Chiloé enfrenta una crisis hídrica que no es por falta de lluvia
Cada verano, en sectores rurales del archipiélago de Chiloé, los pozos y vertientes que abastecen a las comunidades pierden caudal o se secan. No porque el invierno haya sido seco, sino porque el paisaje ha perdido la capacidad de retener e infiltrar el agua que recibe. Ancud supera los 2.
000 milímetros anuales de precipitación en la mayoría de los años, según registros de la Dirección General de Aguas. Aun así, la DGA ha decretado escasez hídrica en la provincia en 2017, 2021, 2024 y 2025. En 2022, la Delegación Presidencial Regional de Los Lagos destinó más de 552 millones de pesos solo en camiones aljibe para la provincia, una respuesta de emergencia que se repite cada año sin atacar la causa de fondo.
La causa está en la pérdida progresiva de los ecosistemas que siempre regularon el agua del archipiélago. Las turberas de musgo Sphagnum, capaces de retener hasta 20 veces su propio peso en agua, han sido degradadas por décadas de extracción intensiva del pompón. Más de 10.
268 hectáreas de bosque nativo desaparecieron en la provincia entre 1998 y 2013. Y una proporción significativa del suelo agropecuario presenta erosión hídrica activa, lo que impide que el agua de lluvia percole hacia los acuíferos y napas que alimentan pozos y vertientes en verano. «La lluvia no ha desaparecido.
Lo que ha cambiado es la capacidad del territorio de retenerla. Cuando el agua cae sobre suelos degradados o ecosistemas destruidos, se pierde como escorrentía antes de llegar adonde se necesita”, sostiene Rodrigo Marín líder de Cultura Regenerativa de La Ciudad Posible, organización que junto a comunidades rurales, agricultores, comités de agua potable rural, instituciones públicas y el mundo académico, trabajan para articular respuestas que ya existen en el territorio: restauración de bosque nativo, conservación de turberas, ganadería regenerativa, agroecología y diseño hidrológico de paisajes que frene la escorrentía y dirija el agua hacia la recarga de acuíferos. EXPERIENCIA POSITIVA La experiencia de Nal Alto, en Ancud, es un ejemplo de acciones y resultados concretos que surgen de la coordinación público -privada y colaboración local, en esta localidad, 34 familias y dos servicios públicos lograron abastecerse durante todo el año gracias a una red gravitacional construida a partir de una vertiente comunitaria.
El resultado: un ahorro de 17,9 millones de pesos anuales en camiones aljibe para el municipio, con una inversión inferior a su costo en menos de dos años. La institucionalidad vigente marca una hoja de ruta: la Política Regional para la Sostenibilidad Hídrica 2024–2034 del Gobierno Regional de Los Lagos, el Plan Estratégico de Gestión Hídrica de la DGA para las cuencas del archipiélago y la Ley 21. 660 de Protección Ambiental de Turberas —promulgada en 2024— abren un marco claro.
El desafío es que comunidades, sector privado, academia y servicios públicos se sumen con acciones concretas a escala local.
¿Te pareció importante esta noticia?
Compártela y mantén informado a Chile