Científicos logran congelar tejido cerebral y que este recupere su actividad tras descongelarlo
¿Se pueden congelar cerebros para volver a usarlos? Un estudio de investigadores de la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Núremberg (FAU) y del Hospital Universitario de Erlangen sugiere que la preservación funcional del tejido cerebral mediante frío extremo podría ser más factible de lo que se creía hasta ahora. Los científicos, de hecho, tuvieron éxito, aunque a pequeña escala: lograron congelar tejido cerebral de un ratón y, tras descongelarlo, en algunas muestras, las neuronas volvieron a intercambiar señales eléctricas y responder a estímulos de forma cercana a la normal.
Los resultados de este experimento se publicaron en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y el hallazgo más significativo fue la detección de potenciación a largo plazo en las sinapsis, que es el proceso mediante el cual las conexiones entre neuronas se refuerzan con el uso y que se considera el mecanismo celular central del aprendizaje y la memoria. “Lo fundamental no fue solo que algunas células sobrevivieran, sino que el tejido conservara sus características funcionales esenciales”, explicó a IFLScience el doctor Alexander German, autor principal del estudio. Lee también...
Pacientes que "vieron el más allá": qué dice la ciencia sobre experiencias cercanas a la muerte Martes 17 Marzo, 2026 | 18:01 Sobreviviendo como una salamandra siberiana En un comunicado de la FAU, los científicos explican que un elemento clave para avanzar en esta tecnología es comprender los mecanismos de la salamandra siberiana (Salamandrella keyserlingii), que puede sobrevivir durante décadas enterrada en el permafrost, a temperaturas de hasta 50 grados bajo cero. Su secreto está en el hígado, capaz de producir alcohol glicerínico, una especie de anticongelante biológico que evita que el frío destruya sus células. Ese mecanismo natural lleva años inspirando a los científicos que sueñan con aplicar algo parecido al tejido más delicado del cuerpo humano: el cerebro.
El problema de congelar un cerebro no es el frío en sí, sino lo que ocurre cuando el agua del tejido se solidifica. Al congelarse, el agua aumenta de volumen y forma cristales que pueden deformar o desgarrar la delicada estructura microscópica del cerebro. Y esa fragilidad tiene una razón: el cerebro funciona gracias a una organización microscópica extraordinariamente compleja.
No se trata simplemente de células individuales, sino de una red de conexiones y sinapsis cuya integridad es indispensable para que la actividad neuronal pueda reanudarse. La solución explorada por el equipo alemán se conoce como vitrificación. En lugar de permitir que el agua del tejido forme hielo de manera convencional, el material se enfría de forma extremadamente rápida –mediante nitrógeno líquido a −196 °C–.
Ese enfriamiento súbito reduce la probabilidad de que se formen cristales y hace que gran parte del agua del tejido se solidifique en un estado amorfo, más parecido al vidrio que al hielo, lo que reduce significativamente el riesgo de que la estructura celular resulte dañada. *Tejido cerebral a -160 grados Celsius. El de la izquierda se conserva por vitrificación, mientras que el de la derecha se destruye por cristalización y agrietamiento | Crédito: Alexander German El método, en realidad, ya existía.
Lo que faltaba era una forma de aplicarlo al tejido nervioso sin destruirlo. Los crioprotectores químicos que se utilizan para impedir la formación de hielo resultan, al mismo tiempo, tóxicos para las neuronas. Ese había sido uno de los principales obstáculos para aplicar la técnica al tejido nervioso.
En concreto, el equipo trabajó con cortes finos del hipocampo de ratón –una región clave para la memoria– que fueron conservados entre diez minutos y siete días a −150 °C. Tras descongelarlos, las membranas neuronales aparecían intactas, las mitocondrias no mostraban signos de daño metabólico y las neuronas respondían a estímulos eléctricos de forma casi normal. Todavía lejos de congelar un cerebro humano Aun así, el avance tiene límites claros y está lejos de ser un milagro.
En el experimento, solo algunas muestras recuperaron una actividad cercana a la normal. Además, los cerebros de ratón son diminutos en comparación con el humano: enfriar y recalentar órganos más grandes de manera uniforme representa un desafío completamente distinto. El investigador Mrityunjay Kothari, de la Universidad de New Hampshire, que no participó en el estudio, declaró a Earth.
com que “este tipo de avances es lo que convierte gradualmente la ciencia ficción en una posibilidad científica”. Aun así, advirtió que aplicaciones como el almacenamiento de órganos completos siguen muy por encima de las capacidades actuales. En ese sentido, los propios investigadores subrayan que el resultado no implica que sea posible congelar personas para revivirlas en el futuro.
Las aplicaciones más inmediatas del hallazgo, de hecho, están muy lejos de ese tipo de escenarios. Lee también... Logran que un implante cerebral traduzca los pensamientos al habla en tiempo real Martes 01 Abril, 2025 | 08:58 Sin embargo, el trabajo sí apunta a posibles aplicaciones científicas y médicas en un futuro más cercano.
Por ejemplo, el tejido cerebral extraído durante cirugías –como ocurre en algunos pacientes con epilepsia– podría conservarse durante largos periodos para estudiar enfermedades neurológicas o probar nuevos fármacos. A más largo plazo, la criomedicina también podría beneficiarse de este tipo de avances. Mejorar la conservación de órganos destinados a trasplantes, proteger el sistema nervioso tras lesiones graves o incluso ganar tiempo en situaciones en las que aún no existe tratamiento disponible son algunas de las posibilidades que menciona el propio German.
Por ahora, la conclusión es más modesta, pero igualmente intrigante: con la combinación adecuada de química y un protocolo preciso, este tipo de tejido puede conservar mucha más funcionalidad de lo que se creía posible hasta hace muy poco. La salamandra siberiana lleva millones de años perfeccionando su truco. Los científicos de Erlangen, por su parte, acaban de dar un paso importante para empezar a comprender cómo replicarlo en el laboratorio.
Referencia: Alexander German y otros autores. Functional recovery of the adult murine hippocampus after cryopreservation by vitrification. PNAS, 2026.
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