Boric: ¿Último engaño "centroizquierdista"? (I)
Desgraciadamente la dictadura de Pinochet fue seguida por una democracia nominal que ha legitimado, consolidado y profundizado el modelo neoliberal impuesto con extrema violencia por aquella. En ello tuvo un rol clave la coalición de partidos proclamadamente de centroizquierda (“Concertación de Partidos por la Democracia”) que gobernó Chile entre 1990 y 2010. En efecto, su principal ideólogo, el DC Edgardo Boeninger, reconoció crudamente en un libro escrito en 1997 (Democracia en Chile.
Lecciones para la gobernabilidad, Edit. Andrés Bello, Santiago) que “a fines de los 80” su liderazgo llegó a una “convergencia” con el pensamiento económico de la derecha, “convergencia que políticamente el conglomerado opositor no estaba en condiciones de reconocer” (p. 369).
Agregando que “la incorporación de concepciones económicas más liberales a las propuestas de la Concertación se vio facilitada por la naturaleza del proceso político en dicho período, de carácter notoriamente cupular, limitado a núcleos pequeños de dirigentes que actuaban con considerable libertad en un entorno de fuerte respaldo de adherentes y simpatizantes” (pp. 369-70). Es decir, diplomáticamente Boeninger reconoció que dicho liderazgo efectuó un gran engaño al pueblo que lo había elegido creyendo en sus concepciones de sustitución del modelo económico impuesto por la dictadura.
Y para lograr que sus bases siguiesen creyendo en él sin darse cuenta de su derechización, la Concertación llegó a un acuerdo de Reforma Constitucional con la derecha y con Pinochet en 1989, por medio del cual le regalaba literal y solapadamente la inminente mayoría parlamentaria que conseguiría el futuro presidente Patricio Aylwin. Solapada, porque el acuerdo fue respecto de 54 reformas –la generalidad de ellas positivas- que se plebiscitarían como un todo y dónde la crucial que veremos no fue conocida prácticamente por nadie: la que modificaba los quórums para aprobar las leyes ordinarias. Lee también...
¿Por qué Gabriel Boric debió pedir permiso al Congreso para salir del país? Miércoles 08 Abril, 2026 | 16:40 En efecto, obviamente pensando en un triunfo de Pinochet en el plebiscito de 1988, la Constitución de 1980 original (Artículo 65) planteaba que bastaría con tener mayoría absoluta en una cámara, y un tercio en la otra para lograr dicha aprobación. Esto lo habría obtenido con seguridad la derecha de haber triunfado Pinochet en el plebiscito, ya que con el sistema binominal era claro que hubiera logrado el tercio de la Cámara de Diputados; y dada la existencia de los 9 senadores designados directa o indirectamente por el mismo Pinochet -y que el resto de los 26 se elegían binominalmente por cada una de las entonces trece regiones- habría tenido demás la mayoría absoluta en el Senado, pese a ser, con casi total seguridad, minoría electoral.
Pero, dada su pérdida en el plebiscito y la inminente elección como presidente de Patricio Aylwin, se dieron cuenta que ese prospecto ¡también habría favorecido a la Concertación y su gobierno! Lo anterior, porque a diferencia de la derecha, su clara mayoría electoral se habría reflejado en la obtención de la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, doblando naturalmente en varios de los 60 distritos electorales binominales. ¡Y habría alcanzado también de todas formas a obtener el tercio del Senado!
Esto, porque era evidente que la Concertación habría elegido al menos un senador en las 13 circunscripciones. Y como el total del Senado original se componía de 35 senadores (26 electos y 9 designados), ¡su tercio era 12! … Entonces, la propuesta de Reforma constitucional que presentó la UDI a comienzos de 1989 –que incluía una reforma crucial del Artículo 65- le vino como “anillo al dedo” a un liderazgo de la Concertación que veía con temor que su giro ideológico copernicano quedaría en evidencia.
Así, la Concertación llegó al acuerdo referido ¡que eliminó la disposición de que las leyes se aprobaban con mayoría en una cámara y un tercio de la otra, dejando los senadores designados, con lo cual se aseguraba que la oposición de la derecha contaría con la mayoría parlamentaria! Esto respecto a la generalidad de las leyes, ya que existían leyes excepcionales (“orgánicas constitucionales”) que estaban “resguardadas” con quórums de aprobación de 4/7 de ambas cámaras. Dicho regalo le permitió al liderazgo concertacionista señalarle a sus bases que “desgraciadamente” el no disponer de la mayoría parlamentaria no le permitía cumplir el programa presidencial de profundas reformas prometido al país, lo cual era efectivo.
Lo que obviamente nunca les aclaró (¡hasta el día de hoy! ) fue que dicha imposibilidad no venía impuesta por la Constitución original de 1980; sino que se produjo por la voluntad concesiva de dicho liderazgo, que le permitió continuar engañando por décadas a sus bases y al país entero de que continuaba sosteniendo las mismas ideas políticas y económicas que cuando era oposición a la dictadura. Sin duda que este ha permanecido hasta hoy como el secreto mejor guardado de la “transición”.
A tal punto que uno de los negociadores de la Concertación de dichos acuerdos, el radical Carlos Andrade, ¡ni siquiera la mencionó en un extenso libro que escribió al respecto! (Reforma de la Constitución Política de la República de Chile de 1980; Edit. Jurídica de Chile, 1991).
Los demás negociadores –que mantuvieron también completo silencio- fueron el DC Francisco Cumplido; los PS-PPD Adolfo Veloso y José Antonio Viera Gallo; y el humanista Juan Enrique Prieto. A su vez, desde la derecha el único que lo ha reconocido es el RN Andrés Allamand, al señalar “los peligros de haber diseñado una Constitución hiperpresidencialista pensando que el general Pinochet ganaría el plebiscito. Ahora tocaría estar al otro lado del mesón y era evidente la conveniencia de disminuir algunas de las exorbitantes facultades del Ejecutivo, como la de disolver la Cámara de Diputados o aquella inaudita que le habría permitido aprobar leyes sólo con mayoría en una cámara y apenas un tercio de la otra” (La travesía del desierto; Edit.
Aguilar, 1999; p. 180). Pero la mantención de dicho engaño requería de algo adicional: De la desaparición de los numerosos medios de prensa de centroizquierda que se habían forjado en la oposición a la dictadura, y cuyos directores y periodistas no habían experimentado el giro copernicano del liderazgo concertacionista.
Porque de haber continuado, se habrían convertido en los reales críticos de sus gobiernos, desengañando a sus bases políticas y sociales de apoyo. Lee también... Jara arremete contra gobierno de Kast: "Tiene el interés puesto en grandes sectores empresariales" Lunes 06 Abril, 2026 | 09:19 Esto explica la solapada y muy efectiva política de dichos gobiernos destinada a terminar con ellos, y que contó con tres mecanismos fundamentales: La sistemática discriminación del avisaje estatal; el bloqueo de ayudas financieras extranjeras; y la compra de algunos de esos medios por personeros de la Concertación, para cerrarlos rápidamente.
De este modo fueron poco a poco desapareciendo todos los medios escritos de centroizquierda que había en 1990, así como los que se crearon después: La Época, Fortín Mapocho, Análisis, Apsi, Hoy, La Bicicleta, Página Abierta, Siete, Rocinante, La Firme, Plan B, Punto Final, etc. Por otro lado, los gobiernos de “centroizquierda” se han negado sistemáticamente a devolver a su dueño (Víctor Pey; y, luego de su fallecimiento, a sus sucesores) los bienes del diario Clarín, el diario de mayor circulación en Chile en 1973. Denunciantes de todo lo anterior –sin ser nunca desmentidos- han sido numerosos directores y periodistas de dichos medios, y especialmente los Premios Nacionales de Periodismo Juan Pablo Cárdenas, Patricia Verdugo y Faride Zerán.
Lo anterior se complementó con la privatización a un grupo económico del canal de televisión de la Universidad de Chile, cuya rectoría pasó a estar en manos de un académico de la Concertación; y con la “neutralización” del canal estatal (TVN) que por ley pasó a ser dirigido por un consejo que -por la forma de elección de sus miembros- aseguraba un permanente “veto” de directores de la oposición de derecha. De tal modo que no quedó ningún canal de TV que hiciese alguna oposición a la virtual administración del modelo económico heredado de la dictadura que hicieron los gobiernos concertacionistas. Y con los años esta derechización del liderazgo concertacionista comenzó a explicitarse francamente en ocasiones, pero sobre todo en libros o revistas y diarios dirigidos fundamentalmente a lectores de sectores sociales más altos.
Así, el poderoso exministro de Aylwin, el socialista Enrique Correa, reconocía en 1997 nada menos que “la transición conducida por una coalición de centroizquierda, legitimó un modelo económico liberal” (El Mercurio; 16-9-1997). Y en el mismo libro ya citado de 1997, Boeninger expresaba que el programa de 1989 de la Concertación, “sin perjuicio de sus evidentes propósitos electorales, tuvo el sentido más profundo de reducir el temor y la desconfianza del empresariado y de la clase media propietaria, condición necesaria para poder sostener, en democracia, el crecimiento sostenido de la economía logrado a partir de 1985. De este modo indirecto, el éxito económico postrero del régimen militar influyó significativamente en las propuestas de la Concertación” (Ibid.
; pp. 368-9). A su vez en 1999, uno de los principales ideólogos del mundo PS-PPD, Eugenio Tironi, escribió en otro libro (La irrupción de las masas y el malestar de las élites.
Chile en el cambio de siglo; Edit Grijalbo, Santiago) tesis que reproducían casi literalmente el pensamiento de Adam Smith: “La sociedad de individuos donde las personas entienden que el interés colectivo no es más que la resultante de la maximización de los intereses individuales, ya ha tomado cuerpo en las conductas cotidianas de los chilenos de todas las clases sociales y de todas las ideologías. Nada de esto lo va a revertir en el corto plazo ningún gobierno, líder o partido” (p. 36); y alabó –sin nombrarlo- a Pinochet y su obra económica: “Las transformaciones que han tenido lugar en la sociedad chilena de los 90 no podrían explicarse sin las reformas de corte liberalizador de los años 70 y 80 (…) Chile aprendió hace pocas décadas que no podía seguir intentando remedar un modelo económico que lo dejaba al margen de las tendencias mundiales.
El cambio fue doloroso, pero era inevitable. Quienes lo diseñaron y emprendieron mostraron visión y liderazgo” (pp. 60 y 162).
Lee también... Injuv: el semillero que se está secando Miércoles 08 Abril, 2026 | 15:50 Y para qué decir la verdadera apología de Pinochet y de su obra económica efectuada en 2000 por el entonces senador DC, Alejandro Foxley (que había sido ministro de Hacienda de Aylwin entre 1990 y 1994; y presidente del PDC entre 1994 y 1996; y que más tarde, entre 2006 y 2009, sería canciller del gobierno de Michelle Bachelet) a un revista elitista: “Pinochet realizó una transformación, sobre todo en la economía chilena, la más importante que ha habido en este siglo. Tuvo el mérito de anticiparse al proceso de globalización que ocurrió una década después, al cual están tratando de encaramarse todos los países del mundo.
Hay que reconocer su capacidad visionaria y la del equipo de economistas que entró en ese gobierno el año 73, con Sergio de Castro a la cabeza, en forma modesta y en cargos secundarios, pero que fueron capaces de persuadir a un gobierno militar –que creía en la planificación, en el control estatal y en la verticalidad de las decisiones- de que había que abrir la economía al mundo, descentralizar, desregular, etc. Esa es una contribución histórica que va perdurar muchas décadas en Chile y que, quienes fuimos críticos de algunos aspectos de ese proceso en su momento, hoy lo reconocemos como un proceso de importancia histórica para Chile, que ha terminado siendo aceptado prácticamente por todos los sectores. Además, ha pasado el test de lo que significa hacer historia, pues terminó cambiando el modo de vida de todos los chilenos, para bien, no para mal.
Eso es lo que yo creo, y eso sitúa a Pinochet en la historia de Chile en un alto lugar. Su drama personal es que, por las crueldades que se cometieron en materia de derechos humanos en ese período, esa contribución a la historia ha estado permanentemente ensombrecida” (Cosas; 5-5-2000). Esta es la primera parte de una serie de columnas titulada: Boric: ¿Último engaño “centroizquierdista”?
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