que estén ahí por decisión propia. Es un mundo complejo: algunos tienen antecedentes, pero la mayoría son hombres y mujeres que han sido vulnerados durante toda su vida. No han contado con herramientas, redes familiares ni apoyos institucionales.
Encarnan la falla del sistema. Insiste en la alta proporción de personas con patologías mentales no tratadas y problemas de consumo. “Como país estamos al debe, porque no existe una intervención profunda para ayudarlos.
Son la manifestación más extrema de la pobreza severa y, en muchos casos, adultos mayores”, afirma. Mensaje al alcalde El Hogar de Cristo cuenta con diversos dispositivos en la comuna de San Bernardo para personas en situación de calle: un Centro de Día y una Casa Compartida, ambos con enfoque reparatorio, no paternalista. —¿Los desalojos de rucos son dañinos para las personas en calle?
—Por supuesto. Muchas de esas personas son mayores, doblemente envejecidas por la dureza de la vida en la calle. En estos desalojos pierden medicamentos o citas médicas, y quedan profundamente afectados y asustados.
—Sin embargo, hay vecinos que respaldan al alcalde porque sienten que está actuando. —Algunos sí, pero en los espacios donde yo trabajo no es así. Además, es una medida que no cumple el objetivo y supone un alto costo económico y humano.
Las personas no desaparecen: se desplazan. —Como trabajadora social, ¿qué le dirías al alcalde? —Valoro que sienta la urgencia de actuar; sería peor que se quedara impávido mirando el techo.
Pero espero que visite nuestros programas y conozca el trabajo en red. Que se interiorice en iniciativas como Vivienda Primero, que financia el Ministerio de Desarrollo Social. Aunque el Hogar de Cristo no lo ejecuta en San Bernardo, otras instituciones lo hacen con buenos resultados.
—¿Qué significa buenos resultados? —Que las personas se mantienen en sus viviendas, adhieren a una nueva vida, participan en talleres, mejoran su salud y logran reinsertarse social y familiarmente. Incluso conozco el caso de un hombre que trabaja con plantas medicinales, las vende y obtiene ingresos, además de una gran satisfacción personal.
-Como trabajadora social, ¿qué le dirías al alcalde White? -Yo agradezco haberlo visto hoy, haberme topado con él, tener ahora un contacto directo. Espero que visite nuestros programas.
Que se interiorice de Vivienda Primero, un servicio que financia el Ministerio de Desarrollo Social. Hogar de Cristo lo opera en San Bernardo, junto a otras instituciones. Hay personas mayores derivadas a mi programa para hacer una intervención en conjunto y llegar a los objetivos más rápido.
La verdad es que es un trabajo que ha funcionado súper bien.
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