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Chile con la banda ancha mas rápida y barata: ¿Cuáles son los desafíos?
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21:00 · Chile

Chile con la banda ancha mas rápida y barata: ¿Cuáles son los desafíos?

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Por Bernardo GarayHay datos que, a primera vista, parecen indiscutiblemente positivos. Que JP Morgan destaque a Chile como el país con las tarifas de banda ancha fija más baratas de América Latina, o que Ookla lo ubique como líder mundial en velocidad, son señales potentes de éxito. En cualquier ranking, en cualquier narrativa, Chile aparece como un referente digital.

Pero el problema —y aquí es donde conviene detenerse— es que no todo liderazgo implica desarrollo pleno. El Gobierno, a través de la Subsecretaría de Telecomunicaciones, ha celebrado estos resultados como prueba de que el país es un “líder en conectividad digital”. Y en términos estrictamente técnicos, tiene razón.

Chile ha logrado algo que muchos países aún persiguen: infraestructura robusta, precios competitivos y una red de alta velocidad que compite con economías desarrolladas. Sin embargo, la pregunta relevante no es si Chile está bien posicionado, sino qué tan profundamente ese liderazgo se traduce en integración social, productividad y equidad. Porque la conectividad no es solo un dato de velocidad ni una tarifa baja.

Es, en esencia, una herramienta de acceso. Y ahí comienzan las tensiones. Chile tiene una ventaja comparativa evidente: solo cerca de un 6% de los dispositivos son de baja calidad, muy por debajo de países como Paraguay o Colombia.

Esto habla de un ecosistema tecnológico más maduro. Pero incluso con esa base favorable, persisten brechas estructurales que el mercado por sí solo no resuelve. El propio diagnóstico lo reconoce: el poder adquisitivo y la alfabetización digital siguen siendo factores determinantes.

Es decir, tener internet rápido y barato no garantiza que todos puedan usarlo de manera efectiva. Aquí aparece una paradoja interesante. Chile puede ser líder global en velocidad, pero aún enfrenta desafíos internos que lo acercan más a las desigualdades de América Latina que a los estándares de los países desarrollados.

La infraestructura avanza más rápido que la capacidad social de aprovecharla. Y eso no es un detalle menor. Porque en un mundo donde la economía digital define oportunidades, educación, empleo y acceso a servicios, la brecha ya no es solo de conexión, sino de uso significativo.

No basta con estar conectado; importa cómo, para qué y con qué herramientas. El dato de los US$3,12 por 100 Mbps —el más bajo entre siete países de la región— confirma que Chile ha hecho bien una parte del trabajo. Pero también expone el límite de ese logro: la política pública no puede quedarse en el precio ni en la velocidad.

El desafío es otro. Mucho más complejo. Se trata de transformar la conectividad en capacidad.

De convertir la red en inclusión real. De pasar del ranking al impacto. Porque si no se da ese salto, Chile corre el riesgo de convertirse en un caso emblemático de algo que empieza a ser cada vez más común en el mundo: países altamente conectados, pero socialmente desconectados.

Y ahí, el liderazgo deja de ser una ventaja. Y se transforma en una ilusión.

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