B-Fox, la artista que sobrevivió al lado oscuro del trap chileno
Hubo un momento en que la vida de B-Fox se redujo a una sola tarea: sobrevivir un día más. No cantar. No bailar.
No crear. Solo sobrevivir. Hoy vuelve a la música después de varios años fuera de escena y decide contar por primera vez lo que ocurrió en ese tiempo: una historia que pasa por explotación, consumo de drogas, prostitución y un intento de suicidio, pero también por el nacimiento de su hija y un proceso largo de reconstrucción personal.
Su nombre real es Paola Meza, aunque en la escena urbana siempre se la conoció como B-Fox. Durante años orbitó cerca de los primeros círculos del trap chileno. No desde el centro del escenario, sino desde un borde donde se mezclaban música, fiestas, drogas y dinero.
Hoy, antes de lanzar nueva música, quiere explicar qué ocurrió realmente en ese período. “B-Fox nace desde el baile. Nació el 2007, cuando conocí el dancehall”, recuerda.
“Me metí a internet, porque siempre soy bien mateíta, y vi a las dancehall queen. Dije: ‘Esto es lo mío’. Entonces empecé a entrenar hasta que llegué a competir”.
Ese comienzo también tuvo un trasfondo personal. En ese momento vivía una relación marcada por la violencia. El escenario funcionó como una salida.
“Era súper significativo, porque el dancehall queen habla de liberación sexual femenina”, dice B-Fox. “Yo en ese tiempo tenía un pololo maltratador. Pasé de que literalmente me tuviera encerrada a que todo el mundo me conociera.
B-Fox fue como mi heroína”. Sobre el escenario apareció un personaje fuerte. “En el escenario entrego poder, fuerza y seguridad.
Cuando la gente me lo dice, me cuentan que se sienten poderosos, que les transmito energía”, expresó. Esa transformación también se notó fuera del escenario. Su vida cambió rápido.
“Viajé por todo Chile como bailarina con Shamanes; de no conocer a nadie, estar encerrada, a que todo el mundo me conozca, fue genial. La gente se sentía muy identificada en lo que expresaba, en querer ser más libre”. Lee también...
Ca7riel & Paco Amoroso traen a Chile su nueva era: entradas, precios y qué incluye el "ticket VIP" Lunes 23 Marzo, 2026 | 17:03 Bellavista: la trap house Entre 2015 y 2019, B-Fox administró una trap house en el sector de Loreto con Bellavista, en Santiago. No era un solo departamento, sino varios espacios dentro del mismo circuito. En ese entorno circulaban productores, cantantes y fotógrafos que más tarde formarían parte de la escena urbana chilena.
El término trap house viene del lenguaje del tráfico en Estados Unidos. Literalmente se refiere a casas utilizadas para vender o consumir drogas: lugares donde circula dinero, droga y un movimiento constante de personas. Cuando el trap se convirtió en música, el concepto pasó también a la cultura urbana.
En ese contexto, una trap house es una casa donde se mezclan fiesta, grabaciones caseras, encuentros de artistas y vida nocturna. En Santiago el concepto empezó a aparecer a mediados de la década pasada. Uno de los primeros en organizar fiestas de ese tipo fue C.
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, un cantante que montó varias casas para after en distintos barrios de la ciudad. En conversaciones anteriores sobre los inicios de la escena, el rapero Gato Plomo -uno de los primeros en el trap en Chile- detalla cómo funcionaban esos lugares: “Eran casas para hacer after. Llegabas con un dato del dato, un amigo del amigo, se pagaba entrada y los que podían entraban gratis”.
Una de las casas más recordadas fue una en Rodrigo de Araya. Ahí comenzaron a reunirse varios de los nombres que después formarían parte del trap chileno. Lee también...
¿Quién es Elyanna? La cantante palestino-chilena que la está rompiendo a nivel global Lunes 06 Mayo, 2024 | 13:07 Después apareció la trap house de DJ Weyser, en el sector de Matta. Ese espacio marcó un momento distinto para la escena.
Ahí el trap chileno empezó a reconocerse como escena. Por esa casa pasaban colectivos como Nacion Triizy (Marlon Breeze, Paul Vaera), ShiShiGang (Pablo Chill-E, Julianno Sosa, VH El Virus) y Drip World (por entonces Young Cister, Big Angelo, Kid Poison), además de artistas como Polimá Westcoast y Gianluca. Después de esas primeras casas -las de C.
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y la de Weyser- apareció otro espacio dentro del circuito: la trap house que administró B-Fox en Bellavista. “Teníamos varios departamentos frente a frente y el estudio de música estaba en el mío”, recuerda. “Pasaron hartos productores y hartos artistas: yo vi al Young Cister, al Gianluca, la Tomasa del Real”.
Ese período coincidió con los años en que el trap chileno comenzaba a organizarse como escena. “Recuerdo cuando recién comencé a cantar: grabé una canción con la Tomasa, ‘Todas en bikini’ (2018). Ese hito abarca un período de mi vida donde estaban todos iniciando en el trap y lo atesoro mucho”.
En ese mismo lugar instaló una pequeña tienda vinculada a la marca Triizy, del colectivo Nación Triizy, liderado por Marlon Breeze. “Yo subarrendé locales, puse una galería de arte callejero, había barbería, había tatuadores, estaba la tienda de ropa”. Ese tipo de espacios también funcionaba como pequeños laboratorios musicales.
El productor chileno Tonzilla3000 -que años después trabajaría en Estados Unidos en estudios como Quad Studios- recordó que varias canciones nacían en casas así, de forma improvisada. Durante un tiempo, ese espacio significó independencia económica para B-Fox. “Para mí la trap house era mi hogar, donde yo tenía poder adquisitivo”.
Pero ese mismo lugar también abrió la puerta a otra etapa. “Ahí fue cuando entré de lleno al mundo escort”. En esos años apareció otro personaje dentro de su propia historia.
“Cuando me meto en el trap y en el mundo escort, viene otro personaje que se llama Miel”, recuerda. “Miel fue la que me sostuvo todos esos años, desde finales de 2015 al 2019”. El descenso La relación que tenía entonces definió ese período.
El hombre con quien vivía manejaba su trabajo y controlaba su presencia en internet. “Él fue mi pareja y mi proxeneta. Él me movía, me sacaba fotos, me publicaba en páginas”.
Con el tiempo, esa dinámica se volvió explotación. “Yo comencé trabajando en páginas de escort con el rostro tapado. Después me enteré de que él vendía mis fotos a páginas porno de otros países”.
Dentro de ese mismo circuito también circulaban otras mujeres. “Yo trabajaba en mi departamento y también tenía unas chicas”. El dinero que entraba sostenía todo el lugar: los arriendos, los espacios y el movimiento que lo rodeaba.
“Tenía que gastar en mantener todo, porque la que mantenía todo era yo”. En ese ambiente, el consumo de drogas apareció como parte de la rutina. “Creo que era por la pena.
Trabajaba mucho durante el día y después lo único que quería era estar con mi pareja”. El fondo y el regreso El quiebre llegó cuando comenzó a tomar conciencia del nivel de abuso que había en ese entorno. “En esa época del trap, me pasaron cosas muy fuertes”, dice.
“No quise seguir viviendo. Dije: ‘No quiero seguir con esto’. En ese momento pensé en suicidarme”.
Poco después ocurrió algo que cambió su vida por completo. “Cuando decidí ser madre entendí por qué debía escoger la vida. Ahí entendí que mi vida tenía propósito”.
Convertirse en madre marcó un punto de inflexión. También abrió una etapa difícil: debía sostener una vida nueva prácticamente sola. Sin una red familiar que la apoyara y con la responsabilidad de sacar adelante a su hija, B-Fox tomó una decisión pragmática mientras intentaba reconstruir su vida.
Ese proceso incluyó volver brevemente a ese mundo. “Por estas cosas de la vida tengo que volver a trabajar; y regresa Miel. En esa etapa trabajaba solo con clientes frecuentes, y fueron muy pocos.
Y la gran mayoría nos conocíamos hace mucho tiempo. Trabajé súper poco y me pagaban harto. Y más que pagarme por el trabajo, estaban conmigo, como que me apoyaron”.
Fue una etapa privada y difícil. Salir de ahí no fue un gesto instantáneo. Fue un proceso lento, silencioso, interior.
“Fue un tema tan privado, porque el tema de sanar es complicado. Tú te encuentras con muchas sombras tuyas, que tienes que trabajarlas, iluminarlas, abrazarlas, que mucha gente no entendería. Son temas tan densos, es una energía tan densa.
Y tú mismo te abrazas y dices: ‘ya, no encuentras, voy a hacer el aguante’”. En esos años también tuvo trabajos esporádicos en clubes nocturnos, que hoy describe como los últimos rastros de esa etapa. “Fueron los últimos coletazos: trabajé en Lucas Bar, Triple J y Platinum”.
A partir de ahí comenzó un proceso largo de reconstrucción. “Lo que detona todo es sanar”, dice. “Vivir con fe, con fuerza espiritual.
Ya no buscas la distracción afuera, sino que te vas para adentro”. Ese tránsito también ordenó el sentido de lo que viene. “Dejar de distraerse por lo externo y enfocar en sanar y mirar hacia adentro”.
Ese camino coincide hoy con su regreso a la música. Antes de lanzar nuevo material este año, B-Fox reapareció en la canción “Barakah”, del álbum Booty Code Riddim Vol. 1, del productor Selekta Ramces.
“Cuando la mayoría de los cantantes dice ‘voy a encontrar mi voz’, siento que conmigo fue al revés. A mí la voz me encontró”. Lo que busca ahora no pasa, dice, por las cifras.
“Yo tengo otra cosa más allá de pegarme o generar números: es dar el mensaje correcto, que la gente busque su sanación. Mi experiencia va hacia allá”. Dice que nunca pensó cambiar su nombre artístico.
“B-Fox siempre ha sido como mi heroína. Cuando salió, yo estaba en una relación en la que no quería estar, y estuve a punta de amenazas. Gracias a B-Fox, esa persona desapareció de mi vida y sentí la libertad”.
Durante años tuvo que sobrevivir en un mundo donde la música, el dinero, la fiesta y la violencia se mezclaban sin fronteras claras. Hoy intenta construir otra vida. No borra lo que fue.
No lo niega. Tampoco lo adorna. “Yo abrazo a todas mis B-Fox de atrás.
Las respeto y las amo”.
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