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Académico a 30 años de antología “McOndo”: “Contribuyó a transformar la literatura latinoamericana”
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01:30 · Chile

Académico a 30 años de antología “McOndo”: “Contribuyó a transformar la literatura latinoamericana”

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En 1996 se publicó “McOndo”, antología de relatos que describía el presente de la literatura en lengua española de aquellos años. Editada por los escritores chilenos Alberto Fuguet y el recientemente fallecido Sergio Gómez, en los cuentos incluidos se construía un mapa posible de una América Latina de fin de siglo que había experimentado dictaduras, transiciones y procesos de modernización en la cultura, preguntándose cómo la literatura se había relacionado con aquellos fenómenos y procesos. Este jueves, la Facultad de Comunicación y Letras UDP realizó una mesa de conversación en la que se reflexionó sobre el significado de esta antología y cómo configuró un mapa posible de la literatura en español a fines de los noventa.

En la instancia también se presentó el libro “McOndo Revisited”, de Thomas Nulley-Valdés. “Es un libro que habla sobre McOndo y se hace la pregunta sobre qué significó esa antología hace 30 años y sobre todo cómo configuró un mapa posible de la literatura en lengua española de ese momento. Ese mapa ofrecía una visión, una pregunta sobre un continente posible y cómo ese continente era narrado y representado por medio de la literatura, de la lengua.

Y cómo esa lengua adquiría sentido en los procesos de transición, de modernización que se estaban llevando a fines del siglo XX”, explicó previamente Álvaro Bisama, director de la Escuela de Literatura Creativa UDP. – ¿Por qué quisiste hacer un libro sobre McOndo? ¿Cuál es tu vínculo con sus autores?

Mi primer encuentro con McOndo fue en la universidad, en un curso sobre el ensayo latinoamericano, en el que leímos el “infame” prólogo de Alberto Fuguet y Sergio Gómez. Me identifiqué inmediatamente con uno de los puntos centrales del argumento: su crítica al estereotipo latinoamericano que reina en el mundo. Los latinos que vivimos en el extranjero lidiamos con los estereotipos todos los días.

Siendo australiano-chileno, y criado entre los dos países (de Canberra a Viña del Mar y de vuelta), los había enfrentado desde niño. Nunca había sido rechazado por ningún editor por “carecer de realismo mágico”, como los escritores de McOndo, pero sí había experimentado, de vez en cuando, una forma de gatekeeping cultural: algunos me hacían sentir que no contaba como un latino “auténtico. ” Cuando decidí hacer una tesis doctoral sobre la antología —que más tarde se convirtió en este libro—, enfrenté otra forma de gatekeeping académico.

Muchos académicos cuestionaban si valía la pena seguir escribiendo sobre McOndo y si merecía un estudio académico. Siento que me metí a las trincheras con Alberto y Sergio —o, mejor dicho, nos metimos (no fui el único ni el primero)— para reconocer la importancia de la antología. Incluso diría que hay otra generación de académicos más simpatizantes de la antología, de los escritores incluidos, y con una lectura capaz de apreciar el verdadero gesto artístico de la antología: una lucha por la autonomía literaria.

– ¿Cómo caracterizarías esta antología? ¿Era política? ¿Era neoliberal?

– Antes que nada, McOndo fue una intervención literaria. Un texto puede ser leído desde muchas perspectivas y con una variedad de lentes, y, obviamente, reconozco que incluso mi lectura es una de esas variantes. Pero estamos tan acostumbrados a hacer análisis económicos y políticos del arte y de la vida que, a veces, nos convertimos meramente en contribuyentes y/o socialistas/derechistas antes que en seres humanos de carne y hueso, en seres creativos, artísticos.

Lo mismo pasa en los estudios literarios. Cada texto puede ser sometido a una serie de conceptos y teorías que, en el mejor de los casos, revelan el texto y, en el peor de los casos, lo distorsionan, lo exageran o simplemente lo malinterpretan. McOndo —igual que otra antología publicada por la dupla Fuguet/Gómez Cuentos con walkman— sufrió este último tipo de recepción, que amplificó y distorsionó su postura política como algo pro-neoliberal.

Mi lectura de la antología es una que atiende a las preocupaciones centrales del texto, que para mí son literarias. En la era pre-Roberto Bolaño, los editores de McOndo se estaban preguntando: ¿cómo podemos existir o encontrar nuestro lugar internacionalmente como escritores? ¿Cómo podemos visibilizar nuestras obras en un campo dominado por los hiperpresentes fantasmas del Boom, como Gabriel García Márquez & Co.

, y el realismo mágico 2. 0 de Isabel Allende y Laura Esquivel? No olvidemos que, a principios de los noventa, se empiezan a hacer toda una serie de adaptaciones cinematográficas de estas obras y que, el año en que sale McOndo, García Márquez sigue liderando las listas de bestsellers.

Para mí, entonces, McOndo quería concienciar no solo a los editores, los traductores, los agentes literarios y los académicos —es decir, a los mediadores de la literatura latinoamericana tanto dentro como fuera de la región—, sino también a los lectores locales e internacionales. – ¿Cuál fue el aporte específico de Sergio Gómez y Alberto Fuguet en la creación de esta antología? ¿Quien inventó el término ‹‹McOndo››?

– “McOndo” es un término que inventó Alberto Fuguet años antes de la antología, en un artículo para la Revista Mundo en 1993, e incluso se menciona de paso en su novela Por favor, rebobinar, de 1994. ‹‹McOndo›› esa una parodia juguetona del Macondo de Cien años de soledad, una metáfora cultural para una América Latina moderna y globalizada, con condominios, computadoras Mac, y McDonald’s. Toda la historia de la creación de la antología la relatan Fuguet y Sergio Gómez en el prólogo.

Fue un proceso arduo, preinternet y previo a las redes sociales, y un viaje de “descubrimiento” para encontrar voces literarias en sintonía, de la misma generación, a lo largo de América Latina y España, pero con escasa circulación incluso en los países vecinos. Fuguet y Gómez reconocieron tempranamente la balcanización de los campos literarios latinoamericanos y la necesidad de cruzar el Atlántico (dos veces), siendo publicados en una editorial española de prestigio, para circular por todo el continente. Una preocupación que sigue siendo relevante hoy día.

Aunque Alberto Fuguet sin duda fue quien más aportó y promovió McOndo antes y después de la publicación de la antología —incluso durante los años más duros de su “backlash” o rechazo académico—, Sergio Gómez era un escritor mcondiano. En una entrevista que realicé con él hace diez años, Gómez defendió la visión híbrida de América Latina que proyectaban en el prólogo: “Lo que nosotros pretendíamos es decir que lo auténtico es relativo. Lo auténtico no son los huasos, ni los caballos ni las vacas, sin desconocer que están, sino que lo auténtico es una mezcla de todo eso.

[…] Acá todo es híbrido: aquí podís ver un tipo que está vestido con zapatillas Jordan, pero no tiene ni un peso para vestirse de arriba. Esa cosa híbrida es la verdadera identidad latinoamericana. Eso es lo más interesante.

Y, además, en ese momento, si era tan criticable, hoy en día es absolutamente comprobable. Lo puedes ver en todo momento. ” – ¿Qué unía -y separaba- a los autores participantes?

– Esta es una pregunta que requiere muchos matices y, de hecho, dedico dos capítulos de mi libro McOndo Revisited a analizar los cuentos y la trayectoria de los autores incluidos en la antología. En primer lugar, la selección fue astuta: la mayoría de los escritores siguen escribiendo y publicando con relativo éxito, entre ellos Edmundo Paz Soldán, Rodrigo Fresán, Ray Loriga, Santiago Gamboa, David Toscana, Jordi Soler y Leonardo Valencia; o bien tuvieron un impacto notable durante su vida, como Juan Forn. Los editores optaron por establecer una generación literaria: autores nacidos alrededor de los años sesenta, en plena era de la Revolución cubana, la llegada de la televisión y el Boom literario latinoamericano.

Y los autores incluidos podían versar sobre cualquier cosa, excepto el realismo mágico y sus corolarios, como dicen los editores, a modo de venganza por los rechazos que ellos mismos habían sufrido. Sin embargo, lo que quise hacer en mi libro fue explorar el campo de relativa autonomía dentro de estos parámetros y, así, resaltar la verdadera diversidad de los textos incluidos, que son muy diferentes entre sí. – ¿Cuál fue la evolución de los autores participantes?

¿Podrían considerarse como parte de una “generación McOndo”? – El término “Generación McOndo” es uno que se empieza a utilizar en la academia y la prensa literaria para referirse a los escritores de la antología o a aquellos asociados con elementos de su estética o su postura crítica ante el realismo mágico. Creo que la supuesta “generación McOndo” es algo que el discurso crítico-académico ha ido fabricando con el tiempo; ¿no son, acaso, todas las generaciones una serie de generalizaciones?

En vez de decir que sí o que no, me interesa más analizar esos procesos: cómo se habla de McOndo y, particularmente, prestar atención a cómo han ido cambiando las lecturas y la recepción de la antología. En otro capítulo de McOndo Revisited analizo la canonización paradójica de la antología: cómo fue que un fracaso comercial y crítico en su momento ahora puede ser considerado un texto canónico, un texto que hizo historia; es decir, que ayudó a entender la historia literaria de América Latina entre el siglo XX y el siglo XXI. – ¿Por qué fue tan polémica en su momento esta antología?

– Por una multitud de razones: por su aparente crítica a los grandes santones de la literatura latinoamericana, como el “arcángel San Gabriel” García Márquez; por cuestionar la hipocresía de la autenticidad cultural latinoamericana, que, por un lado, alababa el mestizaje, pero solo el mestizaje entre europeos y pueblos originarios, y no el nuevo mestizaje entre América Latina y los Estados Unidos. También por su tono visceral, burlón y petulante, que demandaba su lugar en el mundo literario sin seguir ni respetar las normas, las autoridades como los académicos o críticos literarios, ni su rol como mediadores del canon latinoamericano; por no incluir escritoras, al igual que el Boom; y por estar liderado por Alberto Fuguet, una figura criticada tanto por la izquierda como por la derecha en Chile. Todas estas críticas nos dicen mucho no solo sobre McOndo, sino también sobre el campo receptor en esa época.

– ¿Cuál es el legado de McOndo? – McOndo luchó por la autonomía o la libertad artística, y ganó. En mi libro arguyo que McOndo intensificó y amplificó, a nivel regional, debates literarios que se estaban llevando a cabo solo de forma aislada en varios países latinoamericanos.

Me refiero a los escritores del Crack en México; la generación mutante en Colombia; escritores como Juan Forn y Rodrigo Fresán en Argentina; Mayra Santos-Febres y Carlos Cortés en el Caribe y Centroamérica; y Fernando Iwasaki en España. Y no solo visibilizó y facilitó la entrada de esta nueva generación de escritores en la circulación internacional, sino que también dejó un legado para las generaciones posteriores. Diagnosticó un cierto estancamiento literario y, con este llamado de conciencia, empezó a corregir esta situación, abriendo así puertas —es decir, temas, perspectivas y estilos— que antes estaban cerradas para los escritores latinoamericanos.

En este sentido, McOndo contribuyó a transformar la literatura latinoamericana, ampliando la gama de opciones artísticas disponibles para los escritores y escritoras que vinieron después.

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