Bajo el mismo cielo
¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo! El viernes recién pasado, a las 11:47 horas, ocurrió el equinoccio de otoño en el hemisferio sur. En realidad, el equinoccio ocurre simultáneamente en todas partes, pero en el hemisferio norte se llamó “de primavera”, por ser la estación a la que entra esa otra mitad del planeta.
El equinoccio es uno de los dos instantes del año en que el eje de la Tierra y la línea que nos une con el Sol (dos líneas imaginarias) se encuentran perfectamente perpendiculares. Además, en Chile este equinoccio marca cada año el Día de la Astronomía. Es por esta razón que dedicaremos este número a esa disciplina.
El cielo nocturno nos embriaga, como los fogones, como el mar. Hay algo en esas escenas –el fuego, el océano, el cielo– que compartimos con nuestros antepasados desde hace decenas de miles de años. Es difícil conectar con un cazador-recolector de hace 30 mil años, salvo quizá a través de la emoción que le provocaban esas mismas visiones.
En el caso del cielo nocturno, tal vez sea la contemplación de esos infinitos soles y mundos que percibimos ante nosotros. Hasta hace solo algunas décadas, la existencia de esos planetas extrasolares era apenas una hipótesis razonable. ¿Cómo no habrían de existir planetas, habiendo tantas estrellas, muchas de ellas similares a nuestro Sol?
Hoy sabemos que la mayoría de las estrellas que vemos tienen uno o más planetas en órbita, y se han detectado más de 6 mil. Más aún, conocemos varias de sus propiedades: tamaños, períodos orbitales, distancias a su estrella. Hace unos veinte años los astrónomos comenzaron también a ser capaces de detectar la composición química de las atmósferas de algunos exoplanetas.
Todo esto es impresionante, porque nos acerca –al menos un poco– a la gran pregunta que siempre ha acompañado a la astronomía y la contemplación del universo: ¿estamos solos? No lo sabemos. Pero la diversidad de mundos que hoy empezamos a vislumbrar es abrumadora.
Imagina las condiciones químicas y climáticas que quieras: probablemente exista un planeta que se acerque a esa idea. ¿Significa eso que la vida debe florecer a nuestro alrededor? Esa es una de las preguntas más importantes de la biología y la astronomía.
Incluso si existiera un planeta idéntico a la Tierra en algún lugar, como no entendemos en detalle el mecanismo que dio origen a la vida aquí, no sabemos estimar la probabilidad de que surja también en ese gemelo cósmico. Nuestra galaxia es tan grande que, para muchos, la probabilidad no solo de vida, sino de vida inteligente, parece abrumadoramente alta. En los años 50, en Los Álamos –el laboratorio donde se construyó la primera bomba atómica–, el físico italiano Enrico Fermi les preguntó a unos colegas con quienes almorzaba: “Pero ¿dónde están todos?
”. Esa pregunta dio origen a lo que hoy conocemos como la paradoja de Fermi: el hecho de que, a pesar de las razones que parecen apuntar a un universo lleno de vida, no la detectamos. Hay muchas respuestas posibles a esta paradoja, pero son todas especulativas.
No sabemos por qué no nos visitan seres de otros planetas. Claro que, suponiendo que nuestros colegas extrasolares compartan nuestras pasiones e instintos, y que sean más avanzados –y por eso nos hayan encontrado–, quizá sea preferible saber de ellos indirectamente, gracias a la biología y la astronomía. Con eso, por ahora, debiera bastarnos para no sentirnos solos.
En esta edición nos acompañan Fabiola Arévalo, doctora en Física; Ximena Ramos, doctora en Astronomía y académica de la Universidad Mayor; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita. Gracias por acompañarnos en esta edición de Universo Paralelo. A veces basta levantar la mirada para notar que lo que parece quieto y ordenado –el cielo, los planetas, las galaxias– esconde procesos mucho más complejos y dinámicos de lo que imaginamos.
Comenta y comparte este link. Y si este número te llegó gracias a alguien que también se ha preguntado cómo funciona realmente el universo y qué hay detrás de lo que vemos en el cielo, inscríbete aquí y sigamos mirando el cosmos con otros ojos. LOS “HECHOS” DEL UNIVERSO Hace algunos años afloraron frases populares en internet conocidas como los “hechos” de Chuck Norris, afirmaciones inspiradas en las proezas de su persona cinematográfica.
Chuck Norris contó al infinito… dos veces. Chuck Norris puede dividir por cero. El científico y divulgador Carl Sagan decía que “afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria”.
Así que vale la pena preguntarse: ¿cuál es la evidencia asociada a algunos de estos “hechos”? El universo no está en expansión, se está arrancando de Chuck Norris El universo no siempre se consideró infinito ni en movimiento. En algunas generaciones se pasó de un universo quieto a uno que se mueve, para luego pasar a un universo que se mueve cada vez más rápido, la denominada expansión acelerada del universo.
Este cambio de paradigma se construyó con múltiples observaciones astronómicas junto con las implicancias de la Teoría de la Relatividad General. Hoy sabemos que el universo efectivamente se expande: primero, como consecuencia de su origen en el Big Bang, y más recientemente debido a una aceleración que atribuimos a la energía oscura. Chuck Norris crea agujeros negros con sus patadas Como científicos sabemos bastante sobre cómo se comporta y cómo “se ve” un agujero negro, aunque no tengamos información directa de su interior más allá del horizonte de eventos.
De hecho, su nombre proviene de que su gravedad es tan intensa que ni siquiera la luz puede escapar. La astrofísica indica que los agujeros negros se forman cuando ciertas estrellas, en la etapa final de sus vidas, colapsan bajo su propia gravedad. Si Chuck Norris llega tarde, más le vale al tiempo ir más despacio En física el tiempo no es absoluto.
Puede transcurrir a ritmos distintos, dependiendo del movimiento relativo entre observadores o de la intensidad del campo gravitacional en el que se encuentren. Este fenómeno, conocido como dilatación del tiempo, es una de las predicciones más sorprendentes de la relatividad de Einstein. Así que, dependiendo del observador, el tiempo sí puede ir más despacio.
Estas frases, independientemente de la opinión en ciencias del actor, capturan bien algo más profundo: lo contraintuitivo que pueden resultar algunos descubrimientos sobre el universo. Este mes se celebra el Día de la Astronomía en Chile, pero en realidad la astronomía y el universo no caben en una efeméride. Esto es parte de nuestra cultura, de nuestras preguntas más antiguas y de nuestra forma de entender el mundo.
Está desde los nombres de los días de la semana hasta en los “hechos” de Chuck Norris (o de John Wick). La astronomía se encuentra, literalmente, en todas partes. EL “CAOS” QUE ORDENÓ JÚPITER Cuando observamos Júpiter, no solo estamos viendo el rey de nuestro vecindario cósmico, estamos asomándonos a un sistema solar en miniatura.
Sus cuatro grandes satélites galileanos, Ío, Europa, Ganímedes y Calisto, orbitan al gigante gaseoso en una danza tan precisa que ha fascinado a la humanidad desde que Galileo apuntó su telescopio al cielo en 1610. Sin embargo, detrás de esta aparente armonía orbital se esconde un origen caótico dictado por la fricción, el polvo y el gas. Durante mucho tiempo, la atención científica sobre estas lunas se centró casi exclusivamente en el calentamiento por mareas (tidal heating).
Este mecanismo, impulsado por la inmensa gravedad joviana que “amasa” el interior de los satélites, es el responsable de los volcanes activos de Ío y del océano de agua líquida bajo la corteza de hielo de Europa. Pero si queremos entender cómo nacieron estos mundos y llegaron a sus posiciones actuales, la disipación de marea cuenta solo el final de la historia. Para leer el primer capítulo, la astrofísica moderna ha tenido que recurrir a complejas simulaciones computacionales de un componente ya extinto: el disco circunplanetario.
Hoy sabemos que los gigantes gaseosos, en su juventud, se alimentan del disco protoplanetario estelar, creando su propio remolino de materia a su alrededor. Estudios recientes basados en simulaciones hidrodinámicas de alta resolución demuestran que las lunas galileanas se formaron exactamente allí, en un subdisco denso de gas y polvo orbitando al proto-Júpiter. El gran debate en la literatura actual sobre la formación de estos satélites radica en cómo este entorno fluido esculpió sus órbitas y evitó lo que los teóricos llaman una “catástrofe de migración”, donde las lunas caerían irremediablemente hacia el planeta.
La respuesta acaba de ser detallada en un revelador estudio publicado en enero de este año, titulado “Not Just Gas: How Solid-Driven Torques Shaped the Migration of the Galilean Moons”. Mediante simulaciones que acoplan la dinámica de fluidos con integraciones de N-cuerpos, los investigadores demostraron que la migración no depende solo del gas. El polvo (los sólidos del disco) ejerce torques gravitacionales propios que alteran fundamentalmente el movimiento de las lunas.
Es la interacción combinada de este gas y polvo la que actuó como un poderoso freno, amortiguando drásticamente las excentricidades iniciales de los satélites en crecimiento y empujándolos hasta anclarlos en la icónica resonancia de Laplace que observamos hoy (donde, por cada órbita de Ganimedes, Europa completa dos, e Ío, cuatro). Como discutimos recientemente bajo el domo inmersivo del Planetario de Huechuraba, en la charla “La danza de los gigantes”, el universo rara vez es estático. Comprender la física de estos discos circunplanetarios no es solo un ejercicio arqueológico sobre nuestro propio sistema solar, es la clave para descifrar cómo se forman los sistemas exoplanetarios en toda la Vía Láctea.
Júpiter y sus lunas nos recuerdan que la arquitectura final de un sistema no está dictada solo por la gravedad, sino por la violenta y compleja coreografía del gas y el polvo que lo vio nacer. NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA En una semana marcada por la crispación política, la ciencia sigue moviéndose en paralelo. Mientras muchos tienen los ojos puestos en los precios de la bencina, se acumula nueva evidencia en áreas como la neurociencia, la física de partículas, la medicina y la astronomía.
Nuevos hallazgos que siguen afinando nuestro entendimiento de fenómenos que van desde el funcionamiento del cuerpo humano hasta la estructura del universo. Descubren el “interruptor de muerte” que podría estar detrás del alzhéimer Científicos identificaron un mecanismo en el cerebro que activa la muerte de neuronas en la enfermedad de Alzheimer. Se trata de la interacción anómala entre dos proteínas que, al unirse, desencadenan un proceso que daña las células cerebrales y afecta la memoria.
En experimentos con ratones, bloquear este sistema permitió frenar el deterioro y proteger el tejido neuronal. El hallazgo abre una vía prometedora para desarrollar tratamientos dirigidos a este proceso específico de la enfermedad. Dato curioso: el cerebro humano tiene cerca de 86 mil millones de neuronas.
Publicado el 23 de marzo de 2026. Conoce MÁS. Detectan en el CERN un “primo” pesado del protón Físicos del CERN descubrieron una partícula subatómica llamada Ξcc⁺, formada por dos quarks “charm”, que tienen una masa mucho mayor que las habituales.
A diferencia del protón, que está compuesto por quarks ligeros, esta partícula es más difícil de detectar. El hallazgo, logrado en el experimento LHCb, confirma predicciones teóricas y resuelve una incógnita que llevaba más de dos décadas sin respuesta en la física de partículas. Dato curioso: los quarks nunca se observan de forma aislada en la naturaleza.
Publicado el 19 de marzo de 2026. Conoce MÁS. La Tierra alcanza un desequilibrio energético sin precedentes Un nuevo informe advierte que el planeta está acumulando energía más rápido que nunca, debido al calor atrapado por gases de efecto invernadero.
Este exceso no desaparece, sino que se almacena principalmente en los océanos, alterando el equilibrio climático y potenciando fenómenos extremos como olas de calor, inundaciones y nevadas inusuales. Los datos muestran que este proceso se está acelerando más rápido de lo previsto, intensificando los impactos del cambio climático en todo el planeta. Dato curioso: cerca del 91% del exceso de calor del planeta termina en los océanos.
Publicado el 23 de marzo de 2026. Conoce MÁS. Vacuna contra el herpes zóster también podría proteger el corazón Un estudio reveló que la vacuna contra el herpes zóster no solo previene esta infección, sino que también reduce significativamente el riesgo cardiovascular.
En personas de alto riesgo, se observó una disminución de eventos cardíacos graves y de la mortalidad en un año. Los científicos creen que, al evitar inflamación y complicaciones asociadas al virus, la vacuna también reduce la formación de coágulos que pueden provocar infartos o accidentes cerebrovasculares. Dato curioso: el herpes zóster puede reactivarse años después de haber tenido varicela.
Publicado el 20 de marzo de 2026. Conoce MÁS. ÓRBITAS PARALELAS Chile conmemora por primera vez el Día Nacional de los Glaciares Dicha celebración llega en un contexto marcado por el rápido retroceso de estas masas de hielo.
Los glaciares, clave para el suministro de agua y la regulación del clima, han perdido más de una cuarta parte de su volumen desde mediados del siglo pasado. El país concentra gran parte de los glaciares de Sudamérica, lo que vuelve especialmente relevante su monitoreo y protección frente al avance del cambio climático. Más información.
La NASA revela nuevas imágenes del universo y pistas de mundos desconocidos La agencia espacial publicó nuevas imágenes captadas por telescopios avanzados que muestran galaxias lejanas, estructuras cósmicas y posibles indicios de tipos de exoplanetas aún no completamente comprendidos. Estos registros permiten estudiar cómo se forman y evolucionan los sistemas planetarios y ofrecen nuevas pistas sobre la historia del universo. Más información.
LA IMAGEN DE LA SEMANA La imagen de la semana en esta ocasión es obra del astrofotógrafo Gabriel Muñoz, quien ya ha contribuido varias veces con su trabajo para este espacio. El camino está en Curarrehue, en el sur de Chile, al interior del Parque Villarrica, y conduce al paso internacional Mamuil Malal, en la frontera con Argentina. Muñoz nos muestra aquí tres escalas que conviven sin estorbarse.
El camino, que separa países y fija una medida humana; la araucaria, que lleva siglos erguida allí, indiferente a nuestras fronteras y a nuestras urgencias. Finalmente, la Vía Láctea: una estructura desproporcionada, de cientos de miles de millones de estrellas, que no cabe en nuestra intuición, pero es símbolo de nuestra abrumadora pequeñez. Las tres cuentan historias muy distintas, como guiones paralelos de gigantes que a cada escala nos vigilan en un silencio inquietante y frío.
¡Gracias a Gabriel Muñoz por esta bella imagen sureña! BREVES PARALELAS ABRIL, METEOROS MIL Entre el 21 y el 23 de abril, el cielo nocturno tendrá uno de sus espectáculos más esperados: la lluvia de meteoros Líridas. En su punto máximo, podrán observarse hasta 15 meteoros por hora a simple vista desde Chile, siempre que el cielo esté despejado.
Estos destellos no son estrellas fugaces, sino pequeños fragmentos de roca que, al entrar a gran velocidad en la atmósfera, se desintegran y dejan una estela luminosa. Para verlos mejor, conviene mirar hacia el noreste después de la medianoche, en noches con poca luz lunar. OLVÍDATE DEL TIEMPO En algunas teorías recientes de la física, el tiempo podría no ser una pieza fundamental del universo.
Es decir, a nivel más profundo, las leyes que lo describen funcionan incluso sin incluirlo. Entonces, eso que percibimos como pasado, presente y futuro no sería algo que “fluye”, sino una forma en que ordenamos los cambios. No es una idea comprobada, pero sí lo suficientemente seria como para estar sobre la mesa.
Como plantea el físico Carlo Rovelli en su paper Forget Time, quizás el tiempo no es la base del universo, sino una consecuencia. RECOMENDACIÓN: LA ACÚSTICA DEL VACÍO La física es un idioma de muros altos. Alguna vez quise ser astrónomo, pero me detuvo el cálculo.
Me detuvieron las pizarras negras y el rastro de las tizas Hagoromo, esas tizas coreanas que se deslizan como seda y no manchan las manos. El trazo era perfecto y la lógica, de acero. No quise entrar ahí.
Me quedé en la orilla, acompañado solo por libros y unos audífonos. Pero descubrí que el espacio no solo se mide; también se escucha. Cuando las ecuaciones me asustaron, las bandas sonoras tomaron su lugar.
Si alguna vez quieres escuchar cómo suena el cosmos en lugar de calcularlo, estas son mis recomendaciones, bastante obvias, pero, bueno, al menos no te estoy diciendo que escuches el microondas dando vueltas y te imagines que es un púlsar. Si buscas entender cómo suena la gravedad, tienes que escuchar la banda sonora de Interstellar de Hans Zimmer. En su partitura, la gravedad no es una simple variable matemática; es una nota sostenida que te vibra directamente en el esternón.
Al usar un inmenso órgano de madera, Zimmer logró que el aire pasara por los tubos con la misma urgencia con que el oxígeno circulaba en un traje espacial. Te recomiendo escucharla para sentir cómo, en esa música, el tiempo no pasa: el tiempo pesa. Para explorar texturas mucho más densas y extrañas, mi recomendación es 2001: Odisea del Espacio.
Pero hay que olvidar el clásico vals y sumergirse directamente en la pieza Atmosphères de György Ligeti. Son voces humanas que se amontonan hasta volverse estática pura, revelando el verdadero sonido del monolito. Es una obra perfecta para comprobar que el encuentro con lo alienígena no tiene una melodía cálida, sino un asombro mineral y ciego.
Y si prefieres escuchar un viaje mucho más íntimo, te sugiero el minimalismo de Max Richter en la banda sonora de Ad Astra. Es el sonido de un hombre solitario que cruza el sistema solar, un pulso electrónico que se apaga lentamente. Es música recomendada para personas perdidas y para quienes, en el fondo, no quieren volver.
Es el mismísimo vacío convertido en el lamento de un violonchelo. Acá, bajo el cielo de Chile, esa inmensidad es una verdad absoluta que no juzga. A las estrellas no les interesa pedirte un título universitario para impactar en tu retina.
Ese fotón que viajó millones de años te ilumina igual, sin importar si alguna vez fallaste en tu examen de termodinámica. Al final, las grandes composiciones cinematográficas llenan el espacio que dejaron las fórmulas. La tiza puede quedar en su caja y el pizarrón seguir oscuro; no importa.
El universo emite a una frecuencia que no necesita ser calculada, solo sentida. Ser astrónomo, a fin de cuentas, es solo otra forma de saber escuchar. Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo.
Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador. cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.
Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola Arévalo, Francisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.
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