Bienvenido, Lenin
Columna: Bienvenido, Lenin Pablo Monje-Reyes Académico, miembro del CC del PC Chile En los últimos días, la identidad leninista del Partido Comunista de Chile ha vuelto al centro del debate público. El motivo: un simple saludo de su dirigencia en conmemoración del natalicio de Lenin. Este gesto bastó para que intelectuales orgánicos de derecha y sectores de la socialdemocracia desenfundaran el concepto de “dictadura del proletariado” como un arma ladina, que exige «pruebas de blancura» sobre el compromiso democrático del partido a la luz de teorías de principios del siglo XX.
Este ejercicio representa un reduccionismo intelectual clásico y, francamente, un oportunismo político evidente. Analizar una obra integral de forma descontextualizada y con tan poca espesura teórica solo busca eludir el fondo del asunto: la vigencia del pensamiento de Lenin leer la realidad concreta del capitalismo actual. El Imperialismo: una realidad, no una nostalgia.
Más allá de las caricaturas, el pensamiento leninista ofrece herramientas críticas para comprender la fase imperialista del capitalismo y el actual devenir de la geopolítica mundial. Mientras la llamada izquierda “democrática” parece haber aceptado acríticamente las tesis de la «interdependencia» y el «multilateralismo» —conceptos que hoy se desmoronan bajo el peso de las acciones armadas de la ultraderecha estadounidense en el poder—, Lenin comprendió tempranamente que el imperialismo es la forma de dominación estructural del capital. Sus tesis sobre el reparto territorial entre las grandes potencias siguen resonando con fuerza.
En un mundo donde los recursos ya están distribuidos, el crecimiento de una potencia suele implicar el despojo de otra, lo que conduce inevitablemente a conflictos de escala global. Solo basta observar las acciones militares en Medio Oriente o la creciente presión sobre América del Sur para confirmar que la guerra sigue siendo una herramienta del desarrollo imperialista de Estados Unidos y sus aliados. La dependencia y recursos críticos en la teoría del imperialismo.
La teoría leninista es, en esencia, un análisis de las relaciones de fuerzas de clase en el marco de la mundialización, lo que hoy llamamos globalización. Explica cómo las naciones dependientes ven a sus élites nacionales actuar de forma funcional a los intereses de los grandes centros de poder. Un ejemplo reciente y local es la firma del Memorándum de Entendimiento (MOU) entre el gobierno de Chile y el gobierno de Estados Unidos para la exploración de minerales críticos y tierras raras.
Bajo el paraguas de la «transición energética», subyace la vieja lógica de asegurar suministros estratégicos para las potencias, a menudo a costa de la soberanía de los países periféricos. En síntesis, Lenin entregó elementos fundamentales para entender la operación del capitalismo en el siglo XX, y sus aportes son, sin duda, piezas clave para el debate ideológico del siglo XXI. Por ello, la figura de Lenin no necesita ser «salvada», pues nunca se ha ido de los anales ideológicos del Partido Comunista de Chile.
Bienvenido sea su análisis, porque en la medida en que el capitalismo persista en su fase imperial, sus ideas seguirán siendo una brújula necesaria para avanzar en la democratización y construcción del socialismo en el mundo.
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