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Antes del trabajo, el cuidado
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01:50 · Chile

Antes del trabajo, el cuidado

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Las brechas laborales de las mujeres en Chile, es decir que ganen menos, trabajen más en la informalidad, participen menos en el mercado laboral, tienen su origen antes de que el trabajo comience. Se configuran en el hogar, en cómo se distribuye el tiempo del cuidado y mientras esa distribución no cambie, los demás indicadores seguirán contando la misma historia. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Empleo del INE, la participación laboral femenina alcanza un 53,4% frente a un 71,8% en hombres.

La ocupación informal llega a un 28,2% en mujeres versus un 25,7% en hombres. En el último año a su vez, el empleo creció impulsado únicamente por mujeres, con un alza de 2,7%, mientras los hombres no registraron variación. Un avance real, pero sobre una base frágil.

El estudio Zoom de Género de ChileMujeres, OCEC UDP y la Cámara de Comercio de Santiago agrega que esa fragilidad se agudiza en los segmentos más vulnerables ya que en el quintil de menores ingresos, apenas el 29,2% de las mujeres participa en el mercado laboral, frente al 46,2% de los hombres. Esa brecha es tan profunda en los quintiles bajos porque antes de llegar al trabajo, las mujeres ya llevan una jornada completa. La II Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo del INE revela que las mujeres trabajan en promedio 12 horas y 57 minutos al día sumando trabajo remunerado y no remunerado, mientras los hombres trabajan 11 horas y 46 minutos.

Esa hora y once minutos de diferencia diaria tiene un nombre y es cuidado. Las mujeres destinan 4 horas y 57 minutos diarios a tareas domésticas y de cuidado, frente a 2 horas y 52 minutos en los hombres. En tanto, el estudio Zoom de Género precisa que en el quintil de menores ingresos el 15,3% de las mujeres en edad de trabajar está fuera del mercado laboral específicamente por razones de cuidado, versus el 2% de los hombres del mismo segmento.

Ahí hay una parte importante de la explicación de por qué participan menos, por qué aceptan empleos más precarios y por qué ganan menos. La Dirección del Trabajo estima una brecha salarial de un 25% entre personas con igual formación y cargo, que se profundiza con la edad. Por su parte, el mismo estudio Zoom de Género muestra que en el quintil más bajo el 60,4% de las mujeres ocupadas trabaja en la informalidad.

Sin cotizaciones, sin red de protección, acumulando precariedad a lo largo de toda su vida laboral y sin acceso a los beneficios que sí llegan a quienes están en el sector formal. El cuidado que recae sobre las mujeres define además las condiciones en que los niños crecen. Y aquí vale detenerse porque el cuidado también es un derecho de los niños y un factor que protege su desarrollo.

El desafío está en cómo se distribuye y en las condiciones en que se ejerce. Hoy recae mayoritariamente en un solo adulto, muchas veces bajo presión económica. El Registro Social de Hogares da cuenta de 4.

797. 637 mujeres jefas de hogar en Chile, el 59% de ellas en los tramos de mayor vulnerabilidad. En hogares monoparentales con jefatura femenina, la pobreza por ingresos alcanza un 39,8%, casi el doble del promedio nacional, de acuerdo a un estudio del CEP con base en la Casen 2024.

La pobreza infantil sigue esa misma lógica y llega al 25,7% en niños menores de 3 años, muy por sobre el 17,3% nacional. En esos hogares, ingresos, cuidado y crianza conviven bajo una presión muy alta. Lo que está en juego es la trayectoria laboral de esas mujeres y las condiciones en que crecen sus hijos.

Ante todo este panorama existen respuestas concretas como sala cuna, flexibilidad laboral real, contratación intencional de mujeres, asistencia regular de los niños al jardín o colegio, coparentalidad y mayor equidad en el financiamiento de la educación parvularia, con más recursos para quienes más lo necesitan. También vale preguntarse si el sistema está orientado dónde está el problema. El 67% del gasto en transferencias va a pensiones, mientras los hogares con niños, donde se concentra buena parte de la pobreza, reciben montos promedio que son menos de la mitad de lo que perciben los hogares sin menores.

El 54,4% de las personas en situación de pobreza en Chile son mujeres. La infancia y las familias que cuidan merecen la misma prioridad. Entonces, la desigualdades laborales de las mujeres no nacen en el mercado del trabajo.

Nacen antes, en cómo se distribuye el tiempo del cuidado. Mientras eso no cambie, los demás indicadores seguirán contando la misma historia. Cuando las condiciones cambian, más mujeres pueden elegir cómo vivir y cómo trabajar y eso les hace bien a ellas, a sus hijos y al país.

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