Capitanes de mesa, dobles de Bad Bunny y el regreso de las damas de honor: nuevas tendencias de matrimonios en un Chile donde cada vez más parejas deciden casarse
María Jesús tiene 25 años y en octubre se casa. Pero más que pensar en el menú o en las flores, su cabeza está puesta en otra cosa: cómo lograr que su matrimonio se sienta distinto. No solo para ella y su pareja, sino también para quienes estarán sentados en las mesas.
Quiere que el día tenga un sello propio, casi como una pequeña puesta en escena donde cada invitado tenga un rol. En esa lógica, ya tomó una decisión que marcará la estética del evento. Sus hermanas usarán vestidos hechos con la misma tela, un diseño que, además, se repetirá en las corbatas de los hombres de su familia.
Una forma —dice— de distinguirlos dentro de la celebración y de darles un protagonismo especial en una jornada que, aunque gira en torno a los novios, también quiere reconocer a quienes han estado siempre cerca. Pero la coordinación no termina ahí. Entre sus amigas también habrá una regla: todas deberán vestir dentro de una misma gama de colores.
No necesariamente el mismo vestido, pero sí una paleta común que permita que, al verlas juntas, se perciba una armonía. Es una tendencia que cada vez aparece más en matrimonios en Chile y que busca que el evento tenga una estética coherente. La idea, en realidad, no es nueva.
Durante décadas ha sido un recurso habitual en las películas estadounidenses de bodas: el grupo de amigas que acompaña a la novia durante el día, la ayuda a prepararse y se distingue visualmente del resto de los invitados. Son las llamadas damas de honor, un pequeño círculo íntimo que no solo cumple un rol práctico en la ceremonia, sino que también funciona como parte del relato visual del matrimonio y que cada vez está más presente en los matrimonios en Chile. María Jesús reconoce que, en su caso, esto no es una regla ni algo que decidió sola, es simplemente su entorno a quienes les gusta el “show” y tienen ganas de ser incluidas en el evento, al igual que la novia las quiere como protagonistas durante la jornada.
Con “dresscode” incluido, quienes apuestan por una temática en la vestimenta La preocupación por la imagen del matrimonio ya no se limita a los novios, ni a sus familiares y amigos más cercanos. En muchos casos, los invitados también reciben instrucciones claras sobre cómo vestirse, una práctica que cada vez se vuelve más común. Algunas parejas hoy incluyen en sus invitaciones un tema o código de vestimenta.
Puede ir desde indicaciones simples —como asistir dentro de una misma gama de colores— hasta conceptos más específicos, como “la costa italiana”, esperando que los invitados adapten sus tonos, telas o estilos a esa idea. Quienes optan por un dress code suelen considerar la estación, el lugar y el momento del día. Así, en matrimonios de playa se sugieren colores más alegres o neutros; en otros casos, derechamente se pide asistir todos de un solo color.
Marta (32), que se casó el año pasado, decidió llevar esa lógica al extremo. Española radicada en Chile desde hace más de ocho años, quiso que su matrimonio respetara las tradiciones de su país natal. El resultado fue una ceremonia que combinó elementos clásicos en el vestuario con decisiones más modernas, como ser casada por una amiga.
“En Chile las celebraciones se parecen más a una fiesta que a un matrimonio. En España son más tradicionales y completamente elegantes”, cuenta. Por eso, en la invitación especificó un código claro: black tie.
Es decir, hombres con traje y corbata y mujeres con vestido largo. Lejos de ser una rareza, este tipo de instrucciones aparece cada vez más en las invitaciones. Para muchas parejas, pedir un dress code es una forma de asegurar que la estética del matrimonio funcione como un todo.
“Capitán” de mesa y el rol de los invitados Aunque ya lleva un tiempo, el llamado “capitán de mesa” se está instalando con fuerza en los matrimonios recientes. La lógica es simple: cada mesa tiene un invitado designado para mantener la energía arriba durante la celebración. En la práctica, el capitán funciona como una especie de animador informal del grupo.
Su tarea comienza desde que los invitados se sientan: romper el hielo si no todos se conocen, proponer brindis, organizar pequeños juegos y, cuando la fiesta ya está en marcha, empujar a su mesa a la pista de baile. En algunos matrimonios incluso se reparten instrucciones antes de la ceremonia o se anuncian dinámicas durante la noche, lo que termina generando una especie de competencia entre mesas por ver cuál es “la más prendida”. El rol también tiene un lado logístico.
Invitados que han asumido esa tarea cuentan que deben preocuparse de que nadie se quede sin bebida, que todos estén coordinados cuando comienzan ciertas actividades y que la conversación no se apague. En algunos casos, incluso deben organizar desafíos o momentos específicos que los novios prepararon para la fiesta. “Si no todos se conocen, la idea es que interactúen entre ellos y que la experiencia del matrimonio sea agradable”, explica Clarita, quien fue designada capitana de mesa en un reciente matrimonio.
Según cuenta, su función era precisamente esa: activar a su grupo, asegurarse de que participaran y que su mesa no pasara desapercibida durante la celebración. La aparición de este tipo de dinámicas refleja también un cambio más amplio en la forma de celebrar las uniones en Chile. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), los matrimonios y los Acuerdos de Unión Civil han mostrado un crecimiento interanual durante 2025.
Solo en octubre se registraron 5. 989 matrimonios, un 5,8% más que en el mismo mes del año anterior, mientras que los Acuerdos de Unión Civil alcanzaron los 1. 834, con un aumento de 19,9% respecto a 2024.
Con más parejas celebrando y con matrimonios cada vez más pensados como experiencias compartidas, el capitán de mesa se ha ido transformando en una pieza más del libreto. Aunque la práctica genera debate —algunos la consideran una forma de exponer a invitados que no quieren ser el “alma de la fiesta”—, para otros es precisamente lo que vuelve la celebración más dinámica. Al final de la noche, dicen quienes han participado, siempre queda la misma pregunta flotando entre las mesas: cuál fue la más prendida.
Bad Bunny el rey de las imitaciones en matrimonios Además de hacer participar a los invitados y velar porque todos disfruten de la noche, cada vez es más común que las parejas incorporen momentos de entretenimiento pensados para transformar la fiesta en algo memorable. Las presentaciones en vivo se han vuelto una fórmula para romper el ritmo de la comida y generar un momento de sorpresa colectiva. La idea no es solo entretener, sino también activar la pista y crear recuerdos compartidos entre los asistentes.
Uno de los formatos que más se repite en matrimonios recientes es la aparición de dobles de artistas populares, especialmente del mundo urbano. Y entre ellos hay uno que parece imponerse sobre los demás: Bad Bunny. Juan Pablo Valderas se dedica hace tres años a interpretar al cantante puertorriqueño —en redes se presenta como @benito.
chile— después de que muchas personas le dijeran que tenía un parecido con el artista. Desde entonces, su personaje se ha transformado en un invitado frecuente en matrimonios y eventos. “En los matrimonios la idea es sorprender.
Nosotros entramos en medio de la fiesta y armamos un show donde interactuamos mucho con el público, incorporando a los novios y a los invitados”, explica. El objetivo, dice, es claro: “Que la gente se acerque a la pista y terminemos todos bailando”. La escena suele repetirse: en medio de la celebración aparece el doble del artista cantando algunos de sus éxitos, los invitados sacan los teléfonos, los novios se suman al baile y por unos minutos el matrimonio se convierte en una especie de concierto improvisado.
Pero el entretenimiento ya no se limita a estas apariciones puntuales. Algunas productoras especializadas están apostando por intervenciones artísticas pensadas para integrarse al desarrollo completo del evento. Desde la productora artística Elephant Color explican que buscan crear momentos capaces de marcar la memoria de los invitados.
Para eso combinan performance, música, estética, vestuario e interacción con el público, rompiendo con el formato más tradicional de fiesta. Las ideas pueden ir desde magos que aparecen a la novia en escena, personajes inspirados en Harry Potter que hacen sentir a los invitados dentro de ese universo o performers que recrean personajes icónicos del cine, como Jim Carrey en The Mask. Quienes trabajan en este tipo de eventos coinciden en que la demanda ha cambiado.
Cada vez más parejas buscan celebraciones donde los invitados no solo observen lo que ocurre, sino que también participen activamente. En esa lógica, el matrimonio deja de ser solo una ceremonia seguida de una fiesta: pasa a convertirse en una experiencia diseñada para los detalles donde incluso la ilusión de una estrella del reggaetón puede aparecer —aunque sea por unos minutos— en medio de la pista.