Bachelet a la ONU: Un error en tres actos
La decisión del Gobierno de Kast de quitarle el piso a la candidatura de Michelle Bachelet de la ONU parece ser el punto final de una idea que, en el papel, sonaba razonable, pero que políticamente estuvo mal concebida desde el inicio. El primer error fue de origen. Nunca se planteó como una verdadera candidatura de Estado.
Apareció el Presidente Boric en solitario, cuando lo lógico —y lo responsable— habría sido hacerlo junto a quien entonces era Presidente electo. No era un detalle menor: cualquier despliegue de esa naturaleza requería, inevitablemente, del beneplácito y la continuidad del gobierno entrante. La cocina política no se iba a jugar en el presente, sino en el futuro.
Y ese puente, simplemente, no se construyó. Bachelet, por su parte, también tomó una decisión difícil de entender. Tras una primera vuelta en la que se mantuvo al margen —con una justificación más que atendible— optó luego por un “all in” en favor de Jeannette Jara.
Una jugada de alto riesgo, que tensionó su capital político justo cuando más necesitaba resguardarlo. Más aun, considerando que, a esas alturas, el escenario ya anticipaba una probable derrota. Al final del día, el apoyo de la ex presidenta a la candidata Jara no sirvió de mucho, y la marca Bachelet continuó erosionándose frente al futuro oficialismo.
Y cuando la idea ya venía debilitada, el actual Gobierno decidió ponerle la lápida. Una determinación que, más allá de sus fundamentos, también abre dudas desde el punto de vista estratégico. Porque, en la “real politik”, las decisiones no sólo se evalúan por su mérito propio, sino también por sus efectos.
Y en este caso, el efecto fue claro: el episodio ha logrado cohesionar a una oposición que venía tensionada y fragmentada, tanto por las negociaciones parlamentarias (en la que algunos partidos pactaron con la derecha, dejando al resto a la deriva) como por sus diferencias de estilo (moderados versus extremos). Es cierto que otros factores —como el llamado “bencinazo”— podrían haber causado un efecto similar, y quizás se habría producido este aglutinamiento de la oposición incluso sin el factor Bachelet. Pero lo del retiro de la candidatura de la ONU aportó algo distinto: le dio un relato, un motivo, un “para qué” a esa articulación opositora.
No fue sólo una reacción; fue un ethos. A veces, en política, los errores no son forzados por el adversario, sino que se construyen solos, por parte del diseño oficialista. Y cuando eso ocurre, vale la pena recordar esa frase tan chilena como elocuente: “no me ayude tanto, compadre”.
¿Te pareció importante esta noticia?
Compártela y mantén informado a Chile