Bióloga experta en hantavirus: “Tenemos que pasar de solo reaccionar, a ser capaces de anticiparnos”
Chile y Argentina llevan décadas conviviendo con el hantavirus, sin embargo, el reciente brote detectado en el crucero MV Hondius, que zarpó el 1 de abril desde Ushuaia con 150 personas a bordo, encendió las alarmas a nivel mundial. Hasta ahora 11 personas están contagiadas, de las cuales tres han fallecido –un matrimonio neerlandés y una mujer alemana–. “Hasta el 13 de mayo se han notificado 11 casos, incluidos tres fallecimientos”, señaló la OMS.
De estos 11 casos, ”ocho han sido confirmados en laboratorio como infección por el virus de los Andes (ANDV), dos se consideran probables y uno es inconcluso y está siendo objeto de análisis complementarios”, detallaron. Entre las víctimas mortales, dos tenían infecciones confirmadas por la cepa de los Andes, y la tercera figura como un caso “probable”, según la OMS. La tasa de letalidad de este brote es en esta fase del 27%, según la organización.
Hasta el momento no existe ni vacuna ni tratamiento específico contra el hantavirus, que puede provocar un síndrome respiratorio agudo. Este escenario ha despertado un temor colectivo que se ha comparado con la ansiedad vivida durante la pandemia del COVID-19, donde el desconocimiento y la desinformación alimentan una sobrerreacción. La bióloga e investigadora del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), Carola Cañón, sostiene que este caso representa una oportunidad crucial para explicar las verdaderas dinámicas de la enfermedad y desmentir los mitos que persisten.
La bióloga es magíster en Ciencias con mención en Zoología de la Universidad de Concepción y doctora en Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Su línea de investigación se enmarca en la evolución de pequeños mamíferos. “Muchos tienen la idea de que el hanta se transmite por cualquier ratón”, explica la investigadora, quien recalca que el reservorio natural es específicamente el roedor de cola larga (Oligoryzomys longicaudatus).
En ese sentido, la experta señala que es fundamental entender lo que significa un reservorio. Se trata de especies que albergan agentes infecciosos (virus, bacterias o parásitos) de manera natural y permanente sin necesariamente expresar la enfermedad. El hantavirus se transmite principalmente a través de la inhalación de partículas microscópicas provenientes de la orina o las fecas de un colilargo infectado.
Sin embargo, el caso del crucero puso el foco en la transmisión de persona a persona, algo posible en Chile y Argentina, debido a la cepa Andes, la única variante con evidencia científica de transmisión entre personas. La experta señala que, si bien esta vía existe, “es muy baja la probabilidad” de contagiarse. Para que ocurra, se requiere un contacto estrecho en el momento preciso: “Tiene relación con que las personas estén compartiendo espacios cuando la persona contagiada esté como en el peak de la carga viral”.
Dado que el periodo de incubación del hantavirus puede tardar varias semanas, la hipótesis más probable en el caso del crucero es que alguien se haya contagiado en tierra y, debido a la convivencia prolongada en espacios comunes, haya transmitido el virus a otros pasajeros. La prevalencia del virus en zonas como La Araucanía responde a dinámicas naturales, específicamente a la presencia de la quila, planta que provee alimento y refugio esencial para el colilargo. La investigadora explica que existe una interacción estrecha: “Cuando la quila crece mucho, las poblaciones, el número de roedores de colilargo aumenta”.
Estos eventos –conocidos como “ratadas”– disparan las probabilidades de encuentro con humanos. Por lo tanto, el riesgo no es constante, sino que fluctúa. Desde Puerto Williams, la científica señala que debería haber una relación estrecha entre servicios de salud y centros de investigación, con el objetivo de dejar de ser reactivos y comenzar a utilizar la información ecológica para anticipar brotes.
“Deberíamos ser capaces de anticiparnos a lo que viene, tenemos que pasar de solo reaccionar frente a estos casos, a poder tener un modelo más predictivo para anticiparse a lo que viene”, sostiene la especialista, enfatizando la importancia de pasar de una solución de reacción a modelos predictivos basados en el monitoreo de largo plazo. Este trabajo implica estudiar cómo la intervención humana altera el movimiento de las especies y genera mapas de vulnerabilidad. “Tenemos que estar súper alineados con instituciones públicas, con las instituciones de salud, para transformar el conocimiento científico en una herramienta de protección para toda la comunidad”, recalca.
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