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“Algunos se vuelven más conservadores cuando envejecen”: Julian Barnes y el arte de cambiar de opinión
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14:48 · Chile

“Algunos se vuelven más conservadores cuando envejecen”: Julian Barnes y el arte de cambiar de opinión

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No solo es un excelente novelista, Julian Barnes también ha incursionado en el género del ensayo. Amén de libros notables como El sentido de un final, El loro de Flaubert, o La única historia, ha desarrollado una narrativa en la que hay un elemento común: el pasado. A partir del hecho de recordar, de la memoria y sobre todo, cómo las ideas propias pueden ser tan maleables como arena en las manos, el inglés ha publicado el volumen Mis cambios de opinión (Anagrama).

Barnes, uno de los puntales del llamado “British Dream team” junto a Kazuo Ishiguro, Hanif Kureishi, Vikram Seth, Graham Swift y el fallecido Martin Amis, escribe en estas páginas: “Parece sencillo. ‘He cambiado de opinión’. Sujeto, verbo, predicado: un acto claro, puro, sin adjetivos ni adverbios que vengan a enmendar o atenuar nada.

‘No, no pienso hacer eso: he cambiado de opinión’ suele ser una afirmación irrefutable. Implica la existencia de poderosos argumentos que aducir en caso de necesidad. Es bien conocida la respuesta que dio el economista John Maynard Keynes cuando le acusaron de ser incoherente: ‘Cambio de opinión cuando cambian los hechos’.

De modo que tanto él como nosotros realizamos, confiados y de buen grado, toda esta operación. El mundo, por desgracia, puede decantarse por la incoherencia, pero nosotros no”. Un punto clave para este movimiento de vereda, dice Barnes, es la memoria.

“Con frecuencia es un factor clave en nuestros cambios de opinión: necesitamos olvidar lo que creíamos, o al menos olvidar la pasión y la certeza con que lo creíamos, porque ahora creemos en algo distinto que sabemos más verdadero y profundo. La memoria, o su fragilidad o su carencia, ayuda a respaldar nuestra nueva postura; forma parte del proceso”. “Y, más allá de eso, está la cuestión más general de cómo cambia nuestra comprensión de la memoria.

La mía, desde luego, lo ha hecho a lo largo de mi vida. Cuando no era más que un chico irreflexivo daba por sentado que la memoria actuaba como una consigna de equipajes. Tan pronto nos sucede algo, emitimos un juicio rápido y subconsciente sobre la importancia del suceso, y si es lo bastante importante lo almacenamos en la memoria.

Más tarde, cuando necesitamos recordarlo, acudimos a un departamento de nuestro cerebro con el resguardo de consigna para que nos devuelvan el recuerdo y ahí lo tenemos, tan fresco y flamante como cuando sucedió”. De hecho, habla de esa maleabilidad y flexibilidad en el ámbito político, pero acaso en el plano más simple: el voto. “Algunas personas se vuelven más conservadoras a medida que envejecen; con el paso de los años, he visto cómo algunos familiares y amigos se iban deslizando como quien no quiere la cosa a la derecha.

Las realidades de la vida han borrado los principios idealistas que profesaban a los veinte. O bien tienen más dinero que entonces y quieren protegerlo y legarlo. O han empezado a detestar los principios de los jóvenes porque son notablemente similares a los que tenían ellos en sus tiempos y ahora los consideran delirios absurdos.

O sencillamente no quieren más cambios en sus vidas, por favor y gracias. El referéndum europeo de 2016 supuso una desviación de esta última perspectiva. Mientras que tres cuartas partes de los jóvenes votaron a favor de permanecer en la Unión Europea, dos tercios de los de mayor edad votaron en contra, lo que oсаsionó un cambio considerable en sus vidas.

Pero también es verdad que votar por la salida de la UE -a juzgar por la identidad de sus más destacados defensores- representó un giro hacia la derecha”. También Barnes habla cómo se cambia de opiniones en el plano de la lectura. “Puede ocurrir que cambiemos de opinión sobre un escritor.

Quizá al leerlo por primera vez fingiéramos admirar lo que nos habían dicho que admirásemos. Pero también nuestros gustos cambian. Por ejemplo, yo, con veinticinco años, era más receptivo a escritores que me decían cómo vivir y pensar; a los cuarenta y cinco, sentía ya cierto desagrado por el didactismo.

No quiero que Bernard Shaw, por ejemplo, me diga cómo vivir y cómo pensar, ni él ni D. H. Lawrence ni sir David Hare ni Tolstói en sus últimos escritos.

No me gusta el arte, en especial el teatral, cuya función aparenta ser la de desafiar pero acaba confirmándonos que estamos en el lado correcto, asintiendo de buena gana desde nuestra butaca a sentencias como que la guerra es mala, el capitalismo es malo y la gente mala es mala. ‘No se hace arte con buenas intenciones’ es una de las frases más certeras de Flaubert". Mis cambios de opinión es de los libros finales de Julian Barnes, quien a sus 80 años anunció su retiro del mundo de la literatura.

La novela Despedidas, será su libro final. Así lo comentó en charla con El País: “Será mi último libro. Aunque no dejaré de escribir.

Lo haré para los periódicos, o ensayos y cosas de ese estilo. La idea comenzó a germinar cuando ya estaba a mediados de mis setenta años. Me dije a mí mismo, ‘un día de estos estaré escribiendo mi último libro y la muerte lo cortará bruscamente’.

Así que decidí escribirlo ya, y tenerlo guardado, aunque finalizado. Pero, cuando estaba escribiéndolo, pensé de repente que, de hecho, éste tenía que ser de verdad mi último libro. Comencé a repasar todos mis cuadernos de notas con ideas para futuros libros.

Eran propuestas válidas hace cinco o diez años. Ninguna tenía que ser escrita ahora mismo. A medida que trabajaba en Despedidas, me di cuenta de que me daba igual si ya no publicaba nada más".

El volumen Mis cambios de opinión ya se encuentra en las librerías chilenas, en tanto, Despedidas arribará a Chile durante 2026, según pudo confirmar Culto con Anagrama.

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