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Biobío concentra 60 tramos de riesgo vial por remoción de masa e inundaciones
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02:30 · Chile

Biobío concentra 60 tramos de riesgo vial por remoción de masa e inundaciones

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Un análisis de 415 afectaciones registradas principalmente entre 2023 y 2024 permitió al Ministerio de Obras Públicas (MOP) identificar las zonas y corredores de la Región del Biobío que presentan mayor exposición a inundaciones, remociones en masa, socavaciones e interrupciones de conectividad de cara a la temporada de lluvias de 2026. El diagnóstico forma parte del Plan de Contingencia para Lluvias Extremas elaborado por la cartera e integra antecedentes de la Dirección General de Aguas (DGA), la Dirección de Obras Hidráulicas (DOH) y la Dirección de Vialidad. Como parte de este trabajo, la DOH identificó 43 puntos críticos distribuidos en las tres provincias de la región, asociados principalmente a riesgos de inundación y desborde de cauces.

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Asimismo, el catastro incorpora sectores como Santa Clara e Isla Andalién y Villa Nonguén en Concepción; Boca Sur y calle Daniel Belmar en San Pedro de la Paz; además de zonas vulnerables vinculadas a los ríos Biobío, Curanilahue, Laraquete, Carampangue, Lia, Cayucupil y Butamalal, junto a esteros como Quilque, Paillihue, Tomeco, Plegarias y La Araucana. También figuran localidades históricamente expuestas a eventos hidrometeorológicos, entre ellas Ramadillas, Pichilo, Polcura, Cayucupil, Los Boldos, Mesamávida, Chequén y La Suerte. A partir del diagnóstico también fue posible identificar 60 tramos con reiteración de emergencias asociadas a caída de árboles, derrumbes, remociones en masa, inundaciones, socavaciones y problemas de estabilidad de taludes.

Ruta de la Madera Dentro del catastro vial, la Ruta de la Madera (156) aparece como uno de los corredores con mayor recurrencia de incidentes. La vía, que conecta San Pedro de la Paz, Coronel, Santa Juana, Nacimiento y Negrete, concentra cerca de veinte tramos con antecedentes de afectación distribuidos a lo largo de más de 90 kilómetros. Los registros incluyen caída de árboles sobre la calzada, desprendimientos de roca, derrumbes menores, deslizamientos de tierra, aludes de lodo, socavaciones laterales, desbordes de esteros y sectores con problemas de estabilidad de taludes e incluso muros de contención sobrecargados.

La caída de árboles figura entre los eventos más frecuentes. El informe registra episodios entre los kilómetros 2 y 23, además de afectaciones en los tramos comprendidos entre los kilómetros 39 y 42, entre los kilómetros 76 y 77, y en puntos específicos cercanos a los kilómetros 93 y 94. A ello se suman sectores especialmente sensibles entre los kilómetros 16 y 24, donde coinciden derrumbes, deslizamientos de tierra y problemas de estabilidad de taludes.

Más adelante, entre los kilómetros 30 y 35, el catastro identifica anegamientos de calzada, derrumbes múltiples, deslizamientos de lodo y otras afectaciones capaces de comprometer seriamente el tránsito del corredor. Conectividad periurbana y red hídrica Otro de los corredores que concentra atención corresponde a la ruta O-48-N, entre Concepción y Florida. Allí fueron individualizados cinco tramos críticos consecutivos entre los kilómetros 54,7 y 70, donde se repiten deslizamientos de tierra, derrumbes, socavaciones, acumulación de lodo sobre la calzada y problemas de estabilidad de taludes.

Paralelamente, en Tomé el catastro incorpora afectaciones recurrentes en las rutas 126-S, O-14-N, O-242, O-250 y O-274, asociadas a caída de árboles, desbordes de cauces, socavones, asentamientos de plataforma y problemas de drenaje. Por otro lado, en Hualqui aparecen sectores afectados por desplazamiento de plataformas, erosión de taludes e incluso un punto identificado explícitamente como remoción en masa hacia barranco en la ruta O-678, una de las pocas referencias directas a este tipo de fenómeno dentro del inventario de tramos críticos. La dimensión hídrica constituye otro de los ejes centrales del diagnóstico.

Entre los cauces monitoreados figuran el río Biobío, el río Andalién, el río Curanilahue, el río Duqueco, el río Laja, el estero Quilque y el estero Bellavista de Tomé, todos con antecedentes de inundaciones o desbordes que han afectado áreas urbanas y rurales de la región. En el caso del río Biobío, el documento advierte que precipitaciones intensas distribuidas en gran parte de la cuenca podrían provocar afectaciones en sectores ribereños de comunas como Santa Bárbara, Quilaco, Los Ángeles, Nacimiento, Laja, Hualqui y San Pedro de la Paz. Respecto del río Andalién, si bien se reconoce que las obras ejecutadas por la Dirección de Obras Hidráulicas han reducido significativamente el peligro de inundación, el informe mantiene bajo observación sectores como Chaimávida, Callao, Bellavista y la población San Francisco debido al riesgo asociado a crecidas extraordinarias y al colapso de sistemas de aguas lluvias que descargan hacia el cauce.

Vigilancia y obras preventivas Frente a este escenario, el seremi de Obras Públicas del Biobío, José Piña, aseguró que la región enfrenta el invierno con un despliegue preventivo basado en contratos de conservación, maquinaria para emergencias y coordinación con Senapred. Sin embargo, reconoció que existen sectores donde el riesgo seguirá requiriendo vigilancia permanente. “Debemos ser claros: ante fenómenos climáticos extremos, siempre existirán sectores que demandan nuestra vigilancia permanente y la de las comunidades”, explicó.

Entre ellos mencionó las zonas cordilleranas de Alto Biobío, donde rutas interiores como Ralco-Palmucho y caminos emplazados junto a los ríos Biobío y Queuco continúan expuestos a nevadas intensas y crecidas. También advirtió que, pese a las obras ejecutadas en la cuenca del Andalién, sectores como Palomares, Collao, Nonguén y Valle Noble “requieren monitoreo continuo debido al arrastre histórico de sedimentos y riesgo de desborde”. A ello sumó a Lirquén y Penco, donde “sectores con laderas escarpadas y quebradas activas presentan vulnerabilidad constante”, por lo que llamó a mantener especial precaución frente a precipitaciones intensas.

Vale recordar que para mitigar eventuales impactos del Río Andalíen, la cartera está en plena faena de un muro sedimentador que actualmente lleva un 43 % de avance. Respecto de las medidas de mitigación, Piña confirmó que la Ruta de la Madera contará desde julio con obras actualmente en licitación que consideran estabilización de taludes, construcción de muros de contención y mejoramiento de drenajes mediante limpieza de alcantarillas. Sobre la ruta entre Concepción y Florida, aseguró que en esta opera un contrato global enfocado en bacheo preventivo, limpieza de fosas y despeje de derrumbes, además de una intervención específica de estabilización de taludes ya ejecutada para reforzar la seguridad de los usuarios.

Finalmente, añadió que el MOP trabaja junto a otros organismos en nuevas cartografías de riesgo y evaluaciones técnicas orientadas a identificar zonas vulnerables a remociones en masa, herramientas que buscan fortalecer la capacidad de respuesta y la planificación preventiva frente a futuros sistemas frontales.

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