"Campeones de problemas terribles": en Europa evocan crónica italiana que desató Batalla de Santiago
A pocas semanas de que se cumplan 66 años del Mundial 1962 jugado en Chile, un partido de aquel torneo volvió a la palestra: “La Batalla de Santiago”. El encuentro entre La Roja e Italia por la fase de grupos es considerado el más violento en la historia del fútbol, ya que los jugadores de ambas selecciones se repartieron patadas, agresiones e insultos desde el primer segundo de juego. “Es la exhibición de fútbol más estúpida, espantosa, repugnante y vergonzosa en la historia de este juego”, lo definió BBC.
Pero el odio entre chilenos e italianos no se fraguó en el momento. Sino que empezó a percibirse cuando la ‘Azzurra’ llegó al país y se desató por una ofensiva crónica de un medio del país europeo. Así lo recuerda El Mundo, que apunta a lo escrito por el periodista de Il Resto del Carlino, Corrado Pizzinelli, como el autor intelectual del partido más violento del que se tenga registro en el fútbol.
Lee también... En Argentina insisten que Chile les "robó" el Mundial de 1962: "La copa más violenta de la historia" Viernes 17 Abril, 2026 | 12:49 “Santiago es campeón en los problemas más terribles de América Latina” Pizzinelli visitó Chile previo al Mundial de 1962 y dedicó palabras al país que, al parecer, jamás pensó que cruzarían el Atlántico. Tan ofensivas como despreciables, cuando El Mercurio hizo eco de lo publicado en Bologna se desató un odio generalizado hacia Italia que no amainó pese a los esfuerzos del plantel europeo.
“Todo el país había derrochado esfuerzo, recursos e ilusión en este proyecto, concebido como su apertura al mundo. Así que es muy de entender el impacto que produjo el artículo publicado”, destacó El Mundo al recordar la crónica de Il Resto del Carlino. De nada sirvió que la ‘Azzurra’ depositara flores en el Cementerio General, realizara declaraciones de respeto a Chile o acusaran inocencia.
Frases como “en ningún otro lugar uno se siente tan perdido y solo como en la ciudad huésped del Campeonato Mundial de fútbol”; “esta capital es el símbolo triste de uno de los países más subdesarrollados del mundo”; o “Chile es terrible y está afligido por la desnutrición, prostitución, analfabetismo, alcoholismo y miseria” ya habían calado hondo. Lo que ocurriría el 2 de junio en el Estadio Nacional era inevitable. “La Batalla de Santiago” Italia ingresó al campo de juego con seis cambios respecto a su debut con Alemania.
A la cancha solo saltaron los que se atrevieron a jugar. Los claveles blancos que el plantel europeo entregó al público fueron devueltos con insultos y escupitajos. 75.
000 hinchas en las tribunas, como en un coliseo de la antigua Roma, exigían sangre. Y los jugadores chilenos querían, con ánimo de venganza, cumplir ante su público. A los 12 segundos de partido se registró la primera falta.
A los 7 minutos se fue expulsado Giorgio Ferrini tras responder a un planchazo de Honorino Landa. “Las patadas nublan el sol. El duelo Humberto Maschio y Jorge Toro, habitantes del medio campo, hubiera asustado a Ilia Topuria.
Todos pegaban, todos recibían, y el árbitro Ken Aston se movía como un pánfilo, sólo estricto, y hasta lo ridículo, a la hora de fijar el punto de saque de cada falta”, rememoró el citado medio. Habría más. Leonel Sánchez y Mario David se golpearon todo el partido.
El chileno le dio un combo de izquierda y lo mandó al suelo. “No vi nada”, pareció insinuar el juez, que acabó expulsando al europeo cuando pateó la sien de la estrella de La Roja minutos después. El 2-0 final en el marcador poco importó.
Chile respondió a la infame crítica haciendo “justicia” con sus propias manos -y patadas y golpes- ante una Italia que se devolvió a su país antes de lo esperado y derrotada en “La Batalla de Santiago”.
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