Alberto Fuguet: “Me aburre la idea de la figura de la madre abnegada”
Luego de la publicación de Ciertos chicos en 2024, el escritor y cineasta Alberto Fuguet regresa a librerías con Ushuaia, una novela que marca un punto de inflexión en su trayectoria narrativa al explorar, por primera vez de manera central, la complejidad del vínculo entre madre e hijo. Ambientada entre Maipú, la Patagonia argentina, un verano a fines de los años 70 y el Festival de Viña del Mar de 1985, la obra propone un recorrido que es tanto geográfico como emocional. A través de distintos tiempos y escenarios, Fuguet construye una historia íntima que se despliega en múltiples capas.
La novela sigue a Leticia, una mujer argentina que migra a Chile, y a su hijo Bruno, un joven hipersensible que participa en talleres literarios. Desde ese eje, el autor profundiza en una relación marcada por tensiones, silencios y zonas grises. “Creo que he escrito o filmado suficiente del lazo padre-hijo.
Se arrienda, por nombrar algo, va de eso. Sin duda empecé a mirar quién era mi madre y eso me hizo darme cuenta, sobre todo al conversar con amigas, que toda madre antes fue ‘otra cosa’ y muchas veces ‘siguen siéndolo’”, comenta. En esa línea, Fuguet cuestiona abiertamente los estereotipos tradicionales: “Me aburre la idea de la figura de la madre abnegada, porque es reducir todo a un arquetipo”.
En Ushuaia, la figura de Leticia emerge con fuerza inesperada. Si bien el proyecto comenzó centrado en Bruno, el personaje femenino fue ganando protagonismo hasta convertirse en el núcleo emocional del relato. “Partí desde Bruno, pero luego Leticia empezó a crecer, a cobrar cada vez más fuerza, hasta casi tomarse la novela.
Y así apareció esta relación que a ratos es incómoda, más intensa, más ambigua”, explica el autor. Lejos de una representación idealizada, el vínculo entre madre e hijo se presenta como una relación compleja: “Leticia y Bruno no son una dupla ‘tierna’ ni ejemplar. Hay amor, obvio, y ternura, pero también hay carga, herencia, cosas no resueltas.
Es una relación donde nadie está del todo bien y donde ambos, de alguna forma, se dañan y necesitan”. El libro se articula como un relato polifónico en el que convergen recuerdos, cuentos, cartas, notas de prensa y entradas de blogs. A través de esta estructura fragmentaria, Fuguet aborda temas como la identidad, las relaciones familiares, la sexualidad y la salud mental.
Sobre este último punto, el autor enfatiza su intención de evitar simplificaciones: “Esa línea típica de ‘joven se suicida’ siempre me ha parecido brutal en su simplificación. Detrás hay una vida entera. Entonces, el desafío era tratar ese dolor con seriedad, sin moralina, sin explicación fácil”.
Con Ushuaia, Fuguet se aleja deliberadamente de lo “correcto” para construir una obra que interpela emocionalmente al lector. “No quería hacer un libro ‘correcto’, sino uno que te golpeara de a poco, que te obligara a sentir, emocionarte. Y la novela apuesta un poco a thriller existencial”, concluye.
Así, el autor vuelve a tensionar los límites entre lo íntimo y lo narrativo, consolidando una propuesta literaria que se atreve a incomodar y a complejizar los vínculos más fundamentales.
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